Hoy

Mensaje desoído

Las palabras que pronunció Felipe VI ante la Asamblea General de Naciones Unidas fueron saludadas ayer por los grupos parlamentarios con expresiones evasivas de coincidencia. El Rey se dirigió a los mandatarios presentes tratando de restituir su confianza en la solidez del sistema democrático español, señalando que la mejor aportación de un país al resto es asegurar la convivencia en libertad y recordando que las diferencias se resuelven con voluntad de acuerdo. Los partidos dejaron ver que se sentían al amparo de las palabras del Monarca, y en ningún caso interpelados por él. La parálisis parlamentaria e institucional da lugar a un estado de sugestión tal entre los causantes de la misma que ninguno de ellos se siente particularmente concernido por lo que ocurre. El funcionamiento de una democracia parlamentaria pluralista se basa, necesariamente, en el ejercicio de la transacción y de la renuncia partidaria. Máxime cuando, como expresión de la voluntad política de los ciudadanos, las cámaras legislativas están segmentadas en tan distintas opciones. Las responsabilidades del bloqueo se encuentran repartidas en proporción a la representatividad, corregida por el grado de inmovilismo que manifiesta cada formación. El país se halla ya a poco más de un mes vista de la convocatoria de las terceras elecciones en el plazo de un año. La preeminencia de los intereses partidarios sobre las necesidades comunes de estabilidad y puesta en marcha de la nueva legislatura se hace valer cada día. Sin duda porque hay una pulsión inconfesable en los dos primeros partidos -el PP y el PSOE- por devolver a los ciudadanos la llave de un reajuste que desatranque la puerta de la gobernabilidad a través de las urnas. Los cálculos electorales priman sobre las urgencias del país. Y las indicaciones del Rey, que ha rehusado convocar una nueva ronda de partidos, se supone que hasta que se clarifique el panorama, no son atendidas por las formaciones en liza. La impasibilidad del PP de Rajoy cuando se le agolpan los casos de corrupción, las tensiones internas a las que no está claro que el PSOE decida enfrentarse en su comité federal del 1 de octubre y las cuitas precongresuales que afloran en Podemos en tan crucial momento revelan que son las debilidades partidarias las que empantanan la política española.