Las jugadoras españolas celebran el pase a semifinales. / EFE
Ficha técnica:
25 - España: Navarro; Alonso (3, 1p), Barnó (-), Begoña Fernández (3), Eli Pinedo (7), Mangué (3) y Aguilar (2) -equipo inicial- Ciobanu (ps), López (-), Nely Carla Alberto (2), Beatriz Fernández (3), Cuadrado (2), Amorós (-) y Elorza (-)
22 - Croacia: Jelcic; Gace (1), Franic (1), Tatari (5), Penezic (3), Zebic (3, 2p) y Milanovic (2) -equipo inicial- Grubisic (ps), Jovetic (1), Seric (1), Pusic (-), Horvat (1), Lovric (2) y Basic (2)
Marcador cada cinco minutos: 2-2, 3-4, 5-7, 9-8, 11-10 y 13-12 (Descanso) 14-15, 15-16, 18-16, 20-18, 22-20 y 25-22 (Final)
Árbitros: Horacek y Novotny (FRA). Excluyeron por dos minutos a Mangué, Cuadrado y Eli Pinedo por España; y a Milanovic (2), Penezic (2), Basic y Seric por Croacia.
Incidencias: Encuentro correspondiente a los cuartos de final del torneo femenino de balonmano de los Juegos Olímpicos de Londres disputado en la "Caja de Cobre" ante unos 7.000 espectadores.
España está de dulce. De muy dulce. Sin llegar a ser empalagosa, que quede claro, pero está en un momento de forma tan excepcional, tan brillante, que soñar con el oro no solo no es una utopía, sino que tampoco debería extrañar a nadie que el viernes se lo colgaran al cuello. No es adelantar acontecimientos, es constatar la consecuencia del brillantísimo, intensísimo y espectacular juego que está desplegando sobre la rugosa pista del Copper Box el conjunto de Jorge Dueñas. La última víctima fue Croacia, que aguantó hasta el minuto 13 de la segunda mitad porque Jelcic, la guardameta, se hartó de detener balones. Si tiene un día menos inspirado, España deja resuelto el partido en la primera mitad.
“Van a salir a presionarlos. Vamos a movernos, a no botar el balón y a echarlo fuera, lejos, si no vemos pase. Y si nos pitan falta, un poco de teatro y a empezar”. Esa fue la instrucción de Dueñas a falta de 90 segundos para el final y con España dos arriba en el marcador. No se podía tirar por la borda el fenomenal trabajo de los 58 minutos anteriores, y el inteligente entrenador hispano supo decir a sus jugadoras las palabras que las iban a quitar toda la tensión. Fue volver del tiempo muerto y, con solo un bote y en cinco pases, Begoña Fernández ponía el 25-22. El arte dramático fue innecesario, fue suficiente con el arte del balonmano.
La gran virtud de España en el encuentro, al igual que hiciera ante Noruega, fue saber jugar con el tiempo, mantener los dientes apretados cuando las cosas no salían y detectar el momento de debilidad que todo equipo pasa sobre la cancha para apuntillar al rival con la eficacia de un veterano matarife. Si al toro no le das bien la puntilla se te puede levantar, pero este equipo nunca falla en esa suerte. No hasta ahora, al menos. Y como ante las escandinavas, el globo croata se desinfló cuando en el minuto 12 España puso una marcha más en defensa, robó dos balones y ligó tres jugadas en ataque de esas que levantan al público de los asientos. Hasta la selección masculina croata, que al completo seguía en la grada el choque, tuvo que rendirse al precioso y eficaz juego de las hispanas.
Pero hasta llegar a ese momento de ruptura, España supo sobreponerse a la lamentable actuación de los árbitros. Siete faltas en ataque señalaron a la Roja, de las que solo una era tal. Las otras seis eran defensas dentro del área que debieron ser castigadas con siete metros. Decisiones sibilinas destinadas a sembrar dudas en el engrasado ataque español, y que durante algunos minutos sembraron dudas en la primera línea. Y si ante las croatas dudas, tienes un balón perdido, un contragolpe y un gol en contra. Fue el particular bache español, que se fue dos goles abajo. Pero las balcánicas no pudieron aprovecharlo. Apareció Navarro para frenar dos ataques consecutivos y Macarena Aguilar descubrió un agujero en el muro rival -agujero que se encargaba siempre de agrandar la portentosa pivote Begoña Fernández con los bloqueos-. Uno arriba y al descanso.
Pasado el mal trago, la segunda mitad fue más tranquila. Pese a la intensidad defensiva de las de los Balcanes durante los 7 primeros minutos, España encontró en el doble pivote la fórmula para volverse completamente indescifrable para el rival.