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Cita sin evasivas

El Rey ha convocado para los días 24 y 25 de octubre una segunda ronda con los líderes de los grupos parlamentarios mes y medio después del fallido intento de investidura de Mariano Rajoy. Es la última oportunidad que tendrán los partidos para acercar posturas y garantizar la investidura del candidato popular o, por lo contrario, desestimar tal posibilidad y obligar a Felipe VI a la disolución de las Cortes el 31 de octubre. Todas las miradas están puestas en lo que acabe resolviendo el Comité Federal socialista; situación que genera una presión adicional sobre un partido que no se encuentra en las mejores condiciones para adoptar decisiones de envergadura. El PSOE no puede evitar el emplazamiento que constitucionalmente supone la ronda convocada por el Monarca, ni los requerimientos y llamadas que está recibiendo en un sentido u otro por parte de distintos sectores políticos y de opinión. Sencillamente porque esas son las condiciones en que se ejerce la representación de los ciudadanos en democracia. Pero sería deseable que esos requerimientos no fuesen expresados de manera hiriente o a modo de imprecación, ni a favor del 'no' ni a favor de la abstención ante la investidura de Rajoy. El procedimiento puesto en marcha nuevamente por el Rey no parte de cero, sino que cuenta con el resultado que ofrecieron las elecciones del 27 de junio, con el debate que tuvo lugar en el Congreso ante el primer intento de Rajoy y con la constatada imposibilidad de que se articule una alternativa de mayorías al margen del PP como referencias inexcusables. Tanto a la hora de que los partidos se decanten definitivamente y perfilen sus respectivas posiciones como, sobre todo, a la hora de que el PP y el PSOE logren acortar distancias para que dé inicio la legislatura. Los dirigentes socialistas críticos con Pedro Sánchez han repetido insistentemente que se encuentran ante dos malas salidas: facilitar la investidura de Rajoy o dar paso a la convocatoria de terceras elecciones. Pero tanto la dirección provisional del PSOE como el resto del Comité Federal saben que no pueden acudir a la cita con Felipe VI barajando ambas salidas como si fuesen igual de malas, que están obligados a optar y sin rodeos para recuperar la solvencia que como partido han dilapidado en las últimas semanas y, por encima de cualquier otra consideración, para ofrecer a la sociedad y a las instituciones ese mínimo de nitidez política que requiere el momento.