Didáctica balística en Siria

El Asad recibe un castigo merecido, eficiente y con amplio respaldo internacional por el uso de armas químicas

Cumpliendo su amenaza, el presidente Trump recurrió a la acción militar contra Siria y se hizo escoltar para la ocasión por el Reino Unido, como era seguro, y por Francia, un hecho que causa cierta sorpresa y confirma la voluntad del presidente Macron de gestionar una política internacional activa, arriesgada y solidaria con Washington. Las fuerzas aéreas y navales de las tres potencias lanzaron un centenar de misiles de crucero sobre importantes objetivos sirios escogidos cuidadosamente y vinculados a su programa clandestino de armas químicas. No hubo ni un rasguño que lamentar, un éxito que traduce en el fondo una inteligente preocupación: no era una venganza que buscara matar sirios leales al régimen de Bashar el-Asad, sino dañar instalaciones cruciales. El papel de Washington ha sido determinante y, considerando el talante del presidente Trump, su retórica y su gusto por un protagonismo a menudo teatral y fuera de lugar, un éxito técnico, aséptico, algo que traduce la voluntad del Pentágono, cuyo jefe, el teniente general Mattis, secretario de Defensa, había sido más que reticente ante la presión presidencial y exigido pruebas claras de los ataques sirios con armas químicas. La acción, pues, era un riesgo militar y político de envergadura convertido en casi inevitable por la conducta indigna del régimen sirio en materia de derechos humanos. Hay pruebas de su utilización de armas químicas tan recientemente como hace ocho días en la ciudad de Duma, una acción que fue la gota de agua que colmó el vaso y proporcionó a Washington y sus socios una razón de peso para intervenir sin más dilación. El régimen sirio acreditó con lo sucedido en Duma no sólo su crueldad, sino su incompetencia y su falta de control sobre parte de sus unidades militares, trufadas de fanáticos. Merecía un castigo por su indigna conducta y el recibido, ejecutado con toda precisión, sin causar bajas y sin tocar instalaciones rusas, es un modelo de eficiencia y explica la considerable comprensión internacional –descontadas Rusia y China– por la arriesgada acción. El Asad y su protector ruso han recibido una lección bien merecida que excede de lo puramente militar.

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