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Clinton, serena y bien preparada, sortea a Trump en el primer debate

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Donald Trump y Hillary Clinton se saludan antes del debate. / Brian Snyder (Reuters) | Vídeo: Europa Press

  • LA CARRERA HACIA LA CASA BLANCA

  • Los candidatos se han aventurado en un áspero duelo verbal, con sus constantes interrupciones y acusaciones cruzadas, ignorando por completo los esfuerzos del moderador por poner orden

  • Si hay que declarar ganadora a alguien, el título se lo lleva la ex secretaria de Estado, por la serenidad con la que encajó las provocaciones de su colorido rival y la munición que traía preparada en la recámara

Fue el debate más esperado del siglo y sin duda el menos aburrido. Gracias a las coloridas intervenciones del irreverente magnate de reality show, los 90 minutos sin interrupciones ni descansos comerciales se pasaron volando. No hubo un jaque mate por ninguna parte y difícilmente hará cambiar de idea a quienes ya han decidido votar por Donald Trump o Hillary Clinton, pero si hay que declarar ganadora a alguien, el título se lo lleva la ex secretaria de Estado, por la serenidad con la que encajó las provocaciones de su colorido rival y la munición que traía preparada en la recámara.

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Era la primera vez que una mujer participaba en un debate presidencial, porque ninguna antes había llegado tan lejos. A Trump le faltó sensibilidad para entender lo que esto significa para millones de mujeres y cayó en la trampa de explicar qué quiere decir cuando la acusa de no tener aspecto presidencial. “Que no tiene pinta, que le falta la fuerza y la resistencia para negociar nuestros acuerdos comerciales”, explicó el hombre al que le gusta rodearse de modelos y presume de no haber cambiado nunca un pañal.

Trump tiene 70 años, Clinton cumplirá 69 el próximo día 26, pero mientras Trump fue perdiendo fuerza a lo largo del debate y acabó con largas e inconexas disquisiciones, la otra mitad de Bill Clinton llegó igual de aguda al último minuto. “Cuando él viaje a 112 países, negocie tratados de paz, altos al fuego, libere a disidentes, abra nuevas oportunidades en países de todo el mundo y se pase 11 horas seguidas declarando ante un comité del Senado, que me hable de vigor y resistencia”, atajó la ex secretaria de Estado.

Eso sí, aquí Trump la estaba esperando con una de las pocas frases que hicieron al público saltarse la prohibición de aplaudir. “Hillary Clinton tiene experiencia, pero es mala experiencia. Hemos hecho tantos tratos malos en los últimos años ... Estoy de acuerdo, tiene experiencia”.

Era el estribillo que Trump traía preparado para que se quede grabado en la mente de los votantes. Nadie duda de que Clinton es la candidata mejor preparada de la historia, como ha dicho Barack Obama. “Lleva 30 años haciendo esto”, repitió el multimillonario media docena de veces. “¿Por qué es ahora cuando piensa en soluciones?”.

Clinton no estaba dispuesta a pedir perdón por su experiencia ni por haberse preparado sesudamente el debate, como acostumbra con todo lo que hace. “¿Y sabes para qué más me he preparado? Para ser presidenta”, atajó orgullosa.

Para eso no se prepara Trump, que presume de “decir la verdad a bocajarro” porque no es “un político al uso”. Y a la Casa Blanca “llegaré de una manera o de otra, porque acabo de abrir un hotel al lado en la avenida Pensilvania”, dijo ufano. Tampoco pidió disculpas por llevar años sin pagar impuestos federales. “Me aprovecho de las leyes de este país, si no te gustan, cámbialas”. O de insultar por su físico a mujeres como la presentadora Rosie O’Donnell, que “se lo merece”, dijo después en su paseíllo por las televisiones.

Le quedan dos intentos más para desbancar a Clinton de su pedestal, mucho más parejo de lo imaginable, según las encuestas, que al llegar a este debate la colocaban a sólo un punto de distancia, en empate técnico. “Creo que no sabremos en qué queda esto hasta el día de la votación, el 8 de noviembre”, vaticinó la profesora de Política de la Universidad de Hofstra donde se celebró el debate Carolyn Dudek.