Unidad sin entusiasmo

La integración en el PSOE depende de la capacidad de su Ejecutiva para implicar a todos en la tarea común

Las rupturas traumáticas de los partidos no son fáciles de reparar, y el PSOE, que al menos ha alejado el fantasma de la escisión que planeó en un cierto momento sobre su futuro, ha iniciado en este 39º Congreso una ardua labor de reunificación que, por lo que parece, cuenta con la buena voluntad de la mayoría, aunque no haya, como es natural, demasiado entusiasmo en los gestos. Por suerte para el PSOE, las diferencias que provocaron la crisis eran más estratégicas que ideológicas, por lo que no será demasiado difícil conseguir un cierto consenso en los programas. Y en lo que hubo aparente discrepancia, como la cuestión nacional ligada al conflicto de Cataluña, la mayoría capitaneada por Pedro Sánchez ha explicado ya satisfactoriamente la plurinacionalidad que ayer fue definitivamente implementada y que en un primer momento generó susceptibilidades: Rajoy, desde París, elogiaba el viernes sin rodeos la firmeza de Sánchez al defender en términos inequívocamente constitucionales un único Estado y una única e indivisible soberanía nacional, lo que cierra rotundamente la puerta al llamado derecho a decidir. La nueva Ejecutiva estará formada por personas de la estricta confianza de Sánchez, algo natural después de la anterior rebelión que lo dejó en minoría. En realidad, la integración no depende de esta cuestión sino de la capacidad del partido para implicar en adelante a todos en la tarea común. Sí es relevante, además, el hecho de que haya prescindido de los barones territoriales en la nueva Ejecutiva (había diez en la anterior, y le plantaron cara desde el primer momento), ya que ello evita confusiones inconvenientes: el PSOE tiene vocación federal pero no confederal, y el partido como tal tiene que servir sobre todo a los intereses generales. Los autonómicos habrán de canalizarse a través del consejo territorial, una especie de senado que presidirá el extremeño Fernández Vara. Algunos reencuentros, como el que ha tenido lugar entre Sánchez y Zapatero, han sido tensos pero correctos, y todo indica que un nuevo PSOE echará a andar con aplomo y consistencia. Vienen tiempos difíciles, y será por ello muy necesario que los grandes partidos reafirmen sus compromisos con los principios fundacionales del sistema, sin dejarse impresionar ni por los ímpetus disgregadores ni por un populismo en baja.

Fotos

Vídeos