Los excesos de Trump

El escarceo verbal del presidente estadounidense con el dictador norcoreano no debe empañar su exitoso viaje por Asia

Pedirle a Donald Trump que acomode sus gustos personales y su talante a los usos políticos y diplomáticos convencionales es tarea perdida y, así, en las horas finales de su importante gira por Asia, el presidente ha optado por medirse de nuevo con su arma favorita –un tuit– con Corea del Norte. En Vietnam, como si no pudiera resistirse a las últimas provocaciones verbales del régimen norcoreano, se mostró extrañado de que Kim Jong-un, el inefable líder norcoreano, le hubiera llamado viejo, cuando él nunca le ha tildado de «bajito y gordo». El gusto del presidente por las armas dialécticas excluidas por definición de los usos diplomáticos parece inagotable, incluidos los tuits, y los observadores políticos deben soportarlos si quieren hacerse alguna luz solvente sobre lo que de verdad importa: la gestión de la política exterior y de seguridad de la Administración norteamericana bajo su autoridad. En lo que concierne a la actualidad, cabe decir que la gira por el Pacífico asiático, muy extensa y compleja, parece haber cumplido sobradamente con los objetivos programados: mantener y mejorar la estable relación bilateral con China, reafirmar en Japón la firme alianza forjada con Washington al término de la II Guerra Mundial y la protección de Corea del Sur frente a su belicoso y bullicioso vecino del Norte, además de confirmar la normalización con el viejo enemigo vietnamita y visitar Filipinas, según una antigua promesa. Un viaje tan largo demuestra lo que parece un súbito interés del presidente por atender sus obligaciones internacionales cuando se le tiene por poco aficionado a las sutilezas diplomáticas y las obligaciones del protocolo y prefiere, de lejos, el espeso paisaje político de Washington y sus fines de semana en sus varias y fastuosas mansiones de recreo. El periplo asiático le ha ido muy bien, en términos generales, y ha servido no solo para confortar a nipones y surcoreanos. Particular importancia ha tenido el hermético anuncio americano de que dispone de «líneas abiertas de comunicación con Corea del Norte», una novedad en la que, de creer sus comentarios, el presidente apenas cree. Sea como fuere, el dilatado desplazamiento ha sido útil y bien valorado por los socios occidentales del Pacífico, los que ven el auge de China con una mezcla de relativa sorpresa y preocupación.

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