«El 21-D voté al PSC por disciplina, si no lo más probable es que hubiera votado a Ciudadanos»

Celestino Corbacho, en su casa de El Vendrell./MARCEL-LI SÁENZ
Celestino Corbacho, en su casa de El Vendrell. / MARCEL-LI SÁENZ
Celestino Corbacho | Exministro de Trabajo con Rodríguez Zapatero y exmilitante del PSC

La posición del PSC ante el independentismo le ha hecho abandonar su militancia de 41 años. El valverdeño, que fue ministro y gobernó Hospitalet, habla de los estragos del 'procés'

Antonio Tinoco
ANTONIO TINOCO

En su tono de voz se aprecia amargura. No en vano, la situación de Cataluña pasa por unos derroteros sobre los que está en radical desacuerdo y, como consecuencia de ella, le ha hecho renunciar a una de sus señas de identidad: su militancia en el Partido Socialista de Cataluña, que abandonó el pasado enero después de 41 años en él. Celestino Corbacho Chaves (Valverde de Leganés, 1949) fue, bajo las siglas del PSC, 14 años alcalde de Hospitalet de Llobregat, pilotando una de las transformaciones urbanas más notables de nuestro país hasta convertirla en la segunda localidad más poblada de la comunidad. También fue presidente de la Diputación de Barcelona y ministro de Trabajo con José Luis Rodríguez Zapatero. En esta entrevista pinta una desesperanzada visión de Cataluña, de manera que no ve caducidad a la fractura social, de la que habría que salir con un acuerdo entre catalanes, para el que no ve el necesario liderazgo en los partidos. Sí expresa, en cambio, sus simpatías por Ciudadanos y Arrimadas, a quien le atribuye el mensaje constitucionalista claro que millones de catalanes necesitan oír.

-¿Es usted una víctima del 'procés'?

-No, no me considero así.

«Mucha gente que está con la Constitución no tiene confianza en el PSC. Pesa el recuerdo del tripartito»

-¿Pero si no hubiera existido el 'procés' se hubiera salido del Partido Socialista de Cataluña (PSC)?

-Seguramente no, porque en ese caso significaría que seguiríamos discutiendo la política sobre presupuestos ideológicos, como se hace en condiciones normales. Yo no he abandonado mis pensamientos socialdemócratas y en la medida en que no los ha abandonado el partido no me habría marchado de él.

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-Por eso le preguntaba si no ha sido víctima de todo lo que ha ocurrido. El 'procés' ha expulsado del PSC a gente como usted.

-Pero víctima no me siento. En la vida hay que tomar decisiones en razón de tus convicciones. En mi caso ha sido una decisión compleja. Hágase cargo de que he militado más de 40 años en esta organización política. Eso no se borra así como así. Yo me siento muy orgulloso de haber pertenecido al Partido Socialista y además estoy enormemente agradecido a los militantes que se comprometieron con el proyecto que me tocó representar y a los electores que me eligieron. Además, he llegado a donde no imaginaba: desde alcalde, a presidente de la Diputación y a ministro de España.

-Alguna vez ha elogiado lo que ha hecho Ciudadanos en Cataluña, de modo que en torno a usted hay un rumor que va y viene y no termina de aclararse: ¿va a entrar en Ciudadanos o no?

-Yo no me he dado de baja en el PSC para entrar en ningún partido. Así de claro. No lo contemplo ni siquiera en un futuro lejano. Pero, dicho esto, no me retiro del interés por la política porque lo llevo en mi ADN. Y siempre que pueda opinaré. ¿Dónde? Allí donde se me pida opinión.

«¿Quién daba más garantía de oponerse a la independencia? Inés Arrimadas y Ciutadans»

-Su mujer, en las últimas elecciones, votó a Ciudadanos...

-Mi mujer dejó el PSC en 2015 y decidió que, para lo que se estaba discutiendo en Cataluña, la opción que más garantías le ofrecía era Ciutadans. Además, expresó una corriente de simpatía hacia Inés Arrimadas. Fue a un acto en el que Inés Arrimadas y Albert Rivera le dieron las gracias por haber ido. Ella no se debió equivocar cuando más de un millón de personas cogieron la misma papeleta.

-El voto es secreto, pero me lo pone en bandeja, señor Corbacho: ¿usted también cogió esa papeleta?

-No porque yo en ese momento estaba todavía sometido a la disciplina del PSC, pero si durante las elecciones hubiera estado en la situación en que estoy ahora probablemente la hubiera cogido.

-¿Sí?

-Por supuesto. ¿Qué se estaba discutiendo en Cataluña en las elecciones del 21 de diciembre? No quién era más o menos de izquierda o de derecha. La discusión era si tú estabas a favor o en contra de la independencia. ¿Quién daba más seguridad y garantía en contra de la independencia? Ciutadans. Porque siempre ha tenido la misma posición contraria a la independencia, y la prueba está en que ese partido es la bestia negra de los independentistas.

-Es decir, que en las próximas elecciones votará a Ciudadanos.

-No lo sé (risas). Sí tengo claro que jamás votaré a un partido independentista. Escucharé a los no independentistas, pero apoyaré al partido del que esté seguro que mi voto contrario a la independencia no se va a gestionar con dudas.

-De sus palabras se desprende que, políticamente hablando, Arrimadas le ha 'robado' al PSC uno de sus tesoros: el apoyo de la gente constitucionalista.

-Eso es obvio. El partido socialista ha tenido siempre una media de 900.000 votos, alguna vez incluso más. Ahora tiene 500.000. ¿Adónde se han ido los 400.000? Si Ciutadans tenía medio millón y ahora sobrepasa el millón y los 400.000 que ha perdido el PSC no se han quedado en casa... pocos cálculos hay que hacer. Mire lo que ha ocurrido en l'Hospitalet: desde 1977 el PSC había ganado siempre las elecciones, fueran del signo que fueran. Pues bien, el 21-D, Ciutadans le ha sacado 15 puntos al partido socialista. Es que no hay vuelta de hoja.

«Dentro de 15 años habrá los mismos bloques. Hay que buscar un acuerdo de mínimos entre catalanes»

-¿Tan grande ha sido la desnaturalización del socialismo en Cataluña?

-Yo no hablaría en esos términos si nos referimos al punto de vista ideológico, pero es verdad que desde hace tiempo viene manteniendo una posición ambigua en relación al nacionalismo. El PSC siempre pensó que tenía que beber de dos fuentes: la del constitucionalismo y la del catalanismo. Mientras la independencia no estaba encima de la mesa, ese espacio dio buen resultado, pero cuando llega el momento en que hay que posicionarse con claridad, hay mucha gente constitucionalista que no ve en el PSC el partido de su confianza. En la memoria de muchos catalanes está que el partido socialista gobernó con Esquerra Republicana en el famoso tripartito. Eso pesa porque la gente piensa: «este partido gobernó con los independentistas, ¿quién me dice que no lo volverá a hacer en el futuro?»

-En un plano más de teoría política: ¿qué le ha pasado a la izquierda para que caiga en las redes del nacionalismo?

-A la catalana le ha pasado que el nacionalismo es muy fuerte en Cataluña. El propio nacimiento del PSC, en el año 1978, surgió de la fusión entre la fuente socialdemócrata e internacionalista y la catalanista, de fuerte sentimiento identitario. Pero mientras el nacionalismo no ha dado el paso al independentismo duro era hasta cierto punto lógico que el PSC intentara ser un referente para sectores catalanistas. Pero en un momento en que las cosas son blancas o negras, hay que decidir en qué parte te colocas.

«El castellano no está marginado. La vida en Cataluña sucede más en castellano que en catalán»

-Usted ha dicho que el día que la Constitución incluya el derecho a la autodeterminación España desaparece. ¿Cómo podemos solucionar entonces el problema de Cataluña?

-En primer lugar, no creo en el derecho a la autodeterminación, que sólo lo contempla la Constitución de Etiopía. No creo en él por socialdemócrata y por europeo. El reto de Europa hoy es cómo pasar de una unidad política formal a una efectiva. Todo eso es muy complicado desde 27 Estados-nación. Con procesos de secesión, el proyecto europeo es sencillamente imposible. En segundo lugar, el problema de Cataluña se tiene que solucionar, antes que en ningún sitio, en la propia Cataluña. Hoy es una comunidad dividida en dos mitades. Por tanto, la primera obligación es superar esa división. Es el gran reto de todos los partidos catalanes: buscar el mínimo común denominador en que estén de acuerdo el 80% de la población catalana. Sería a partir de ese momento cuando habría que plantear si ese acuerdo entre catalanes es encajable en la Constitución sin modificación o con algún ajuste. Por tanto, lo primero es encontrar un proyecto que una a los catalanes, porque la independencia es evidente que no lo consigue.

-Creo que el conjunto de los españoles tiene una idea positiva de la sociedad catalana: gente emprendedora, imaginativa, con un alto grado de desarrollo. En ese contexto es difícil comprender cómo votan a unos políticos que les han engañado tan palmariamente y que han fracasado en el proyecto que les vendieron. Y ese engaño es mayor cuanto más independentista sea el votante. ¿Usted tiene una explicación para esto?

-Lo que creo que ha pasado en Cataluña es que las ideologías tradicionales están dejando de ser referencia para dirimir mayorías y se está imponiendo el voto por identidad, de manera que conceptos como constitucionalismo o independentismo son más inamovibles porque obedecen a la lógica de las convicciones. ¿Qué ocurre ante unas elecciones? Que un elector constitucionalista puede moverse de un partido a otro constitucionalista pero sin abandonar el constitucionalismo. Y lo mismo ocurre con el elector independentista. Lo que no sucede es que haya votos que vayan de un bloque a otro.

-¿Quiere decir que los bloques van a seguir igual en el futuro?

-Soy pesimista. Yo creo que dentro de 15 años seguiremos como ahora. Si dentro de cinco meses hay elecciones, no creo que los resultados sean muy diferentes a los que tenemos ahora.

-Pero esta tensión es difícil de sostener en el tiempo. La energía se agota.

-Vuelvo a lo que le decía antes: los bloques no van a cambiar, lo que sí puede cambiar es el compromiso de las fuerzas políticas por encontrar, sin abandonar su bloque, ese común denominador que haga avanzar. Ojalá ocurra, aunque falta liderazgo para entender que la confrontación política es buena, pero que la necesidad de pacto también lo es.

MARCEL-LI SÁENZ

-Usted es un ejemplo de integración: llegó con 13 años a Cataluña, en ella ha hecho una gran carrera política, habla con naturalidad el catalán...¿Cree usted que un niño de Valverde de Leganés que llegue con 13 años a la Cataluña de hoy puede tener las mismas oportunidades de integración que usted?

-El fenómeno de división que hay en Cataluña no afecta a toda la sociedad. Ahora mismo hay mucha visibilidad de la posición política de cada cual. Hace un par de años sólo se veían en los balcones banderas esteladas, ahora las hay pero también muchas españolas... Esa confrontación de símbolos, afortunadamente y esperemos que siga así, no se ha traducido en un enfrentamiento entre grupos. Es verdad que la división la están sufriendo los ámbitos más cercanos. Conozco gente que ha limitado sus reuniones familiares o que se han comprometido a no tocar 'el tema'. En mi caso no hemos llegado a eso porque mi entorno no es independentista, pero sí con algunos conocidos nos hemos bloqueado el whatsapp.

-¿Y qué pasa con el idioma catalán? ¿Es verdad que se impone sobre el castellano en Cataluña o no?

-Creo que el catalán necesita y sigue necesitando impulso de la administración. No es porque ya tenga dificultades para subsistir, sino para tener su espacio. No veo al castellano marginado en Cataluña. La vida sucede más en castellano que en catalán. No se habla de un factor determinante sobre esto, que es el mando a distancia de la tele: los catalanes tenemos una oferta televisiva de, pongamos, 80 canales, de los que solo tres son en catalán. Si vas a un cine, mayoritariamente las películas son en castellano; si vas al kiosco, mayoritariamente los diarios y revistas son en castellano...Y la vida social diaria, la de la gente, común, transcurre mayoritariamente en castellano. En este sentido, no está marginado. En absoluto. La clave del futuro no es contraponer un idioma sobre otro, sino verlo como lo que es, un factor de riqueza. Si lo planteamos así podemos hablar en qué situación concreta necesita reforzarse el catalán y en qué el castellano, pero la confrontación me parece negativa.

-Pero hay un reproche de los hablantes castellanos que parece lógico porque establece una situación de desigualdad: alguien que no domine el catalán no puede trabajar en la Administración catalana, pero un catalán sí puede hacerlo en la administración, por ejemplo, extremeña en condiciones de igualdad, como es lógico.

-Cuando la exigencia se universaliza se puede convertir en injusta. Es injusto pedir el catalán a un cirujano o a un jardinero porque el idioma no es el elemento principal, pero si está en un mostrador atendiendo al público parece necesario conocer las dos lenguas en que el ciudadano puede dirigirse a usted. Depende del puesto de trabajo.

-Usted visita con frecuencia Valverde de Leganés y conoce que el Estatuto, ahora que se cumplen 35 años de su aprobación, ha venido bien a Extremadura pero no ha sido suficiente para sacarla del furgón de cola. ¿Cómo juzga la evolución de nuestra región?

-Suelo ir cada año y medio o así a Valverde y como a veces uno puede hacerse una idea de lo general viendo lo pequeñito, veo a la región a través de mi pueblo, donde se ha producido una transformación muy notable, en la que creo que tiene mucho que ver el magnífico alcalde que es Baldomero Jimeno. Pero también he visto el gran cambio en las infraestructuras viarias que ha tenido Extremadura, aunque el sistema ferroviario es del siglo XIX. Yo veo Extremadura con confianza.

-Sin embargo hace unos pocos días, HOY publicaba que de Extremadura se van 200 jóvenes cada mes.

-Pero eso es un fenómeno que no sólo afecta a Extremadura. Tiene que ver con la nueva economía. Ahora estamos dedicando a la economía de la innovación menos que en 2009. Mientras España no haga un esfuerzo por la nueva economía, nuestros jóvenes, extremeños o no, se irán.

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