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Hollande pone a Valls al frente de un «Gobierno de combate»

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Ayrault, en una imagen de archivo entre el presidente, François Hollande, y el entonces ministro del Interior, Manuel Valls. / E. FEFERBERG/ AFP

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  • El presidente francés apuesta por su ministro más popular para saldar la crisis abierta por el descalabro electoral

Al día siguiente de un histórico fracaso electoral, François Hollande nombró ayer al barcelonés Manuel Valls al frente de «un Gobierno de combate» en sustitución del primer ministro Jean-Marc Ayrault, que le presentó su dimisión. El presidente francés mantiene el rumbo de la austeridad presupuestaria y el pacto con la patronal con el añadido de la justicia social y la transición energética para calmar el descontento de la izquierda y los ecologistas. Reducir los impuestos y las cotizaciones de los trabajadores son las promesas adicionales para un Gabinete «restringido, coherente y apiñado» que debe conocerse en las próximas horas. La cantada apuesta por Valls, que en Interior ha sido el ministro más popular del Ejecutivo, fue la respuesta inmediata de Hollande al mensaje que le dirigió «personalmente» el electorado. El mayor descalabro municipal de los socialistas se saldó con la pérdida de 151 municipios de más de 10.000 habitantes, el trasvase a la derecha de metrópolis con más de 100.000 habitantes como Toulouse. Reims, Saint-Etienne, Angers o Amiens y la caída de bastiones históricos como Limoges, en manos de la izquierda desde hacía un siglo.

La interpretación presidencial del sentir popular, en un discurso televisivo de siete minutos emitido a la hora de los telediarios vespertinos, constituyó una requisitoria en toda regla al balance de Ayrault, a quien expresó su «reconocimiento» para guardar las formas. «Demasiada lentitud, demasiado paro, demasiados impuestos y no bastante eficacia», valoró a modo de cruel inventario de los 22 primeros meses de mandato en el Elíseo.

Formulada la autocrítica y guillotinada la cabeza de turco, Hollande abrió «una nueva etapa» y encomendó a Valls la misión de ser «más justo y más eficaz». La principal novedad es un 'pacto de solidaridad' para acompañar los anunciados 30.000 millones de rebajas en las cargas empresariales y 50.000 millones de recorte del gasto público en tres años. Sus premisas son educación, sanidad y poder adquisitivo mediante reducción de impuestos y de cotizaciones laborales.

En el índice de la hoja de ruta Valls tendrá que «convencer a Europa de que esta contribución de Francia a la competitividad y el crecimiento debe ser tomada en cuenta en el respeto de sus compromisos». La calculada ambigüedad de la formulación encierra una renovada tentativa de reorientar la construcción europea cuando Bruselas tiene sometida a Francia a vigilancia reforzada.

El relevo en La Moncloa francesa se produjo el mismo día en que el instituto nacional de estadística confirmó la indisciplina presupuestaria del gabinete saliente. Según las cifras oficiales, el déficit público se situó en 2013 en el 4,3% del Producto Interior Bruto (PIB), seis décimas por debajo del registrado en 2012, pero dos décimas por encima de la previsión gubernamental. El saldo negativo de las cuentas públicas se produjo en un contexto de incremento del gasto de las administraciones y de la Seguridad Social, que representó un 57,1% del PIB, frente al 56,7% en 2012. Antes incluso de que su nombramiento fuera oficial, Marine Le Pen presentó a Valls como un «hombre peligroso», sin «ningún respeto hacia las libertades públicas» y con «un balance contra la inseguridad deplorable». «Es una elección extraña con la que se trata de carbonizar a Valls para cortar sus ambiciones», valoró la presidenta del ultraderechista Frente Nacional, ganador de una quincena de alcaldías con etiquetas propias o afines en las elecciones municipales.

No menos severo se mostró el líder izquierdista Jean-Luc Mélenchon quien opinó que Hollande practicaba un «suicidio político». «No ha entendido nada del mensaje que le han dirigido. Confirma su alianza preferente con la patronal y nombra a Manuel Valls, el mayor múltiplo común divisor posible de la izquierda», criticó el copresidente del Parti de Gauche.

«El despido de Ayrault no bastará para arreglar los problemas», observó Jean-François Copé, presidente de una UMP reforzada por el éxito electoral. «No veo ni cambio de rumbo ni decisión valiente», insistió el líder conservador, que ha pedido audiencia a Hollande para proponerle «otro camino».