Hoy

English breakfast

NUNCA me he fiado demasiado de los británicos, son un pueblo bárbaro que toma la cerveza tibia, fríe el pescado hasta convertirlo en una suela de sandalia de limosnero franciscano (fish and chips lo llaman en aquellas brumosas tierras) y humilla al cordero, ese noble animal, anegando sus tiernas y melosas carnes con salsa de menta. No son gente de fiar, no lo son. El jueves, estos irredentos descendientes de normandos y sajones, prácticamente sin romanizar, acuden a las urnas para dilucidar el color del gobierno que debe gestionar su salida de la Unión Europea, y como el resultado nos va a afectar al resto de los ciudadanos de la UE, vamos a practicar un poco de entomología con su enloquecido sistema electoral, para tratar posteriormente de adelantar el resultado que arrojarán las urnas dentro de cuatro días.

1.- El endiablado sistema electoral británico. A diferencia de la civilizada Europa continental, en la que los parlamentarios se reparten proporcionalmente al número de votos obtenidos, el parlamento de estos isleños inventores de los sandwiches de pepinillo con mantequilla está compuesto por 650 diputados que se eligen de forma uninominal y mayoritaria, es decir, hay 650 distritos electorales, y quien gane el distrito, aunque sea por un solo voto, se queda con el asiento en el parlamento. El segundo es enviado a las tinieblas exteriores.

Este sistema produce el divertido y perverso efecto de que distancias de 6 o 7 puntos en el cómputo global de las elecciones, bien repartidos en los distritos correctos, se pueden convertir en diferencias de más de 100 diputados e incluso, como en el caso de las elecciones de 2015, una diferencia de 6,5 puntos se convirtió en una mayoría absoluta por los pelos para los conservadores. Maravilloso, ¿verdad?

Para la noche del jueves no olviden un número mágico, el 326, si Theresa May o Jeremy Corbyn alcanza ese número de diputados, será automáticamente primer ministro del Reino Unido de la Gran Bretaña e islotes adyacentes.

2.- Los candidatos. Creo que habría que retrotraerse a comienzos de los 70 para encontrar una pareja de candidatos con menos tirón que Theresa May y Jeremy Corbyn. May, sucesora del suicida convocante del referéndum del 'brexit', David Cameron, es una política a la que el color gris le parecería demasiado frívolo. Su principal valor, o al menos eso es lo que la encumbró como líder de los conservadores y primer ministra fue una supuesta fiabilidad, atributo que ha destrozado en estos pocos meses de campaña cambiando la friolera de nueve veces de opinión sobre temas clave, transformando su supuesta solidez, en una falta de la más mínima consistencia ante los ojos de su propio electorado.

Jeremy Corbyn es el otro extremo, oscuro diputado durante toda su más tierna juventud, ganador sempiterno de un sencillo distrito en el que cualquier laborista hubiera ganado por el solo hecho de serlo, encontró su oportunidad tras la derrota de Miliband ante Cameron con un discurso de izquierda populista en el que tras un proceso de afiliación masiva y escasamente garantista a través de internet dobló el pulso al stablishment laborista y se hizo con la jefatura del partido. A partir de ese momento además de un batacazo histórico en las elecciones municipales, ha perdido prácticamente todas las elecciones parciales a las que el partido se ha presentado, pero ha ganado todas las batallas internas dentro del laborismo con un discurso cada vez más anti-stablishment, populista y radicalmente izquierdista. Acusando a sus compañeros de partido de ser «de derechas», «vendidos al capital» y «traidores al verdadero socialismo», que, al parecer, solo él representa.

Paralelamente, ha ido generando una relación directa y casi mística líder-militante en la que se ha erigido, cual oráculo de Delfos, en único intérprete de esa voluntad, un estilo político muy típico de la Argentina peronista pero que parece que se está poniendo bastante de moda en Europa últimamente. Cosas de la globalización, supongo. Es asimismo necesario recordar que mientras el laborismo clásico encabezado por Gordon Brown lo dio todo en la campaña para que Gran Bretaña permaneciera en la Unión Europea, Corbyn y su equipo realizaron una campaña tibia, casi poniéndose de perfil y transmitiendo al electorado laborista que les daba igual un resultado que otro. Con el resultado conocido.

3.- La campaña. Cuando Teresa May convocó las elecciones, las encuestas le daban una ventaja de 20 puntos ante un desarbolado partido laborista, un paseo militar. Unas pocas semanas después y tras una campaña mediocre e inestable que la señora May ha encarado como un aburrido engorro previo a su segura entronización, las cosas ya no están tan claras.

Una campaña repleta de errores, desmentidos sobre desmentidos sobre su propio programa, ataques a su principal nicho de votantes (los mayores de 65 años) como un enloquecido impuesto que iría contra el patrimonio de los mayores aquejados de problemas mentales como el alzheimer, al que además le pusieron el desquiciado nombre de 'dementia tax', y la propensión de la señora May a no acudir a los debates, mandando secundarios y pensando que ya lo tiene todo hecho, han conseguido que el defenestrado Corbyn, con un programa electoral de los 80 del que no se sabe cómo va a pagar la mitad de las cosas que ha prometido ni cómo va a encarar la salida de la UE, haya conseguido pisarle los talones a base de repetir eslóganes bastante simplones y, sobre todo, de no cometer demasiados errores.

4.- Las encuestas. Tras los dos batacazos consecutivos que se metieron todas las encuestadoras británicas en las elecciones 2015 y en el referéndum del 'brexit', creo que sería más inteligente hacer un resumen de las preferencias de los apostantes en las principales casas de apuestas británicas, pero por hacer un pequeño resumen, diremos que casi todas las grandes empresas recogen una acentuada tendencia de reducción de la ventaja de los conservadores desde los 20 puntos de hace unos meses a una media de 7 puntos y 130 escaños de diferencia, lo que aún significaría una clara mayoría absoluta para el partido conservador. Y he dicho «casi» todas las encuestas publicadas porque hace un par de días, Yougov, una de las empresas más prominentes del sector, y explorando un nuevo método experimental de cálculo electoral, se descolgó con una previsión-bomba de en la que los laboristas se encontraban a solo 3 puntos de los conservadores y estos no alcanzaban la mayoría absoluta. Por cierto, Yougov tampoco pegó una en las elecciones de 2015 ni en el 'brexit'.

5.- ¿Y qué va a pasar? Pues miren, la cosa como ven está complicada y tengo la bola de cristal en el taller, que le están haciendo la revisión de los 5.000 kilómetros, pero lo normal, si Theresa May no comete demasiados errores en estos cuatro días que quedan, es una victoria conservadora y altas posibilidades de que sea con mayoría absoluta, pero con estos bárbaros del norte, cualquiera sabe.

Eso sí, acudan inmediatamente al supermercado y hagan acopio de palomitas de esas de microondas, que la noche del jueves será apasionante.