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TRIBUNA

¿Por qué no un gobierno para el cambio?

LAS elecciones del 20 D han originado un parlamento nacional plural y lejos de las amplias mayorías o mayorías absolutas usuales en legislaturas anteriores. La aritmética parlamentaria nos dibuja diferentes posibilidades que son objeto de análisis en todos los medios de comunicación. Esta nueva situación ha provocado, entre otras cuestiones, que por primera vez el candidato que se suponía debería intentar formar Gobierno haya dado un paso al lado. Esto es, no pero sí, y por si acaso me espero.

De inicio quisiera diferenciar entre el resultado de las elecciones si nos referimos a los votos obtenidos por cada partido y el resultado de aplicar la ley H'Ondt para asignación de parlamentarios. Hay algunas consideraciones que habría que tener en cuenta como la relación entre número de votos y escaños que ha obtenido la candidatura Unidad Popular/Izquierda Unida. Ello nos permite hacer consideraciones diferentes sobre la aritmética parlamentaria para determinar uno u otro bloque.

En cualquier caso, parece evidente que es a Mariano Rajoy, y al PP, a quien le correspondía intentar formar gobierno en primer lugar. Y es el que debiera haber tomado la iniciativa 'motu proprio' para convencer a los demás de su capacidad para liderar y afrontar esta nueva situación. Pero lejos de ello, se ha escondido esperando que el tiempo solucione los problemas como ha hecho con el caso catalán. Lo hizo antes de ser llamado por el Rey y con posterioridad. Pero el tiempo no siempre cura heridas. No he entendido esta actitud ya que se presentó a las elecciones con el objetivo evidente de formar gobierno. Primero calló, luego se postuló y finalmente hizo una renuncia a medias y a esperar que los demás fracasen. A lo mejor lo que está deseando, y pidiendo en la intimidad, es que se repitan las elecciones ya que las encuestas señalan que podría mejorar los resultados. Entiendo que para él, y sus partidarios, tiene que ser duro aceptar el paso de una mayoría absoluta a favor, a una mayoría absoluta en contra. Y mientras tanto el PP es imputado como partido y relacionado en casos de corrupción.

En medio de este lío, me resulta extremadamente paradójico que los diferentes medios criticaran a Pedro Sánchez y no a M. Rajoy como candidato a la investidura, intentando desautorizar al líder del PSOE para presidir el Gobierno de la nación. Hasta algunos dirigentes socialistas la han emprendido con Pedro Sánchez, y no con el líder del PP, lo que me resulta menos comprensible.

Los números y las declaraciones de los distintos representantes de las fuerzas parlamentarias muestran que Rajoy podría tener al sumo, con el apoyo de Ciudadanos, 163 diputados (46,2 %) que representan el 42,2 % de los votantes. Mientras que Pedro Sánchez podría obtener, según manifestaciones de los portavoces, 168 diputados que representan el 47,4 de los votos emitidos en las elecciones generales. Es decir, 1,318.223 votantes más para esta segunda opción. El secretario general del PSOE se presentó para intentar ser Presidente del Gobierno y la aritmética parlamentaria le señala como al único que podría serlo. Se ha situado en el centro de la política nacional. Y eso ha descolocado a muchos que ahora se dedican a desprestigiarlo con toda clase de argumentos. Tiene todo el derecho a intentarlo y a que se le respete en su propósito.

Debo reconocer que el conato de formar un gobierno de centro-izquierda como desea Pedro Sánchez me parece interesante. Y ello a pesar, de la salida extemporánea del líder de Podemos cuyas intervenciones públicas me llevan a pensar que preferiría repetir las elecciones pensando que ello le reportaría más votos y poder. Es el famoso 'sorpasso' que intentó Julio Anguita y justificó su pacto con Aznar. Las manifestaciones de P. Iglesias en rueda de prensa y algunos de sus últimos artículos parecen querer boicotear el acuerdo y darle la razón a aquellos que desconfían de su arrogancia. Se hace difícil y me parece una contradicción asumible que podamos apoyar un gobierno de coalición con quien en principio se muestra altanero y más pendiente de sillones que de políticas concretas. Pero la vida política es complicada y muy compleja. Y precedente de ello hay muchos en nuestra corta democracia y de todos los colores.

Entiendo que la actitud de Pablo Iglesias no representa la de los millones de votantes de Podemos que desean un cambio real en la acción política para posibilitar que la crisis no la paguen siempre los mismos y que se acabe con la corrupción. Que la sanidad y la educación pública vuelva a tener niveles que antes tuvo o que se acaben los recortes que perjudican a los más débiles, entre otras cuestiones. Este es el deseo, también, de los millones de votantes del PSOE que vemos con rabia cómo se han pervertido muchos de los valores por los que hemos luchado durante muchos años. Por ello, veríamos con ilusión un Gobierno para el cambio.