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EDITORIAL

Presupuestos, teatro parlamentario e infantilismo político

EL debate de los presupuestos de la comunidad es el momento en que el enfrentamiento político entre los grupos del Gobierno y de la oposición adquiere su máxima expresión. Los presupuestos son la 'Gran Batalla' política del año en la que cada partido saca todas sus razones y argumentos, elige el mejor portavoz y construye su mejor discurso para defender su propuesta, si es el Gobierno, o para descalificarla si es la oposición. No se puede negar la importancia del debate presupuestario pero es lamentable que sea tan previsible, esté magnificado y hasta adulterado por varias razones.

En primer lugar, porque de la misma forma que los machos de algunas especies animales montan un espectacular y vistoso cortejo nupcial en época de celo para conseguir la aceptación de la hembra, los portavoces de los partidos en los debates presupuestarios ponen mucho más énfasis en las formas que en el contenido, sobreactúan y endurecen su lenguaje para conseguir el aplauso fácil de los suyos y buscar el favor del esquivo electorado.

En segundo lugar, porque los medios de comunicación, quizá contaminados por lo que sin duda es el teatro parlamentario, se ocupan del tema con gran generosidad de espacio en los dos meses que dura el debate de las cuentas anuales, contribuyendo más al espectáculo de la confrontación dialéctica que a la información sobre los presupuestos.

Y en tercer lugar, porque a falta de la bola de cristal que nos anticipa el futuro, se monta la 'Gran Batalla' dialéctica y mediática sobre unas simples previsiones, sobre la entelequia de unos supuestos previos de ingresos y de gastos que sólo son una declaración de intenciones y luego se pasa de puntillas, con muchísimo menos ruido y no se presta casi ninguna atención a lo que es real, la liquidación del presupuesto, que es donde se constatan las mentiras y las verdades, lo acertado o errado de tantas previsiones.

A estas alturas, cada vez es más evidente que todo es una larga y previsible representación. El papel de bueno se lo atribuye a sí mismo el que habla y los malos son 'los otros'. Unos se dedican a vender miedo y otros a vender esperanza. Lo que para unos es el camino al paraíso, para otros es la vía hacia el infierno. El grupo proponente, el gobierno, suele decir que los presupuestos son realistas, sociales, creadores de empleo, garantes del bienestar y de la seguridad ciudadana y mil virtudes más. La oposición, que aspira a gobernar o que quizá ya ha gobernado y quiere volver a hacerlo, suele decir que son presupuestos irreales, mentirosos, que no resuelven ningún problema, que aumentarán el paro, la desigualdad y mil males más.

Unos y otros hacen un debate falso y tramposo. Falso porque ambos atribuyen a las cuentas anuales todas las bondades (el gobierno), o todas las maldades (la oposición) que no tienen. Aún así, intentan que el cuerpo electoral se trague lo que unos y otros profetizan. Y tramposo porque ambos, los proponentes y los enmendantes, saben muchas cosas que no confiesan o que evitan reconocer o que callan.

Saben que los presupuestos anuales tienen un alcance limitado en el calendario, son para un año, y especialmente en estos tiempos, son de pura continuidad y supervivencia. Los dos, en este caso PSOE y PP, saben que no hay unos presupuestos 'malos' que nos hundan en la crisis de 'lunes a martes' y unos presupuestos 'buenos' que nos sacarían de ella de 'miércoles a jueves'. Los dos saben que la crisis no cayó de la noche a la mañana y que la salida no va a ser de la mañana a la noche. Los dos saben que no pueden incrementar los gastos a su gusto porque hay una Ley de Estabilidad Presupuestaria que se lo impide. Los dos saben que dicha ley es fruto de la reforma del artículo 135 de la Constitución. Ambos son padres de esa reforma de la Constitución, que obliga al pago de la deuda antes que atender a los derechos sociales. Los dos saben que solo tienen competencia directa sobre el 10% de los ingresos y que el resto, muy condicionado en su destino, nos debe ser transferido por el Estado o la Unión Europea. Los dos saben que una vez afrontados los gastos de personal, los gastos corrientes, una vez distribuidos los fondos finalistas de la Unión Europea, etcétera, el margen de maniobra que queda sobre el que se pueden marcar diferencias ¡no llega al 15% del total! Con lo cual, todos los desastres que anuncian unos o las esperanzas que ofrecen los otros se quedarían reducidos automáticamente al 15%.

Lo saben pero lo callan. Lo callan porque en realidad no quieren discutir del contenido concreto, evaluable y demostrable de los presupuestos o porque no pueden ofrecer algo sustancialmente diferente en gastos o ingresos. Lo callan porque es el juego bipartidista. Lo callan por infantilismo político pues sólo pretenden, a toda costa, mostrarse diferentes y contrarios al otro en una batalla dialéctica tan vieja como vacía.

Pero no debe sorprendernos, esto es lo que hay. Los dos, PSOE y PP, saben que la enmienda a la totalidad de devolución, en el caso de prosperar, no supone ni la caída del Gobierno ni nuevas elecciones, sino que automáticamente quedan prorrogados los presupuestos del año anterior y se continúa funcionando sin vacío ni parálisis institucional. Los dos lo saben, a pesar de lo cual, el PP en todo el tiempo que estuvo en la oposición, o sea siempre, presentó fantasmagóricas y estériles enmiendas a la totalidad, lo mismo que ahora ha hecho el PSOE en los tres años que lleva sin gobernar. Han cambiado los papeles y se han intercambiado los comportamientos. Esta es la vieja política que aburre, desanima y cabrea a la ciudadanía.

¿Es posible el cambio o fatalmente esto es así? ¿Puede atreverse alguien a no seguir el guión? ¿Qué fuerza política osa hacer lo que políticamente es incorrecto o al menos inesperado? ¿Hay alguna formación política que sea capaz de actuar con la verdad por delante sin seguir el juego marcado en el escenario político?

Izquierda Unida Extremadura ha cometido el gran error de no seguir el guión que otros le han marcado pues aunque también sabe todas esas cosas que hemos referido no quiere callarlas. IU también es capaz de presentar estériles y teatrales enmiendas a la totalidad pero hasta ahora no lo ha hecho porque no necesita sobreactuar para demostrar que es diferente del PSOE y del PP y no quiere hacer teatro parlamentario. IU Extremadura fueron los primeros en decirlo y hasta ahora los únicos en llevar a la práctica el eslogan de «ni PSOE ni PP», pero ¿podrá quitarse los estigmas que le han colgado cuando la verdad es que nunca ha votado los presupuestos? ¿Qué precio va a pagar por su soberanía e independencia? El tiempo dirá si no son éstas demasiado caras.