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El padre picaflor de Cristina

La presidenta argentina, durante una visita oficial realizada a Vietnam en enero del año pasado. :: efe
La presidenta argentina, durante una visita oficial realizada a Vietnam en enero del año pasado. :: efe
  • La presidenta argentina nació de una relación que su madre mantuvo con Florencio Lattaro, «un buen mozo soltero» que no reconocía a sus hijos

Una nueva biografía sobre Cristina Fernández, «crítica pero no destructiva», según la define su autora, sugiere que la presidenta argentina es hija biológica de un hombre que se negó a reconocerla. El flamante libro 'Cristina Fernández. La verdadera historia' sostiene que Eduardo Fernández -que se casó con su madre cuando la pequeña tenía casi seis años- le dio su apellido. El dato podría ser una anécdota más, pero el presunto secreto coincide con un hecho similar que se ocultó mal en la historia de Eva Duarte, esposa de Juan Perón. Cuando resolvió casarse, la pareja más emblemática del peronismo arregló el acta de nacimiento de Evita para agregar al padre. Un tipo que no había reconocido a sus hijos extramaritales.

A diferencia de otras biografías sobre la presidenta, el libro de la periodista y escritora Laura Di Marco fue publicado sin la supervisión de Cristina. Revela que la mandataria nació en la humilde casa de una partera en Tolosa, un suburbio de la ciudad de La Plata, y luego vivió con su madre, una tía y el abuelo en la casa de la familia materna.

Cuando la niña iba a ingresar a la escuela primaria, su madre, Ofelia Wilhelm, se casó con Eduardo Fernández, con quien tuvo a Gisele, su única hermana. La presidenta argentina había explicado en una biografía anterior que sus padres se casaron después de su nacimiento, pero no había dudas acerca de la paternidad de Fernández.

Según diversas fuentes cercanas a su infancia, el padre biológico de Cristina sería un compañero de oficina de Ofelia fallecido en 1972, Florencio Lattaro, «buen mozo, soltero y picaflor», según lo describen para el libro quienes lo conocieron.

«El drama de Cristina es ése, que el verdadero padre no la reconoció. Eso es lo que siempre ha circulado aquí», dice una compañera del colegio secundario Nuestra Señora de la Misericordia. Otras fuentes -inclusive un novio que tuvo Cristina durante cinco años- confirman que el rumor es muy insistente. De hecho, el padre era pelirrojo, muy distinto a ella, sostienen.

En las biografías de Olga Wornat y de Sandra Russo, hechas con la colaboración de la presidenta, no se plantean dudas sobre la paternidad de Fernández. Sí se señala que sus padres se casaron después de su nacimiento, y que Cristina decía que su padre era muy distinto con ella que con Gisele, a la que adoraba.

Breve relación con Boudou

La investigación de Di Marco, que realizó más de sesenta entrevistas durante dos años, trata de mostrar a Cristina «con sus claroscuros». «No es ni la bruja corrupta ni la santa inmaculada. Es una mujer con sus contradicciones, con sus puntos fuertes y débiles, un personaje más complicado que los dos extremos», asegura la autora.

La periodista considera que la jefa de Estado y viuda de su antecesor en el cargo, Néstor Kirchner, es «la figura política más controvertida, atractiva y polémica que surgió en la Argentina en los últimos cincuenta años, después de Eva Perón». Di Marco cree que detrás de la figura avasallante de Cristina hay una mujer con un costado «dependiente, influenciable e inseguro» que está siempre buscando amparo. Desde que enviudó en 2010, se cobijó bajo distintos colaboradores y últimamente su protector espiritual sería el papa argentino, Francisco.

No obstante, le reconoce coraje a la hora de lidiar con hombres fuertes de la política, sobre todo tras la muerte de su esposo, y describe su enfrentamiento con el líder sindical Hugo Moyano, secretario general de la CGT, que pasó de oficialista a acérrimo opositor.

La nueva biografía plantea que Cristina tuvo un origen mucho más humilde que el que ella deja ver, un hecho que -de ser reconocido- podría contribuir, dice, a ensalzar más que a disminuir la epopeya que la llevó a ser dos veces presidenta de Argentina. Fue a una escuela primaria «con chicos pobres o de clase media baja», revela. Ese dato no era conocido.

Cristina prefiere recordar los últimos años de su secundaria en una escuela privada católica, a la que fue después de convencer a su madre, que debió conseguir una beca. También logró que su padre le hiciera socia del tradicional Jockey Club, donde conoció a un deportista de familia adinerada.

La hipótesis de Di Marco es que Cristina trató de construirse un pasado lustroso. Pero arrastra una inseguridad que apenas compensó junto a su esposo. «El lazo de dependencia emocional que mantuvo con Néstor durante treinta y cinco años era un cordón umbilical», describe la autora.

La periodista cuenta también que la presidenta tuvo una «breve relación» con su vicepresidente, el controvertido Amado Boudou, procesado en causas de corrupción. Ese vínculo habría terminado después de que se interceptara una comunicación en la que el vicepresidente decía frases hirientes sobre ella, como «la gorda ya está molestando de nuevo» y «yo la manejo».