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El PP debe actuar contra Barberá

El Tribunal Supremo decidió ayer investigar a la exalcaldesa de Valencia, Rita Barberá, y nombró al antiguo fiscal general del Estado Cándido Conde Pumpido instructor de la causa. Justificó la medida aduciendo que resulta imprescindible continuar la investigación sobre los hechos señalados por el Juzgado 18 de Valencia y sobre la participación en ellos de la aforada. Dicho juzgado, que investigaba presuntas irregularidades en la contratación pública realizada por la concejalía de Cultura del Ayuntamiento de Valencia, encontró casualmente indicios de una vasta operación de lavado de dinero realizada por el Grupo Municipal del PP: cincuenta personas, entre ellas la alcaldesa Barberá, ingresaron en las arcas del partido mil euros cada una a cambio de recibir dos billetes de quinientos euros. Una forma de 'lavado', por cierto, muy utilizada por delincuentes de toda guisa. La investigación a la exalcaldesa de Valencia, que formó con el expresidente Camps el núcleo duro del PP valenciano, cierra el ciclo de una negra historia de corrupción de proporciones descomunales en dicha comunidad. Entre los más de 130 imputados con cargos en el partido o en diversas administraciones hay expresidentes como José Luis Olivas, exconsellers como Rafael Blasco o Juan Cotino, expresidentes de Diputación como Carlos Fabra, exalcaldes como Sonia Castedo, exdiputados autonómicos, etcétera. Pese a las evidencias que señalaban desde hace tiempo a Barberá, el PP no quiso apartarla de su posición relevante: actualmente es senadora por designación del Parlamento valenciano, lógicamente a iniciativa de su partido. Al redactarse estas líneas, todavía no ha presentado la dimisión de su cargo, algo que resultaría inconcebible que no hiciese, máxime cuando Rajoy acaba de aceptar una nueva batería de medidas anticorrupción en su acuerdo de investidura con Ciudadanos. Lamentablemente, este episodio, que colma el ya saturado vaso de la paciencia ciudadana, no hace más que enrarecer aún más el irrespirable panorama político y dificultar cualquier nueva posibilidad de acuerdo con un partido tan reacio a someterse a la exigencia de su saneamiento integral.