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Juan Frasco, carnicero de la Antigua. :: Brígido
Juan Frasco, carnicero de la Antigua. :: Brígido

Carniceros y fruteros de la Antigua abren todos los festivos para sobrevivir

  • Las tiendas de barrio de las grandes cadenas animan el consumo de los domingos

Ayer, como cada día en los últimos tres años, Juan Frasco se levantó a las cinco y media de la mañana para lavar y cortar pestorejo. A la una de la tarde apenas le quedaba una bandeja en el mostrador de su carnicería. 8 de septiembre, festivo, pero en pie para sobrevivir. Fue su estrategia para aguantar la crisis y la competencia de las grandes superficies.

En su barrio, la Antigua, otros tenderos también decidieron renunciar a descansar en festivos y domingos. Ahora es complicado encontrar una tienda cerrada por las mañanas festivas. Loren en la carnicería de enfrente, Jonathan en la frutería, Joaquina en la otra y hasta en la droguería de Juan Carlos I atendían al público. Y por si fuera poco, en las últimas semanas un Carrefour Express, el cuarto en la ciudad, se ha sumado a la fiesta. «Estos días ya no salen rentables. Antes sí, pero hay demasiada competencia», explica Frasco. En sus casi cuarenta años de profesión ha pasado de dar trabajo a seis carniceros a quedarse solo en el negocio. «Empecé los domingos porque no había venta durante la semana y para estar en casa, pues podía recoger algo aquí».

Con esa misma idea se levanta cada domingo Lorenzo Vigara. Lleva tres años en el barrio y dice que la rentabilidad se consigue si uno se olvida de las horas. «Sale de tus costillas». Al principio, apenas venía público, pero cada vez más clientes de otros barrios de Mérida que no pueden acercarse durante la semana han tomado la costumbre de llevarse carne los domingos de su casa. «Yo lo elaboro todo al estilo matancero, artesanal. Es una pena que ningún joven quiera aprender ese oficio porque se va a perder, el futuro no es la carne elaborada, es esto, la producción propia casera».

Define a la Antigua como un barrio particular. Un universo propio donde abunda la gente mayor con predilección por lo fresco.

Pero el público, cuenta, ha ido cambiando conforme ha ido tachando domingos y festivos de sus calendarios de descanso. Ahora por allí pasan desde los que se van al campo y necesitan carne al por mayor hasta los que salen a primera hora a comprar el periódico y los churros y se llevan dos filetes de ternera.

Menos experiencia como comerciante para Jonathan Martínez. Se estrenó en febrero en otra esquina de Juan Carlos I con su frutería. A pesar de sus 23 años ya es todo un veterano. Empezó a los catorce. Habla de un efecto llamada y de la retroalimentación. «Si abren las otras fruterías, también tienes que ir tú, porque antes empezó el carnicero, y antes la panadería ...». Poco a poco se han ido sumando tenderos a una tendencia que importaron los bazares asiáticos, los verdaderos maestros de la liberalización de horarios.

En la Antigua insisten en que el público de domingo interesa porque se ha ido ampliando la oferta y la demanda. Prueba de este atractivo es el desembarco en la ciudad de las tiendas de barrio de la multinacional Carrefour. Ya hay cuatro, más otra de Covirán de iguales características. Todas abren el domingo hasta mediodía y los festivos y ofrecen un catálogo que va mucho más allá de las compras de urgencia. «Hay gente que compra más cómoda porque tienen más tiempo, pueden aparcar mejor y ya que vienen por carne o pescado, pues se llevan también el pan», es la explicación que encuentra Lorenzo en su carnicería.

A Jonathan le vale el mismo argumento, la gente mayor también consume fruta a diario y ahora en verano se aprovechan de la temporada alta. Hay mucho género a buen precio. Ciruelas a menos de un euro el kilo. Su estrategia se basa en acudir a almacenes de Sevilla o directamente en el campo a grandes productores, aunque eso implique viajar por la noche y despachar el negocio por el día. Liberalización de horarios.