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El G-20, por el crecimiento global

El G-20, la gran cumbre mundial que reúne desde ayer a los países desarrollados y a los emergentes en la ciudad china de Hangzhou y en la que España es invitado permanente desde 2008, lleva en su agenda una prioridad destacada: relanzar el débil crecimiento global con más dosis de innovación y huyendo del proteccionismo. La presidenta del FMI, Christine Lagarde, ya advirtió la semana pasada al respecto de esta reunión multilateral que el mundo se enfrenta a una mezcla peligrosa de crecimiento débil a largo plazo y aumento de desigualdades, que fomentará el nacionalismo y las trabas al libre comercio. De momento, el TTIP que abatiría las barreras arancelarias entre EE UU y la UE parece ya un intento fallido, si hay que creer en los vaticinios pesimistas del presidente de Francia y del líder socialdemócrata alemán. La cumbre incluye varios ingredientes singulares: se celebra por primera vez en China, lo que reconoce definitivamente el peso político de este país, la segunda gran potencia global. Asimismo, el presidente Obama acude por última vez a este foro, y ha querido hacerlo rubricando con el presidente chino, Xi Jinping, el tratado del Clima de París, que recibe así un impulso histórico. Finalmente, es la primera cumbre tras el 'brexit', que representa un cambio en el sistema global de alianzas: la 'premier' británica, Theresa May, que ha confirmado que el proceso emprendido no tiene vuelta atrás, ha suavizado sin embargo sus términos, al tiempo que ha afianzado con Obama el singular vínculo trasatlántico que liga a Londres con Washington y que constituye uno de los vectores más fuertes de la comunidad occidental. Está por ver si esta reunión, a la que acude el presidente ruso, Putin, abordará con cierta profundidad los asuntos internacionales candentes, con la guerra de Siria en primer lugar, incluidas las tensiones en el mar de China Meridional, donde la gran potencia compite con otros países del Sudeste asiático y da muestras de ambiciones territoriales inquietantes. El próximo relevo en la presidencia norteamericana parece sugerir en todo caso que este G-20 será de transición, sin significativos avances en la gestión de la globalización, que hoy parece débil y fracturada.