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Sanciones, culto a Putin, amenaza nuclear y camisetas

Sanciones, culto a Putin, amenaza nuclear y camisetas
  • La principal preocupación del Kremlin es evitar que el previsible empeoramiento progresivo del nivel de vida de la población se convierta en un factor desestabilizador para el régimen de Putin

La anexión de Crimea y la injerencia militar rusa en el este de Ucrania han tenido como consecuencia unas sanciones que empiezan ya a producir un pernicioso efecto en la economía del país. La principal preocupación del Kremlin es evitar que el previsible empeoramiento progresivo del nivel de vida de la población se convierta en un factor desestabilizador para el régimen de Vladímir Putin.

Para ello, las autoridades rusas están recurriendo a todo tipo de propaganda como contrapeso a los argumentos esgrimidos por la oposición interna y por los países que están aplicando las sanciones. Por lo general, las medidas propagandísticas están calcadas de las empleadas en su día por los comunistas soviéticos. Pero se recurre también a métodos más actuales.

Desde este martes, varios autobuses recorren Moscú repartiendo de forma gratuita "camisetas patrióticas". Llevan estampadas frases alusivas a lo poco que, supuestamente, a los rusos les importan las medidas restrictivas aplicadas por Occidente contra Rusia.

Uno de los modelos de la prenda en cuestión proclama que "los misiles nucleares Tópol no temen las sanciones". La consigna aparece junto a un dibujo de una lanzadera de esos temibles cohetes atómicos.

Otra de las variantes muestra un collar de típicas rosquillas rusas con la notación "nosotros tenemos nuestros propios deleites sin vuestra Coca Cola", bebida que, no obstante, se sigue vendiendo en toda Rusia. Lo mismo sucede con los restaurantes de comida rápida McDonald's, amenazados en un primer momento de cierre, pero abiertos todavía a lo largo y ancho del país.

La distribución de camisetas, que en un principio se había planeado como un canje por las viejas con cualquier referencia a objetos, marcas o banderas de Occidente, se prolongará hasta el 6 de octubre. El 29 de septiembre, los participantes en la iniciativa tienen previsto trasladarse al aeropuerto de Vnúkovo para regalar sus "patrióticos" atuendos a todos los pasajeros que lleguen a la capital rusa.

Nadie ha revelado lo que le va a costar al erario público semejante despliegue, pero la diseñadora Anastasía Zadórina, cuya firma se ha hecho cargo de confeccionar las camisetas (unas 30.000 en una primera tirada) ha hecho su agosto. Para dar más entidad a la campaña, han reclutado celebridades, que muestran sus tatuados cuerpos al cambiarse de ropa a la vista de todos.

Una campaña similar tuvo lugar el pasado mes de junio, pero en apoyo del envío al este de Ucrania de armas y mercenarios. Las camisetas mostraban la imagen de Putin vestido como los insurgentes separatistas de Crimea, Donetsk y Lugansk. Fue una más de las numerosas acciones de culto a la personalidad del máximo dirigente.

Participó poniéndose una de las prendas el actor estadounidense Mickey Rourke. Y tuvo que abonar su importe porque entonces no eran gratuitas. Tal vez por eso no se vendieron masivamente, aunque sus promotores afirman lo contrario y aseguran que fueron un verdadero éxito.