Vara supera a Puigdemont

Los Presupuestos de la Comunidad Autónoma de Extremadura para 2018, pactados entre PSOE y Podemos, traen un recorte del 4,4% con respecto al año anterior en materia de empresa. Y los datos de la Intervención General de la Junta, a cierre del tercer trimestre de 2017, reflejan esa realidad restrictiva para el sector empresarial extremeño, con una ejecución del 28% en las inversiones y un 12% en las transferencias de capital

JOSÉ ANTONIO MONAGO TERRAZAPresidente del PP de Extremadura

Esta semana la prensa nacional se hacía eco de un dato revelador, la creación de empresas ha caído un 14,3 % en Cataluña por el «procés». En Extremadura, sin «procés», hemos caído el doble. Es la mayor caída del país frente a una subida de un 1,5% en el conjunto nacional. Vara ha conseguido ganar a Puigdemont en su carrera de destrucción de empresas. ¿Alguien tiene una explicación para este desastre? ¿Alguien ha puesto el acento en esta noticia? ¿Alguien del gobierno ha asumido alguna responsabilidad?

Nuestras empresas sufren y cierran, y no es por casualidad. Nada es casualidad cuando se fijan como preferencias medidas que ya han fracasado, cuando se sobrevive inmerso en un modelo económico en blanco y negro que no se sostiene o cuando se incumplen ofensivamente los compromisos de inversión. Nada es casualidad, porque mientras Cataluña vive la peor crisis política de su historia, Extremadura ha vuelto a las políticas de 30 años de historia socialista que nos han colocado en los últimos puestos en todos los índices de progreso y bienestar.

Por eso corren malos tiempos para el sector privado en Extremadura, por eso las empresas y los autónomos no encuentran en nuestra región ninguna señal que indique que soplan, como en el resto de España, vientos de recuperación. Por eso, según los principales servicios de análisis, no sólo somos la región que menos crece y menos crecerá en 2018 y que se situará en estos dos años a la cabeza del paro. Por eso perdemos empresas y perdemos autónomos. Según los últimos datos de paro registrado, hoy tenemos 509 autónomos menos autónomos menos que al principio de la legislatura.

En lo que va de año, se han constituido en Extremadura 128 empresas menos que el año pasado y estamos ante los peores datos acumulados de empresas constituidas en la región desde el año 2009. Por eso la creación neta de empresas desciende un 20,6% y es la peor cifra acumulada en los últimos cuatro años. Por eso, Extremadura es la región menos competitiva fiscalmente de toda España.

Por cierto, de un total de 3.004 compañías que ya han trasladado su sede social de Cataluña a otras regiones de España ninguna lo ha hecho a Extremadura. ¿Para qué iban a venir? ¿Para pagar más impuestos que nadie? ¿Para encontrar un ecosistema dependiente de un gobierno que no va a ceder nunca el protagonismo al sector privado?

Cuando las empresas no son la prioridad se nota y los números siempre nos lo cantan. Ante la situación que les he descrito, ¿saben en cuánto ha aumentado el gobierno socialista la partida dirigida a políticas de Empresa? No aumentan, bajan. Los Presupuestos de la Comunidad Autónoma de Extremadura para 2018, pactados entre PSOE y Podemos, traen un recorte del 4,4% con respecto al año anterior en materia de empresa. Y los datos de la Intervención General de la Junta, a cierre del tercer trimestre de 2017, reflejan esa realidad restrictiva para el sector empresarial extremeño, con una ejecución del 28% en las inversiones y un 12% en las transferencias de capital.

Las empresas son imprescindibles porque son los motores del crecimiento y el empleo que han hecho posible dejar atrás la crisis; fijan población en los municipios, abren el abanico de oportunidades en materia laboral y mejoran los servicios que se prestan al conjunto de los extremeños.

El PSOE no entiende que el bienestar no es posible si no aumenta el número de empresas, si no crecen los autónomos, si la afiliación a la seguridad social se estanca, si no aumentan los contribuyentes que deben respaldar las pensiones, si no mejora el poder adquisitivo de las familias a través del empleo, si no se estimula el consumo. Los derechos sociales y los servicios básicos dependen de la buena salud del sector privado, guste o no a la izquierda. Es un hecho incontrovertible.

En cambio, ése no es el modelo que prima en Extremadura porque se asume, por parte de la Junta y sus socios de Podemos, que Extremadura no se está haciendo ni se va a hacer a la medida de las oportunidades para autónomos y empresas. El dinero público no puede servir para regar tiestos de votos cautivos, con subvenciones por goteo para los que están cuando se les necesita, cuando huele a urnas.

En lugar de una estrategia, en Extremadura hay un ‘modus operandi’ con un efecto nocivo para el desarrollo de la región, es un cerco sanitario a la actividad empresarial. Todo esto ocurre cuando lo importante se deja en un tercer plano, cuando no se quiere aplicar un plan industrial aprobado por consenso en la anterior legislatura. Para qué cambiar, dirán algunos, si «así nos va bien».

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