Hoy

Una abstención inevitable

LOS españoles recordaremos mucho tiempo este 'Annus horribilis' de la política, que tanto nos va a afectar a medio plazo, aunque sus perniciosos efectos aún no hayan dado la cara. A la misma vez, por lo esperpéntico de la situación, será motivo futuro de un profundo estudio por los historiadores y politólogos de turno, con el parto de innumerables tesis doctorales que tendrán explicaciones tan absurdas como la situación actual.

Un nuevo y sangriento capítulo se acaba de escribir este sábado, en el Comité Federal del PSOE, durante el cual, previa hendida la daga de las dimisiones de gran parte de su comité ejecutivo, se acorraló y obligó a dimitir al secretario general, Pedro Sánchez, tras perder una de las votaciones sobre su propuesta de congreso extraordinario. Dicen que la batalla estaba equilibrada pero fue al presentar una urna cristalina para votar cuando surgieron, cual verbena popular, voces y gritos de «ladrones, mentirosos y pucherazo», comentarios poco dignos para el puesto que ostentan esos representantes socialistas y para la noble sala dedicada al socialista Ramón Rubial. Auguro que extensos volúmenes, bellamente manuscritos y serigrafiados con grifos, hipogrifos y esfinges, harán deleitarse a los alumnos en las universidades del futuro, donde verán, con una mezcla de terror y asombro, cómo eran los políticos en estas bárbaras épocas.

Una dosis de valentía y temeridad puede ser un valor añadido en política, si se ve acompañada por la suerte. Pedro Sánchez la tuvo y la supo utilizar, pero no la administró adecuadamente en el tiempo. Se granjeó con algunas de sus decisiones poderosos enemigos, fruto de su inexperiencia y arrojo, dos cualidades poco operativas en un líder moderno y que debe medir fríamente cada uno de sus pasos. Y sobre todo no supo medir el momento de dimitir, ahorrándose el mal trago que sufrió en el pasado cónclave.

Tras diversos avatares, y un intento de investidura fallida sobre el pacto con Ciudadanos que desembocó en las segundas elecciones, Sánchez había llegado ya al río, y se preparaba a cruzar el puente, en sus propias palabras; pero la corriente ha sido demasiado fuerte, y se lo ha llevado por delante. Su deseo de conformar gobierno con Podemos como última alternativa no iba a ser tolerado por una poderosa parte del PSOE, él lo sabía, y prefirió el suicidio político a tener que cargar con la pesada losa de una abstención al Gobierno de Rajoy. Ahora, será una comisión gestora presidida por el presidente de Asturias, Javier Fernández, quien gestione el partido hasta el nuevo congreso, que se supone se convocará tras la formación del Gobierno; anteponiendo así el interés general al interés del partido, como a estas alturas no podría ser de otra forma.

No obstante, creo que no han sabido medir bien las consecuencias de estas acciones. Sin entrar a valorar el daño mediático y ante la militancia de un comportamiento cuando menos reprensible, nos encontramos en la siguiente situación paradójica: el PP da ya por hecho la abstención, pero ahora piden más, que garanticen la gobernabilidad; el PSOE, sin líder ni candidato ante unas hipotéticas elecciones generales en diciembre, no puede hacer otra cosa que tragar y abstenerse, pues llega con escaso margen de maniobra y presión ante un Rajoy reforzado. Por tanto, ¿sería posible no abstenerse a estas alturas? Indudablemente no, pues no hay candidato del PSOE, que tendría que ser elegido en primarias o mediante elección de una lista completa, con unos plazos sumamente apretados. Por tanto, ayer no sólo asistimos a la caída de Pedro Sánchez, sino al fin definitivo de la posibilidad de un Gobierno del cambio, cerrándose este nefasto episodio de la política nacional.

Que me perdone Juan Marsé por utilizar el título de su obra 'Si te dicen que caí', muy apropiado para estos momentos de crisis y desgarro del PSOE. Ni Pedro Sánchez es una prostituta asesinada en los cuarenta, ni el comité federal unos asesinos, pero las posguerras son siempre más tristes y violentas que las guerras, ya que en ellas las verdades contradictorias de vencedores y vencidos se entremezclan en una suerte de barro sucio y degradante que lo contamina todo. La culpa debe repartirse por igual entre todos, pues para este viaje no hacían falta alforjas y todos propiciaron llegar al mismo final.

Sin duda Pedro Sánchez ha cometido numerosos errores, y también algunos aciertos. Sobre todo ha querido ser leal a sus ideales, por encima de otras cuestiones, algo que en política no se perdona, y se ha sacrificado por ellos; aunque se ha aislado excesivamente del resto de sectores del partido, que al final le ha pasado la factura correspondiente. Ha tenido una clara pérdida de apoyos electorales a nivel estatal, pero también ha recuperado parte del apoyo territorial y local perdidos en legislaturas pasadas. Su única salida ha sido, como la lógica dicta, dimitir; aunque parece que entre sus planes está presentarse de nuevo a las elecciones primarias, anuncio hecho en caliente, lo cual estará por ver.

Esta es la realidad del PSOE a día de hoy, y la militancia solo espera que se pueda «coser el descosío», integrando a todas las sensibilidades y eliminando del modus operandi las típicas 'vendettas' posteriores a las derrotas. Si no son capaces de hacerlo, de explicar a la militancia y a sus votantes el motivo de la ya obligada abstención con el gobierno de Rajoy, no podrá cerrarse la herida y la guerra continuará hasta la escisión en dos o la extinción del partido.