Hoy

El peligro de dar de comer a los gatos

Un gato reposa en el muro del almacén abandonado de la barriada Santa Eulalia. :: Brígido
Un gato reposa en el muro del almacén abandonado de la barriada Santa Eulalia. :: Brígido
  • Una colonia gatuna sin control desespera a los vecinos del barrio emeritense de Santa Eulalia

En el suelo del mastodóntico esqueleto de cinco plantas que dejó la crisis frente a la iglesia y el centro social de la barriada Santa Eulalia se ven bebederos de agua hechos con botellas de plástico y montones de papel con restos de pienso.

Basta esperar unos segundos para distinguir entre los escombros a una gata con sus cuatro mininos. A pocos metros, en un muro frente al edificio abandonado de Panificadora Galán dormitan a la sombra otros dos, uno negro y otro pardo. «Esto no es nada, por la noche se ven muchos más. El sábado, cuando vine de la Feria conté hasta doce», explica José Miguel Sánchez, un vecino del barrio que ha comprobado cómo se acercan hasta las cajas abiertas de leche que le dejan a los animales.

Las camadas se mueven entre el almacén en ruinas y el edificio sin terminar, dos grandes espacios en los que se reproducen sin control.

Hay quien ha tomado la costumbre en el barrio de rellenar comederos, pero este hábito no lo comparten todos los vecinos. Para intentar concienciar del riesgo de esta práctica, ayer dejaron en los buzones de las viviendas que rodean el cementerio una carta muy clara y explicativa. «No hacen ningún bien, ni a los animales ni a los vecinos», encabeza el escrito. A continuación se lee un artículo de un blog especializado en la cría de animales domésticos en el que se menciona la zoonosis y las enfermedades que transmiten, sobre todo a los niños, los gatos que no están vacunados. La carta concluye pidiendo responsabilidad a todos porque tener una mascota es algo más comprometido que rellenar con pienso o agua las botellas de un edificio abandonado.

María Victoria Andrade es una de las que ha recibido la carta en su casa. No sabe muy bien quién lo ha hecho, pero comparte hasta la última coma.

Recuerda que la semana pasada hubo un animal muerto cerca de la asociación de vecinos y que el problema se originó cuando se derribó la panificadora. Desde entonces se han ido colonizando más solares y edificios abandonados.

Para evitar este tipo de conflictos, el Ayuntamiento cuenta con una ordenanza municipal de animales domésticos aprobada antes de verano en la que se reserva un apartado, el artículo 35 concretamente, a la gestión de las colonias felinas. Atendiendo a esta normativa, el Consistorio tiene la obligación de fijar camadas controladas en las que se identifique y esterilicen a los animales.

Su ubicación y tamaño, dice la norma municipal, se determinará siempre para que no moleste o incomode a los vecinos y no suponga un riesgo sanitario. La alimentación de estos gatos se basará exclusivamente en pienso seco, y en todo momento bajo el control de la Delegación de Sanidad del Ayuntamiento, que podrá contar con la colaboración de las asociaciones de protección y defensa de los animales en esta tarea de control.

El concejal de Medio Ambiente, Marco Antonio Guijarro, ya ha explicado varias veces que en los últimos meses se han controlado algunas colonias de La Isla y se comprometió en su día a erradicar las más molestas, como la del solar frente al Estadio Romano porque los gatos juegan en el arenero de los niños de la guardería de Los Gurumelos. Santa Eulalia se ha convertido en una asignatura pendiente para la delegación de Sanidad. Los vecinos alertan de que el celo descontrolado de los animales, con los machos sin castrar, pude derivar en una sobrepoblación.