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Quinta diada independentista

Miles de ciudadanos catalanes se movilizaron con motivo de la Diada, secundando una convocatoria que desde 2012 se ha vuelto netamente independentista, aunque a la llamada de ayer se adhirieran voluntariosos matices a favor, al mismo tiempo, del 'derecho a decidir' y de la continuidad de Cataluña dentro del Estado. Lo distintivo de la jornada es que por primera vez el presidente de la Generalitat, en este caso Carles Puigdemont, se sumó a la eclosión anual del soberanismo señalando que es su propósito cumplir con la agenda del 'proceso' para la constitución de una república catalana independiente. Diada supuso ayer una nueva vuelta de tuerca reduccionista en cuanto al futuro al que pueden aspirar los catalanes. El desarrollo de sus diversos actos y concentraciones emplazaron a que tanto las formaciones representadas en la Cámara catalana como los ciudadanos se decidan entre un referéndum sobre la independencia 'pactado con el Estado' y un referéndum unilateral que dé paso a un proceso constituyente en Cataluña. El secesionismo trata de acotar los márgenes del ejercicio de la democracia y las libertades mediante un embudo soberanista. La disyuntiva entre un referéndum pactado y otro unilateral resulta tan forzada que impide cualquier salida alternativa al abismo de la ruptura. Porque la pretensión de acordar una consulta sobre la independencia es pura estratagema cuando se mantiene y se abona la vía de un referéndum unilateral, cuya idea misma anuncia el desenganche definitivo respecto al Estado. No es casual que esta sea la primera vez en la que el presidente de la Generalitat se suma a las marchas independentistas, y en la que la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, acceda a manifestarse con los independentistas en pro de un objetivo -el derecho a decidir- desbordado por el secesionismo. Ocurre que quienes están al frente de la Generalitat y del Ayuntamiento de Barcelona prefieren sortear sus problemas de gobernabilidad y sus dificultades para atender las demandas ciudadanas tirando por elevación. No vale que Puigdemont arguya la negativa al diálogo en esos términos por parte del Gobierno. Máxime cuando él y la coalición de Junts pel Sí con las CUP no dialogan con el resto de Cataluña.