Veraneando en Chipiona desde el año 78

Alonso, en la avenida de Jerez, con su ejemplar de HOY en la cesta de la bici./ ANTONIO ARMERO
Alonso, en la avenida de Jerez, con su ejemplar de HOY en la cesta de la bici. / ANTONIO ARMERO
EXTREMEÑOS EN LA PLAYA

La localidad gaditana bulle estos días, en gran modo gracias a los extremeños

Antonio J. Armero
ANTONIO J. ARMEROCHIPIONA

Si las cámaras de fotos registraran los olores –todo se andará–, la escena no la dominaría el faro marinero de la derecha, que es el más alto de España (72 metros), ni los pacientes pescadores acodados en el rompeolas a la izquierda, sino el olor a porro. El que se fuma la chica tatuada mientras pasea a su perro sin collar.

La chica se cruza con yernos-sherpa acarreando neveras portátiles; con niños que van haciendo planes playeros en voz alta; con señoras vestidas de colorines cargando bolsas de autoservicio por encima de sus posibilidades; con autóctonos y asimilados con y sin cigarrilo que también toman el aire junto a sus perros.

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A las once y media de la mañana, el paseo marítimo de Chipiona (19.095 haibtantes censados) es un apacible microcosmos costero. Aún falta un rato para poder tomar esa otra foto: la de la ristra kilométrica de sombrillas en la playa de Regla, donde un día soleado de julio hay entrada de barrera, contrabarrera, balconcillo, tendido, grada y andanada.

Cuarta, quinta, sexta línea de toallas... En la playa ya no se ven balones azules de Nivea, y aunque la sofisticación ha llegado también al sector de las sombrillas, estas, en esencia, se parecen mucho a las que usaban los abuelos. Se aprecia bien al pararse y mirar el desfile por la avenida de Jerez de Chipiona, que es como una pasarela Cibeles playera.

Ahí, en el quiosco que está a diez pasos del monumento de la luz, se para a comprar el HOY José Alonso (74 años recién cumplidos, nacido en Cáceres y residente en Badajoz). «En 1977 –recuerda–, mis padres se compraron un piso aquí, en el edificio Pleamar, y desde el año siguiente veraneo en Chipiona».

Treinta años después de que lo hiciera su padre, él siguió el ejemplo y se compró su propio piso. En primera línea de playa. «Esto es un privilegio», resume Alonso, al que cuatro décadas repitiendo destino veraniego le conceden cierta autoridad para opinar sobre la plaza.

José Alonso siguió el ejemplo de su padre y se compró un piso en la playa, con vistas al mar

«Chipiona debería preocuparse un poco más por los forasteros –resume–. La ciudad no está limpia, faltan parques y jardines, está un poco abandonada». ¿Estaba mejor antes, hace unos años? «Posiblemente, porque éramos menos turistas –reflexiona–. Ahora esto es horroroso durante los dos meses de verano. Es complicado reservar mesa en un restaurante los fines de semana, y aparcar es una aventura».

Esto explica que él se mueva en bici o andando. El coche lo deja para ir a Sanlúcar o Rota y poco más, detalla Alonso, que ha dedicado su vida profesional a la empresa familiar de prefabricados de hormigón, y que este año se ha instalado en la localidad gaditana antes de lo habitual.

«Mi mujer –explica– se jubiló a finales del año pasado. Antes veníamos un mes en verano y en los puentes, pero este año nos hemos venido a finales de junio y creo que nos quedaremos hasta la Virgen de Regla, que se celebra el mismo día que la Virgen de Guadalupe (el 8 de septiembre), la patrona extremeña».

El guión vital de sus días chipioneros suele comenzar «a las 9 o las 10 de la mañana, con un paseo hasta Las Tres Piedras, de hora y cuarto u hora y media, según la marea esté alta o baja –cuenta–. Luego salgo a hacer compras o encargos. Este año he bajado poco a la playa porque hemos estado haciendo arreglos en la casa. Y por la tarde, salimos a tomar el fresco». Y así transcurre su verano. La vida plácida.

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