Homenaje a Emilio Olivas en Mérida, un firme defensor del patrimonio

Emilio Olivas. :: hoy/
Emilio Olivas. :: hoy

Aunque nació en Sevilla, siempre se sintió muy de Mérida, ciudad a la que dedicó parte de su vida luchando por sus monumentos El Consistorio quiso recordar su figura con una placa

M. Ángeles Morcillo
M. ÁNGELES MORCILLOMérida

En el Día Internacional de los Monumentos, el Ayuntamiento rindió ayer un sentido y merecido homenaje póstumo a Emilio Olivas Salguero, una de las figuras más conocidas en la ciudad por ser un gran defensor del patrimonio de Mérida.

Emilio nació en Sevilla en 1942 y falleció el 23 de marzo de 2016 con 73 años. Entre otras muchas cosas, fue profesor de la Escuela de Arte de Mérida. Integrante también del Colectivo Lusitania, participó en el Consorcio de la Ciudad Monumental a través de Adenex y recibió, en 2008, el Premio Genio Protector de la Colonia, que otorga la Asociación de Amigos del Museo Nacional de Arte Romano y la Fundación de Estudios Romanos.

El alcalde, Antonio Rodríguez Osuna, acompañado del concejal de Cultura, Antonio Sánchez Barcia, la viuda de Emilio y familiares y amigos cercanos, descubrieron ayer una placa en su memoria. El homenaje se realizó en la confluencia de las calles Pontezuelas y Travesía de Santa Eulalia, concretamente en la plaza de las termas de Resti. Este lugar fue una de las muchas reivindicaciones que hizo Emilio en vida. Se le ha colocado una placa en homenaje a una vida dedicada a defender y salvaguardar el patrimonio desde su visión más personal.

La plaza que acoge las termas de Resti exhibe desde ayer la placa en honor a su labor

«Era un activista de la defensa del patrimonio histórico artístico de Mérida». Así lo definió ayer Osuna, que dijo además que, figuras como la suya, merecen este reconocimiento. «Su pertenencia al Consejo Rector del Consorcio y a los distintos organismos y entidades como Adenex han servido para proteger, en esa reivindicación constante de lucha que él hacía, el patrimonio de la ciudad para conseguir dignificarlo. Todo el mundo recuerda sus cartas al director, cada uno de sus posicionamientos públicos sobre la defensa del patrimonio...», declaró.

El alcalde entregó una reproducción de la placa a su mujer, María Rivero. La viuda recordó a su marido muy emocionada y lo definió como «buena persona, hijo, esposo, compañero, hermano y amigo», señalando que se sentiría muy orgulloso, como ella, «si pudiera estar aquí».

En el acto también estuvieron presentes, entre otros, personal del Consorcio como Agustín Velázquez; José Luis de la Barrera, del Museo Romano; el ex alcalde, Antonio Vélez; el cronista oficial de la ciudad, José Luis Mosquera; y el ex director del Museo Nacional de Arte Romano, José María Álvarez.

Siempre iba más allá

Álvarez destacó que valoraba mucho que Emilio, «un amigo de toda la vida» no fuera siempre con la corriente oficialista de las cosas. «Siempre decía 'hay que ir más allá', y fue uno de los responsables de que esta ciudad fuera hacia arriba». Recuerda que fue un amigo «leal, sincero, que me criticó cuando me tenía que criticar. Y acepté sus críticas, que me sirvieron para valorar mi actuación. Yo también le criticaba a él cuando le decía que no exagerase las cosas y no fuera tan dogmático».

Recuerda que Emilio hizo junto a él los planos del Templo de Diana, fundamentales para situar después las piezas y poder llevar a cabo la reconstrucción de los elementos.

José Luis Mosquera lo calificó como un hombre «pertinaz». Recuerda que cuando Emilio estaba convencido de algo, tiraba hacia adelante con todas las consecuencias. «Dentro de esa división de errores y aciertos, con estos últimos consiguió que muchas zonas arqueológicas de Mérida salieran mejor paradas de lo que en un principio se preveía. Incluso nosotros, los propios arqueólogos, tenemos que reconocerle ese valor».

También dice que Emilio veía muchas veces las cosas de una forma que otros no podían ver, desde otra perspectiva. Y se metía de lleno en ello. «Eso era un acicate, porque su compromiso llegaba hasta ese punto. Y nunca tuvo miedo de enfrentarse a lo que no creía, diciendo las cosas que pensaba como las pensaba».

Además, la visión «sublimada» que Emilio tenía de Mérida le venía de su vena artística y también expresó su amor por el patrimonio a través de su obra pictórica.

Mosquera recuerda la aportación que con su visión hizo Emilio a yacimientos como el Pórtico del Foro, las termas de Resti o Morería. «El mayor legado sería que alguien, o algunos entre los que yo me incluyo, cogiéramos su testigo y defendiéramos, de su misma forma, los futuros yacimientos que vayan apareciendo en la ciudad. Crear escuela y decir algún día 'este señor es de la escuela de Emilio Olivas'».

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