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El polémico pasaporte argentino de Máxima

Máxima ha hecho del naranja, símbolo de la Casa de Orange, uno de sus colores preferidos. :: efe
Máxima ha hecho del naranja, símbolo de la Casa de Orange, uno de sus colores preferidos. :: efe
  • El partido cristianodemócrata holandés pide a la reina que renuncie a su doble nacionalidad en vísperas de las elecciones

Es una de las monarcas europeas mejor valoradas por su pueblo. Sin embargo, Máxima de Holanda no ha conseguido escapar al convulso clima político que vive su país ante las elecciones de hoy. Ayer el líder del partido cristianodemócrata, Sybrand Buma, sugirió que la reina debería devolver su pasaporte argentino. Buma, cuya formación va tercera en las encuestas ante unos comicios marcados por la identidad y la integración de los inmigrantes, apuesta por suprimir la doble nacionalidad.

En una entrevista concedida a la radio pública NPO, fue cuestionado sobre si la norma debería afectar también a la esposa del rey Guillermo Alejandro. «Incluso a ella», sentenció el líder conservador. Las declaraciones del candidato no han tardado en ser contestadas por el ministro de Hacienda. «Hay 1,3 millones de holandeses con doble pasaporte y la mitad son europeos. ¿Qué quiere Buma solucionar con esto?», lanzó.

Lo cierto es que la propuesta del cristianodemócrata suena a brindis al sol para atraerse al electorado xenófobo ante el avance de la ultraderecha. Por mucho que se empeñe, su medida no tendría efecto en el caso de la soberana, puesto que Argentina es uno de los países que no admiten que pierda la nacionalidad alguien que ha nacido dentro de sus fronteras.

No es la primera vez que los orígenes de Máxima Zorreguieta son objeto de polémica en su país de adopción. La economista argentina sufrió duras críticas durante su noviazgo con el entonces príncipe de los Países Bajos por ser hija de un ministro de la dictadura de Videla. La conveniencia de su matrimonio llegó a ser debatida en el Parlamento, pero finalmente se impuso la voluntad del heredero. A cambio, ella tuvo que renunciar a que su padre le acompañara al altar en una ceremonia que fue ecuménica porque los contrayentes profesaban credos diferentes. La negativa de la futura reina a abrazar el protestantismo también fue censurada.

Quince años después, las críticas se han disipado. La reina ha sabido ganarse la calle con su amplia sonrisa y su cercanía y su particular estilo. Su caso es citado en los libros de secundaria como un ejemplo de integración en el capítulo dedicado a la población holandesa. En las pasadas Olimpiadas fueron los argentinos quienes la criticaron por animar «demasiado» a la selección naranja en sus enfrentamientos con la albiceleste. Entonces, la casa real zanjó la cuestión recordando que «la reina es holandesa». Esta vez ha preferido guardar silencio.