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El mayor juicio contra la corrupción

El juicio contra las 37 personas encausadas por su presunta participación en la primera etapa de la 'trama Gürtel' dio comienzo ayer en la Audiencia Nacional, con el PP señalado como responsable civil subsidiario a título lucrativo. Las defensas de los acusados trataron de echar por tierra la solvencia legal de las grabaciones, realizadas por un concejal del PP, con las que en 2008 se abrieron las primeras investigaciones del caso. Pero en estos años se han acumulado tantas pruebas y evidencias que es impensable que éstas puedan desvanecerse porque se ponga en entredicho el testimonio inicial de José Luis Peñas. Ocho años de revelaciones continuas y 37 encausados suscita interrogantes sobre la jerarquía última de la trama. Sin duda porque nos encontramos ante un fenómeno propio de la impunidad política a la que se acogían sus actores, más que ante el diseño concienzudo de una red delictiva. Son interrogantes que pueden dar lugar a respuestas equívocas en función del papel que cada encausado decida representar durante el juicio, empezando por el identificado como cabecilla, Francisco Correa. En el fondo nos encontramos ante la eterna pregunta sobre quién es el corruptor y quién el corrompido cuando el ilícito se comete gracias a los resortes del poder institucional y partidario. La 'verdad judicial' se abrirá paso en ausencia de una 'verdad política' convincente. En su día Mariano Rajoy objetó que 'Gürtel' «no era una trama del PP, sino contra el PP». Hoy los populares alegan que ninguno de los encausados continúa en el partido, insistiendo en que no hubo responsabilidades orgánicas sino acaso personales, y que éstas quedaron políticamente depuradas con su abandono voluntario o forzoso de militancia. Ni siquiera las dos razones por las que el PP está sentado como tal entre los encausados les genera especial inquietud: la financiación de obras en su sede central y la destrucción física de los discos duros en los que Luis Bárcenas consignaba su quehacer como tesorero de la formación. La sensación de que las sombras de corrupción que rodean al partido de Rajoy son agua pasada y el reproche ciudadano ha quedado amortizado en sucesivas elecciones constituye el salvoconducto con el que los populares se sitúan al alza frente a la regeneración preconizada por sus adversarios, como si 'Gürtel' se debiera únicamente a la avaricia de algunos indeseables.