«Cuando empezamos con la maniobra de reanimación ya notamos que quería respirar»

Los cinco agentes de la Policía Nacional de Mérida junto a David y Óscar Lavado. :: j. m. romero/
Los cinco agentes de la Policía Nacional de Mérida junto a David y Óscar Lavado. :: j. m. romero

Cinco agentes de la Policía Nacional de Mérida salvan la vida a un hombre que estaba sufriendo una parada cardiorrespiratoria

M. ÁNGELES MORCILLO MÉRIDA.

David y Óscar Lavado tienen un sueño. Que su padre despierte. Y Antonio Manuel, José Ángel, Francisco Javier, Fermín y Francisco José tienen otro. Que tras despertar puedan abrazarlo. Hasta ahora no se conocían. Pero desde el pasado 22 de enero las vidas de David y Óscar quedarán unidas para siempre a la de este grupo de jóvenes.

Porque ese fue el día en el que los cinco agentes de la Policía Nacional de Mérida salvaron la vida a un hombre de 65 años que estaba sufriendo una parada cardiorrespiratoria. Este es el padre de David y Óscar.

Los hechos sucedieron sobre las 17.30 horas. A través de una llamada a la Sala 091 de la Comisaría de Mérida un hombre alertaba de que su padre se encontraba inconsciente en su casa. «Yo estaba en el taller anexo a la casa de mis padres. Mi madre me avisó de que a papá le pasaba algo. Cuando fui me lo encontré muy morado, sin poder respirar», explica. Su padre estaba sufriendo una parada cardiorrespiratoria.

Los agentes dicen que hubo un componente de suerte porque llegaron muy pronto a la vivienda

El que llamó fue David. Su hermano Óscar es enfermero y trabaja en el 112. En esos momentos de pánico y de no saber qué hacer, David no se acordó de ese número de emergencias. Pero por suerte sí del 091 de la Policía Nacional.

Así fue como le entró la llamada a uno de los indicativos policiales que estaba por la zona. Fue el primero que llegó. Inmediatamente se presentó el otro en el Camino del Peral, donde el padre de Óscar y David poco a poco perdía la vida.

José Ángel, Francisco Javier, Fermín y Francisco José, se encontraron, sentado en el sofá, a un hombre totalmente morado. Comprobaron además que carecía de respiración y pulso. «Lo primero que hicimos fue tumbarlo en el sofá. Le levantamos los pies e intentamos cogerle las constantes vitales, pero no respondía a los estímulos. Le llamábamos por su nombre pero nada». Dicen que fue en esos momentos cuando la víctima hizo el último amago de respirar. Soltó el último aliento de vida que le quedaba.

Mientras uno de los agentes solicitaba la asistencia de los servicios sanitarios, los demás decidieron tumbarlo en el suelo para aplicarle la maniobra de reanimación cardiopulmonar (RCP). Comenzó José Ángel con la reanimación. Fermín enseguida empezó a insuflar. Es decir, a introducir aire en sus pulmones para intentar que recuperara el ritmo respiratorio.

«Estuvimos así, al menos, unos ocho minutos hasta que llegó el 112. Ocho eternos minutos de esfuerzo, nervios y tensión durante los que intentamos dar vida al hombre. Al principio no reaccionaba. Pero cuando comenzamos con el masaje ya notamos que quería respirar. Por lo menos quería intentarlo», relatan.

Mientras unos le hacían la reanimación, otro de los agentes consultaba con el 112 qué debían hacer, si había otra forma de reanimar al hombre. «Nos dijeron que no parásemos de hacer la maniobra hasta que el médico llegara», explican.

«Los segundos son vida»

«En este tipo de casos el tiempo es vital. Los segundos son vida. Pasados siete u ocho minutos es más complicado sacar a una persona. Y todo fue bien porque estuvo bien coordinado, aunque el hombre estuvo cinco minutos en parada cardiorrespiratoria. A eso se suma la rapidez de llegar al lugar y la rapidez de intervención de los compañeros. De hecho, la familia se sorprendió mucho de lo rápido que habíamos llegado a su casa después de hacer la llamada», relatan los agentes.

Dos de ellos, Fermín y Francisco José, que acaban de salir de la academia y que están de prácticas, dicen que en los últimos años de su formación han hecho mucha incidencia en los primeros auxilios. «Es muy importante tener esa asignatura en la academia. Aquí se demuestra que valen para salvar una vida».

Una vez que llegaron los servicios sanitarios a la vivienda estos continuaron con la maniobra de reanimación.

El subinspector Antonio Manuel, coordinador del servicio de esa tarde, que también estuvo durante la intervención, resalta que la acción salió exitosa porque fue un trabajo de equipo. «Si no hubiera sido así no habría funcionado. También hubo un gran componente de suerte porque esta vez estábamos al lado. Puede ser que la próxima vez nos pille más lejos», insiste Francisco Javier.

«En momentos así cuesta mucho mantener la calma, tener la sangre fría. Porque para estos instantes nadie está entrenado. Te centras en la persona, que es lo importante, y poco más», recuerdan los agentes.

Ayudó también mucho a que todo saliera bien, cuentan, el saber estar de la familia del hombre. Supieron tener calma y mantuvieron como pudieron el tipo en unos instantes en los que veían como a su padre o a su marido le estaban metiendo adrenalina y le daban hasta cinco descargas.

La adrenalina también les subió a ellos en el momento en que actuaron. Después, cuando todo terminó, a todos les vino un gran bajón físico al liberar toda la tensión acumulada. «Son minutos frenéticos . Por eso luego llegas a casa reventado», admiten.

Tras conocer la proeza, el nuevo comisario de Mérida, Aurelio Fernández, felicitó personalmente a los agentes y les reconoció el mérito. Tanto le enorgullece lo que han conseguido que dice que piensa proponerlos para que sean reconocidos.

Estos jóvenes quieren que esta intervención, además de para salvar la vida de este hombre, sirva para otra cosa. Para ayudar a cambiar de mentalidad a algunos ciudadanos que aún creen que la Policía Nacional es solo represiva. «Queremos dejar claro que tenemos un carácter asistencial y preventivo. Mucho más que represivo. Es bueno que la gente cambie el chip y que vea al policía como a un amigo que puede salvar la vida a su padre o hermano».

«Salimos muy contentos de la intervención por lo bien que trabajamos con los compañeros. Te miras con cara de satisfacción por haber hecho un buen trabajo», insisten.

Incluso el médico que luego atendió al hombre dio la enhorabuena a los agentes por la labor realizada. Y por haberle salvado la vida.

Ahora el hombre se recupera en el hospital. Está mejor de sus órganos vitales, pero aún no ha despertado, aunque responde a estímulos.

El mejor regalo y la mayor satisfacción para estos cinco agentes, según confiesan, sería volver ver al hombre y poder abrazarlo. Y ya sería un sueño verlo pasear de nuevo por la Isla.

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