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La demolición de Harinas Galán hará posible ampliar la avenida de Los Milagros

Fachada principal del edificio que va a ser derribado. :: j. m. romero
Fachada principal del edificio que va a ser derribado. :: j. m. romero
  • En el derribo de 3.800 metros cuadrados de superficie construida se invertirán unos 200.000 euros

El último inmueble que queda en pie y que da pista de lo que fue hace años la Mérida industrial desaparecerá en breve. El edificio que acogía la fábrica de Harinas Galán S. A., situado en la avenida de Los Milagros, ha empezado a ser demolido. La empresa encargada de hacerlo es Solares Gestión de Suelo. S.L. Y uno de sus artífices el ingeniero Manuel de las Heras, quien ha redactado el proyecto.

La agrupación de interés urbanístico es la que propone, a instancias del Ayuntamiento, que se lleve a cabo dicha demolición. La idea del Consistorio es, según explica De las Heras, que la avenida de los Milagros sea en esta parte también de doble carril, a lo que se le suma su interés de que el edificio no reste vistosidad al cercano Acueducto de los Milagros.

El trámite de la demolición, a nivel administrativo, ha tenido que salvar varias etapas y obstáculos. Una vez redactado el proyecto, que afecta a la parte delantera del edificio, es decir, silo y fábrica, se ha tenido que aprobar por el Ayuntamiento y por el Consorcio.

Como el desmontaje incluye uralita, que conlleva un tratamiento especial, tiene que contar con el consentimiento del Ministerio de Trabajo y el Centro de Salud Laboral de la Junta.

Tras finalizar dichos trámites, que se han prolongado unos cinco meses, han comenzado los trabajos para hacer desaparecer el edificio. De las Heras calcula que esta actuación se prolongará entre uno y dos meses. «Redactar el proyecto de demolición ha sido, al menos, curioso. Hemos tenido la oportunidad, gracias a Damián Galán, a cuya familia pertenece el edificio, de examinar toda la historia de construcción de la fábrica. Nos ha facilitado planos históricos de las diversas reformas que ha sufrido el edificio, sobre todo, para analizar la complejidad técnica de la demolición, en la que se van a invertir más de 200.000 euros».

De las Heras explica que el edificio se demolerá justo al revés de cómo se construyó. Es decir, comenzando por el tejado. Para retirar la uralita se ha contratado a una empresa especializada. Una vez concluida esta fase, se desmontan las estructuras ligeras aparentes, para una vez finalizado, quedar el edificio en el esqueleto de obra, es decir, la estructura de hormigón, los muros de carga, tabiquería, materiales pétreos... El proceso de demolición se continuará por la parte más baja del edificio para acumular escombros que hagan de rampa para llegar a la parte alta y seguir demoliendo.

La superficie a demoler ocupa casi 3.800 metros cuadrados construidos de los casi 9.000 totales, que son unos 22.000 metros cúbicos. De fibrocemento hay unos 1.700 metros. Quedarán en pie las naves traseras de la fábrica, ya que como cumplen las futuras alineaciones no será necesario demolerlas.

Uso residencial

De las Heras explica que esto es una unidad de ejecución, definida por el PGOU, que tiene como único propietario Harinas Galán S.A.. La demolición es el primer paso en el desarrollo de la unidad de ejecución. El PGOU obliga al derribo de la fábrica porque hay un cambio de uso a residencial y terciario para un desarrollo posterior.

Añade que el derribo de este edificio será especial y que, en cierto modo en Solares le han cogido cariño a la fábrica. Llevan con este proyecto unos cinco años. «En su momento se pusieron las miras para desarrollar el suelo y darle un uso terciario, pero la crisis suspendió ese desarrollo. Ahora se ha considerado la importancia de avanzar poco a poco en el desarrollo de esa unidad de ejecución y, en la medida de lo posible, ponerla en valor».

La Fábrica de Harinas Galán es el último edificio industrial que queda en Mérida de esa época.

Damián Galán, familia a la que pertenece la fábrica de harina, dice que la demolición del edificio le produce sentimientos encontrados. «Significa el final de una etapa industrial de Mérida y ver como un sitio donde hemos nacido y que montó mi padre con tanto esfuerzo, que iba bien y que ha dado muchos beneficios va a desaparecer».

Asegura que no hay una única causa que motive esta demolición. Dice que como consecuencia del boom urbanístico, Mérida se llenó de zonas a construir y la política industrial se deja de lado.

Recuerda que hubo un tiempo en el que la ciudad llegó a ser industrialmente importante y que la primera zona que cayó fue en la que está situada la fábrica de harina. Solo quedó en pie Harinas Galán. Aunque con el tiempo el negocio cerró. Ahora desaparece por completo.