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La ampliación del Museo entra en su última fase de excavación

Trabajos de excavación en el interior del solar. :: j. m. romero
Trabajos de excavación en el interior del solar. :: j. m. romero
  • Se quiere conseguir una continuación de espacios, por eso se derriba parte del interior del edificio actual para unirlo con el nuevo

Los principios siempre son complicados. Pero ya por fin la obra de ampliación del Museo Nacional de Arte Romano está completamente en marcha. Orgulloso de ello se muestra su director. José María Álvarez confiesa que como en todas las obras hay fases más molestas que otras, pero que en este caso merece la pena. Calcula que en dos años ya pueda estar en pie el nuevo edificio.

Confirma que actualmente se derriba parte del interior del museo, donde se va a actuar. Porque no solo la obra será en el solar anejo, sino también en parte de las actuales instalaciones, pues lo que se pretende es una continuación de espacios. Por eso explica que tiene que producirse un forjado entre el edificio actual y el nuevo.

Hasta ahora lo que se ha hecho, según indica, es actuar en derribos. Por eso ha sido necesario desocupar enseres del personal del museo dejando libres varios espacios. «Se espera que avancen las excavaciones, que ya están en su recta final, para comenzar con el forjado. Ahora, por ejemplo, se están trasladando las alarmas, el tema eléctrico, el aire acondicionado, los servicios de telefonía. Son trabajos engorrosos e incómodos pero que hay que hacer».

En cuanto a las excavaciones del solar, Álvarez recuerda que ya se había actuado en 2006, pero que los trabajos no se habían concluido porque había partes que no se pudieron excavar porque no se permitía el acceso al terreno. «Las excavaciones, que yo dirijo, se están haciendo con mucho rigor y método. Forman también el equipo dos arqueólogos notables como son Rafael Sabio, conservador, y el doctor Murciano. Hacen un trabajo impecable».

Confirma que en ese lugar ya se había descubierto parte del Acueducto de San Lázaro, que ahora se puede admirar mejor porque está más limpio, además de una zona de necrópolis, con dos niveles interesantes. «Uno de ellos, del Alto Imperio, tiene incluso ajuares. Y aunque no son piezas de mucha importancia (cerámica, vidrio y alguna terracota) arrojan datos interesantes. El otro nivel superior es del Bajo Imperio, donde se está ahora, la última fase de la excavación.

Con estas obras, afirma, se pretende una remodelación de ese espacio para hacer museable, no solamente el acueducto, sino un foso defensivo que se cree protegía de alguna manera el acceso a la muralla. Eso es lo que de momento ofrece ese solar, cuya excavación se quiere finalizar cuanto antes para que se pueda proceder al forjado de esa parte y poder unir el edificio actual con dicho terreno.

Álvarez confirma que se quieren integrar en el edificio los restos del acueducto, además de realizar un corte para que el público pueda ver el foso anteriormente mencionado. También pretende que se haga visible algún monumento funerario destruido, mínimamente conservado, pero que también es interesante mostrar.

Nuevo salón de actos

Álvarez recuerda los motivos que llevan a realizar la ampliación. Antes explica que no se va a tocar la sala de exposición permanente. «Lo único que se hace es matizarla, considerar nuevos objetos, cambiar otros, traer nuevos de los almacenes. Sigue el esquema del museo. A través de piezas emblemáticas parlantes definir cada una de las facetas que formaron la vida cotidiana».

Por otra parte, resalta que el museo cuenta con unos servicios importantes de conservación y restauración y que se potencia también la documentación y la investigación, además de la difusión, que contarán con espacios más amplios.

También se va a crear una nueva sala de exposiciones temporales. La actual se queda pequeña y no hace justicia a las obras que acoge. Tampoco es la más apropiada para un museo de su categoría. Y se va a hacer un nuevo salón de actos. Tendrá forma de anfiteatro y una capacidad para unas 250 personas. Álvarez asegura que el actual es muy bonito y acogedor, pero también «muy incómodo».

El edificio tendrá otra entrada que acogerá una tienda más vistosa, el guardarropa, la consigna. Será por la que acceda el personal del museo. La actual se quedará para que entren los visitantes.

Por otra parte, la fachada del nuevo edificio no será de ladrillo visto, sino de hormigón lavado, pero con la misma tonalidad. «Se hace para distinguir dos espacios diferenciados y dos etapas de la obra de Moneo», confirma. Recuerda que en ese lugar se construyó un edificio de 12 viviendas que costó mucho expropiar y que impidió la idea original de ampliación que era abarcar toda la manzana.