Hoy

Juppé, un ave fénix a la sombra de Chirac

Alain Juppé.
Alain Juppé. / Thibault Vandermersch (Efe)
  • PERFIL

  • El alcalde de Burdeos se ha colocado en la estela del más popular de los expresidentes franceses para tratar de llegar al Elíseo

  • Aunque no goza ni por asomo de la bonhomía que caracterizaba a su mentor, juega las bazas de su perfil institucional y de la moderación como avales para la carrera presidencial

  • Acostumbrado a resucitar cuando muchos lo dan por muerto, es el 'anti-Sarkozy', si no en el fondo ideológico, sí en las formas con que uno y otro presentan sus propuestas

Si algo caracteriza a los políticos franceses es su longevidad, que permite a personajes defenestrados regresar tras un período de ostracismo. Inscrito en esa estirpe de ave fénix, Alain Juppé parece a sus 71 años más cerca que nunca de alcanzar el Elíseo (sede de la Presidencia).

El alcalde de Burdeos se ha colocado en la estela del más popular de los expresidentes franceses, Jacques Chirac -de quien fue primer ministro-, para tratar de llegar al único puesto institucional que le falta en su currículum. Aunque no goza ni por asomo de la bonhomía que caracterizaba a su mentor, Juppé juega las bazas de su perfil institucional y de la moderación como avales para la carrera presidencial, aunque antes deberá ser elegido en las primarias del centro-derecha.

"Probablemente (sea) el mejor de entre nosotros". Con esa frase, que ha pasado a la historia política francesa, Chirac lo designó su heredero en 1994. "Para mi es casi un padre", le cumplimenta ahora Juppé cada vez que puede.

De alguna forma, Juppé es el 'anti-Sarkozy', si no en el fondo ideológico, sí en las formas con que uno y otro presentan sus propuestas. Y sobre todo, en la profunda enemistad que se profesan. Sus críticos consideran que, pese a un envoltorio amable, defiende ideas muy escoradas a la derecha, como las que sacaron a las calles a medio país en 1995, cuando trató de reformar el sistema de pensiones y la Seguridad Social.

Tildado como el "político 'vintage'", de poco le ha ayudado a sacudirse esa imagen anquilosada un cartel de campaña que parece más propio del siglo XX que de los tiempos que corren. Pero, al menos de puertas afuera, Juppé no se altera. En los debates previos a las primarias ha optado por colocarse en un nivel superior, ajeno a las disputas entre el resto de candidatos, con esa distancia que tanto se le critica. Si Chirac era la cercanía, la sonrisa, la afabilidad en el cara a cara, Juppé es percibido como una persona fría e inmutable, a la que es difícil ver reír y con dificultades para acercarse al pueblo llano. Esto es algo que siempre le ha irritado y por ello no duda en recordar sus años como concejal del Ayuntamiento de París en el multiétnico distrito XVIII de la capital, cuando recorría los barrios llamando a cada puerta y presentándose así: "Hola, soy Alain Juppé, el candidato de Jacques Chirac".

Auge, caída y resurgimiento

Nacido en 1945 en Mont-de-Marsan, en las Landas, muy cerca de la frontera con España, se crió en el seno de una familia agrícola de clase media y muy pronto destacó en los estudios, lo que le llevó a pasar por todos los viveros de la elite política en París, como el liceo Louis-le-Grand o la prestigiosa Escuela Nacional de Administración (ENA).

Tras hacer sus primeras armas junto a Chirac en la política municipal, su oportunidad le llegó de la mano de este como ministro de Hacienda y portavoz del Gobierno, entre 1986 y 1988. Al frente del Ministerio de Exteriores (1993-95), Juppé comenzó a ofrecer la dimensión de estadista que siempre se le había atribuido pero que nunca ha llegado a explotar.

Con la llegada al Elíseo de Chirac, en 1995, se convirtió en su primer jefe de Gobierno, pero casi de forma instantánea empezó a caer su popularidad, que se desplomó al intentar aprobar la reforma de la Seguridad Social. Dos años después, los conservadores son derrotados por los socialistas en las legislativas anticipadas, lo que apea a Juppé del cargo y le lleva a meditar su abandono de la política.

Acostumbrado a resucitar cuando muchos lo dan por muerto, regresa en 2002 para jugar un papel fundamental en la creación del gran partido de la derecha francesa, la Unión por un Movimiento Popular, de la que es elegido presidente. Pero de nuevo sufre una estocada con su inhabilitación durante un año para ocupar cargos públicos en 2004 por un oscuro caso de malversación de fondos. En sus horas más bajas, se muda a Canadá para dar clases en Montreal, aunque también allí sufrirá la humillación de ser rechazado en una universidad por cuestiones de ética.

Juppé siempre vuelve. En 2006 se presenta a las elecciones municipales en su bastión de Burdeos, donde ya había sido alcalde durante nueve años, y desde allí transforma la ciudad y consigue la plataforma necesaria para retornar a la palestra nacional.

'Número dos' del Gobierno de François Fillon bajo la presidencia de Sarkozy (precisamente sus mayores rivales en estas primarias) y de nuevo ministro de Exteriores, se prepara en la oposición, durante los años del Gobierno socialista, para su asalto a la jefatura del Estado.

Casado en segundas nupcias con la periodista Isabelle Bodin y padre de tres hijos, Juppé nunca ha ocultado su inclinación por las mujeres bellas y una tendencia irrefrenable al flirteo. Siempre, dice, sin rebasar los límites.