A vueltas con la Ley de la Dehesa

Este ecosistema extremeño se encuentra en la segunda mitad de su vida. Si no la regeneramos con nuevas encinas, en 200 años desaparecerá

GERMÁN PUEBLA

Extremadura es dehesa, 1.450.000 hectáreas, un tercio de toda la dehesa española. La exposición de motivos del Anteproyecto de Ley de la Dehesa ya nos avanza el criterio que se pretende seguir. Dice textualmente que «la dehesa ibérica constituye un paisaje de excepcional diversidad vegetal y faunística» y aunque desde una óptica ajena al sistema pudiera considerarse así, lo cierto es que la dehesa se conforma en base ganadera, sin rodeos ni subterfugios, buscando siempre la optimización de los aprovechamientos de bellota y pastos con un criterio productivo.

Nos encontramos ante un error de concepto que aunque pudiera parecer baladí, en absoluto lo es. El bien jurídico protegido debiera ser siempre la explotación ganadera que trae como consecuencia el incomparable paisaje de dehesa y no sensu contrario. El paisaje de la dehesa no es fruto del devenir de la naturaleza, es la consecuencia de una actuación del hombre sobre el bosque para conseguir la productividad del sistema.

Este, a nuestro parecer, concepto erróneo al que se pretende dar rango legal, convertiría la dehesa en un «aprovechamiento ganadero vigilado» donde el ganado daña más que beneficia y debe subordinarse a todo lo demás o bien, arriesgarse a sufrir las sanciones millonarias que establece el anteproyecto…inaudito.

Es de destacar además, abundando en lo anterior, que este concepto pernicioso y totalmente alejado de la realidad, de considerar la dehesa como un bosque sagrado e intocable, fue el que durante muchos años se hizo valer ante la Unión Europea y como consecuencia de ello, perdimos el tren de la soñada PAC…

Con todo lo anterior y para conseguir su objetivo intervencionista, el anteproyecto establece toda una serie de organismos, controles y obligaciones, además de sanciones, que distorsionan y desvirtúan el tradicional y centenario aprovechamiento ganadero que ha traído a la dehesa hasta nuestros días como un sistema admirado por todos.

Una vez analizado el anteproyecto en su motivación, fundamento y medidas que lo acompañan, deberemos hacer mención a sus carencias y a una fundamentalmente, la falta de respuesta a los graves problemas que hoy por hoy hacen peligrar el sistema. La falta de regeneración, la seca y la tuberculosis. La falta de regeneración es patente y no se puede achacar al aprovechamiento ganadero, por ser, como hemos visto, consustancial al sistema. Hay que buscar medidas eficaces con dotación económica real, a través de la densificación o protección del regenerado, tal y como se hace, por poner un ejemplo cercano, con la reconversión del viñedo. La dehesa extremeña se encuentra en la segunda mitad de su vida, si no la regeneramos con nuevas encinas, en 200 años desaparecerá.

Si la falta de regeneración es patente, la enfermedad de la seca es una realidad alarmante. Según un reciente estudio piloto realizado por Tragsatec para la investigación extremeña, y analizada una superficie de 161.000 hectáreas descriptivas de toda nuestra dehesa , existe un foco de seca cada 68 Has, casi un 5% de superficie afectada. Falta completar el mencionado estudio sobre toda la dehesa extremeña, pero si extrapolamos el dato llegaremos a una conclusión más que alarmante, al menos tres millones de encinas en peligro y 75.000 hectáreas afectadas, y lo peor, con un crecimiento exponencial sin solución a la vista…

Pero por si lo anterior fuera poco, la dehesa se encuentra con otro problema difícil y complicado, la tuberculosis, una enfermedad que ataca su propia esencia, el ganado, que le da causa y valor.

En definitiva y a modo de conclusión, la legislación que regula la dehesa ya es suficientemente ardua y en materia de protección, reiterativa. La justificación de una ley de la dehesa ad hoc, solo podría venir de la mano de una intención clara y determinada que potencie y promocione la dehesa como el sistema ganadero extensivo que es, que promocione sus productos con una marca que los diferencie en base científica de los que tienen su origen en sistemas intensivos, una Ley que establezca soluciones a los problemas descritos, tanto soluciones de índole económica, donde se garantice un porcentaje fijo de nuestro presupuesto autonómico, como de índole científica, estableciendo el compromiso e implicación fehaciente, determinada y obligada de nuestra investigación agraria para con la resolución de los gravísimos problemas que ponen en peligro, y cada día más, la propia existencia de la dehesa

Esta y no otra es la ley que quiere el sector, la dehesa llegó a nuestros días por ellos y por su trabajo y esfuerzo. Leyes como la pretendida, sin consenso de tipo alguno, intervencionista e innecesaria, solo hacen peligrar el sistema, un sistema centenario, fuertemente unido por múltiples lazos a todos los extremeños.

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