Hoy

¡¡Yo no aguanto este ‘sindiós’!!

  • A pesar de habernos llevado dos veces a votar, la incapacidad, el tacticismo y la torpeza de nuestros dirigentes políticos ha logrado lo impensable, obligarnos a ir a votar por tercera vez a los mismos candidatos, de los mismos partidos y con idénticos programas

No, no me refiero a mí, los consultores políticos somos de la misma raza que los autónomos, lo aguantamos casi todo. La frase pertenece a la que ha sido votada como la mejor película española de todos los tiempos, esa genialidad llamada ‘Amanece que no es poco’.

En la escena final de la película, el cabo de la Guardia Civil, interpretado por un genial Sazatornil, le grita esa frase al cielo, pistola en mano, al darse cuenta de que estaba amaneciendo por el lado que no tocaba. Un verdadero ‘sindios’.

La frase de marras, o una similar, es la que se les habrá venido a la cabeza a muchos españolitos de a pie al darse cuenta ayer por la tarde de que, tras la investidura fallida de Rajoy, es casi seguro que vamos de cabeza a unas terceras elecciones. Un ‘sindios’ como la Giralda de alto.

Voy a decírselo de otra forma: a pesar de habernos llevado dos veces a votar, la incapacidad, el tacticismo y la torpeza de nuestros dirigentes políticos ha logrado lo impensable, obligarnos a ir a votar por tercera vez a los mismos candidatos, de los mismos partidos y con idénticos programas. Un ‘sindios’ carpado y con doble tirabuzón.

Es algo así como si la clase política de este país hubiera exigido la dimisión irrevocable de todos nosotros, ciudadanos y ciudadanas, por no haber votado bien, dándonos la oportunidad de enmendar nuestros errores en unas terceras elecciones en las que esperan que, una vez aprendida la lección, nuestro voto sea ya el correcto. Sea lo que sea lo que signifique esto. Un ‘sindios’ más profundo que la fosa de las islas Marianas, que 11.000 metros de caída tiene.

En medio de una crisis económica mundial, que tiende a repuntar, la mayor crisis de la Unión Europea tras la salida británica y una nueva guerra fría en ciernes entre los países democráticos y el nuevo nacional-populismo representado por personajes como Putin, Erdogan, Marine Le Pen o Viktor Orban, los líderes de nuestro país, tras casi un año, han decidido que estamos estupendamente, no hay ninguna prisa y que se van a tomar unos mesecitos más para pensarlo.

Unos líderes, por decirlo en términos habermasianos, gravemente implicados en una ‘contradicción pragmática’ y que están subvirtiendo las normas éticas que sostienen su comunidad discursiva, ya que están priorizando sus intereses partidistas o – lo que es mucho más grave– sus intereses personales por encima del bienestar de los millones de ciudadanos y ciudadanas que representan.

Pues ya no hay vuelta de hoja, tras el rechazo del Congreso de los Diputados a Rajoy, a no ser que Pedro Sánchez consiga tejer un gobierno formado por PSOE, Podemos, nacionalistas de derechas e independentistas de todo pelaje, un pacto que no conseguiría que durase más de 18 meses ni el mismísimo Pericles y que llevaría al PSOE a la irrelevancia durante lustros, este invierno seremos convocados de nuevo a las urnas.

¿Y qué va a pasar a partir de ahora? Pues miren, el lío político es de tal magnitud que no lo sabe nadie, pero creo que tenemos unas cuantas claves en lo que pasó ayer en la no-investidura de Rajoy, pasemos a verlo pormenorizadamente:

Comencemos con Mariano Rajoy, el candidato a la investidura en prodigioso pacto con Ciudadanos y Coalición Canaria.

Miren, un candidato que no llega con los deberes hechos, es decir, 176 votos a favor, si realmente quiere ser investido al menos tiene que parecerlo y ni su discurso ni las réplicas a la yugular a Pedro Sánchez o al PNV –que era a quienes debía tratar de seducir– dejan lugar a dudas. A Rajoy esto de la investidura se la trae al pairo, y lo que quiere realmente son unas terceras elecciones con las que acercarse a la mayoría absoluta beneficiándose de la muy probable abstención masiva de la izquierda, de la fidelidad de su electorado y del voto útil prestado a Ciudadanos.

¿Y Pedro Sánchez? Pues bien, el discurso de Sánchez jugaba otra liga. Cometerá un error quien piense que Sánchez dirigió su discurso a toda la ciudadanía española, nada de eso. Ni siquiera era un discurso dirigido a sus votantes, sino más bien a los militantes de su partido, y no a todos, solo a los más fieles entre los fieles. Sánchez, extrañamente convencido de que unas terceras elecciones le vienen muy bien (que alguien me explique en que le puede venir bien subir un puñadito de diputados, si es que los sube, mientras Rajoy se acerca a la mayoría absoluta), comienza a velar armas para la batalla que en realidad le interesa, que es la batalla interna de su partido, y utilizó el congreso de los diputados como tribuna para lanzar una auténtica arenga con un mensaje claro: si quieren guerra, la van a tener.

Sobre Pablo Iglesias poco que decir, excepto que desaprovechó una excelente oportunidad para situarse ante el imaginario colectivo como un tipo sensato y de fiar, y en lugar de esto prefirió lanzar una arenga propia de una asamblea de facultad de los años 80 del pasado siglo, que terminó, naturalmente, con el puño en alto y componiendo un bello escorzo que le va a costar unos cuantos cientos de miles de votos en las próximas elecciones.

La sorpresa de la mañana fue sin duda Albert Rivera, que en una situación complicada logró armar un discurso serio, con unas formas correctas y sin pegar demasiadas cornadas a sus rivales, consiguiendo el prodigio de ocupar el centro del escenario, llamar a la cordura al resto de intervinientes y aparecer ante la opinión pública como un tipo razonable, un tipo preocupado más por su país que por su partido o su propio trasero. Un hombre de Estado. Un tipo que sabe perfectamente que si hay terceras elecciones va a ser uno de los damnificados de un voto útil de la derecha que en buena medida va a volver al PP.

Y para terminar, ¿por qué no hacen una apuesta conmigo? En un escenario –perfectamente factible– con una participación muy poco por encima del 60% y teniendo en cuenta la fidelidad de voto que posee el PP, ¿de qué partido creen que serán los abstencionistas? Efectivamente, yo también lo creo. Pero como esto es un ‘sindios’, cualquiera sabe…