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¿Cómo es una cita en First Date?

Carlos Sobera.
Carlos Sobera. / HOY
  • Vivimos una cita en 'First Dates', la fábrica del amor de Cuatro, para ver si el romance es real. Lo es. En noviembre se casa la primera pareja

El show de moda que ha eclipsado tanto al ama de casa como al médico se llama 'First Dates', el programa diario de Cuatro en el que diez extraños se dan cita en un restaurante. El anfitrión y celestino no es otro que Carlos Sobera (Barakaldo, 56 años), que ha cambiado su particular movimiento de ceja por el esmoquin de maître. Él es el primero que nos da la bienvenida en la cita a ciegas que ha tenido este periódico, aunque ya sabemos que es difícil que de este encuentro surja el amor, ya que en nuestro caso vamos de atrezzo (nos han emparejado con otro periodista) para comprobar con nuestros propios ojos que todo es real. Con una pícara sonrisa y metido en su papel de Cupido televisivo, Sobera nos pregunta por nuestras anteriores relaciones y cuál es el prototipo de hombre que buscamos.

«Tan guapo como Matías (el barman argentino que nos acompaña detrás de la barra) y tan cachondo y divertido como tú», le espetamos. «Que se parezca a mí es fácil porque chicos divertidos hay muchos, pero tan, tan guapos como Matías es muy complicado. Es que es muy, muy atractivo», insiste.

Matías nos ameniza la espera con un cóctel bien cargadito. Y de repente aparece nuestra cita. Nos colocan en un lugar privilegiado, la mesa central, para que podamos observar todos los demás encuentros, los reales. Y ahí nos llevamos la primera sorpresa. Ni rastro de un plató convencional. En el restaurante las cámaras se esconden entre las plantas y las paredes. Todo con tal de preservar la magia de una primera vez. La distancia entre las mesas es tan grande que apenas puedes oír a las citas de alrededor. Se nos complica nuestro papel de periodistas infiltrados. No hay más personas que Carlos Sobera, los camareros y los comensales -que ríen, se miran, en algunos casos, o ponen cara de querer salir corriendo, en otros-. Y aunque parece que las mariposillas del estómago no se despertaron en nuestra cita, sí las del hambre. Nos metimos entre pecho y espalda un delicioso tartar de salmón y aguacate, un solomillo y un yogur con frutas. Lidia Torrent, la camarera, nos recargaba los vasos de vino sin parar para que el 'amor' y las risas fluyeran. En total más de una hora y media de agradable velada.

Con el estómago a gusto, tocaba preguntar al resto de parejas qué tal había ido su encuentro. Los hechos hablan por sí solos. Un chico que acaba de salir de la cena se pelea con los de producción porque la llamada de Cupido ha sido tan fuerte que quiere volver en el mismo tren que su chica. Él es de Vigo y ella de A Coruña. Las otras dos citas también quieren un segundo encuentro. El amor ha triunfado.