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«Cuando entré en la casa escuché a varias personas pidiendo auxilio»

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Jacobo, a la derecha, con los propietarios de la vivienda que sufrió el incendio. :: brígido

  • El bombero despedido Jacobo Cuenca ayudó a sus vecinos a salir de una vivienda en llamas en la calle El Brocense

Jacobo Cuenca, de 40 años, era bombero en el parque de Mérida hasta que, hace unas semanas, fue despedido. Su situación no le ha disuadido para actuar como tal. Su valor ha ayudado a salvar la vida de varias personas en un incendio producido la madrugada del pasado miércoles en una vivienda de la calle El Brocense, en la Zona Sur.

Sobre la 1.45, Jacobo dormía junto a su hijo de seis años en una vivienda cercana a la afectada por el incendio del que, por el momento se desconoce las causas. Su mujer, que aún estaba despierta, fue la que dio la voz de alarma de que olía mucho a humo. Cuando se percataron de lo que sucedía, Jacobo salió de casa con lo puesto, en calzoncillos y descalzo. Llegó al adosado en llamas y allí había dos jóvenes fuera. «Aunque estaban muy nerviosas y me hablaron en inglés, pude entenderles que había gente dentro de la casa, al menos tres o cuatro personas más».

El salón en llamas

Algunos vecinos le pasaban extintores para apagar el fuego que se originó en el comedor de la vivienda y accedió a la misma. «Una vez dentro escuché voces pidiendo auxilio 'que me quemo', 'que me ahogo'». Fue ayudando a estas personas a salir de la casa. El salón estaba en llamas. La mayoría dormía en esos momentos.

Él también notaba que se quemaba los pies, así que decidió regresar a su casa a ponerse algo que le protegiera el cuerpo de las llamas. «Pensé en ponerme el traje de bomberos, pero no me pareció, así que me vestí con lo primero que cogí».

Intentó acceder a la segunda planta por la escalera, pero era tal el humo que había ya en la casa que lo hizo por el chalet de al lado. Pidió a los vecinos acceder a la terraza de la vivienda colindante y desde allí pasar a la de la casa afectada. Una vez arriba, abrió la puerta de la terraza y se encontró con una chica que, desorientada por el efecto del humo, deambulaba por la planta superior iluminando su paso con la luz del móvil. Le ayudó a saltar a la terraza de la vecina para que desde allí pudiera bajar a la calle.

«Le pregunté si sabía cuánta gente quedaba dentro de la casa. Después de contar las que ya estaban fuera, dijo que al menos faltaba una». Era un hombre que se protegía del humo con una camiseta en la boca. Le ayudó también a salir de la vivienda, momento en que los bomberos ya habían accedido a la casa, por lo que estos ya le proporcionaron una máscara.

Jacobo fue la única persona que tuvo valor para acceder a la vivienda en llamas. Como bombero que es, aunque ahora no ejerza como tal, sabe que nadie se mete ahí sin saber cómo actuar. Calcula que estuvo dentro entre 8 y 10 minutos, que se le hicieron muy intensos, y dice que sin la colaboración de los vecinos no hubiera sido posible sacar a las personas de la casa. También con ayuda de los bomberos, sus compañeros durante 10 años, que lo han apoyado en todo momento.

Cuando llegó a casa encontró a su mujer hecha un manojo de nervios. «Había presenciado todo y no sabía que, cuando me perdía de vista, era porque estaba entre las dos terrazas. Ella creía que todo el tiempo estaba dentro de la casa».

A lo largo de la noche vomitó varias veces humo negro y no pudo dormir debido al intenso dolor de cabeza que tenía.

A la mañana siguiente, al enterarse de lo ocurrido, su hijo le preguntó si había salvado a gente del fuego. «Me dijo si le podía contar a sus compañeros de clase que su papá era un superhéroe».

Según fuentes del SES, llegaron ocho personas afectadas al hospital, de las que siete fueron atendidas más por crisis de ansiedad que por inhalación de humo, por lo que salieron del centro sanitario sin ser necesario su ingreso. Una persona se encontraba ayer en observación por inhalación de humo, pero estable. Estuvo unas horas más por precaución pero se le dio el alta en el día de ayer.