El tren portugués, despacito

Automotor Badajoz-Entroncamento a punto de partir. :: A. T./
Automotor Badajoz-Entroncamento a punto de partir. :: A. T.

Lisboa saca a concurso el tramo Évora-Elvas, el más largo en 100 años

J. R. Alonso de la Torre
J. R. ALONSO DE LA TORRE

El primer ministro portugués, António Costa, declaró la semana pasada al diario español ABC que el tren de alta velocidad «é un tema tabú na política portuguesa e assim será por muito tempo». En Portugal, el TGV (ellos prefieren las siglas francesas para referirse a la alta velocidad ferroviaria) ha sido desde finales de los 80 una de las singularidades que diferenciaban a la izquierda de la derecha.

En 1988, el entonces primer ministro Cavaco Silva presentó un plan para cerrar líneas deficitarias y modernizar otras, pero ni hablar del TGV. Y sí, se cerraron 758 kilómetros de vía férrea, pero casi no hubo modernización en el resto. Entre 1995 y 2002, el gobierno del socialista António Guterres propuso impulsar el TGV, pero no dio tiempo, en realidad lo que hizo fue cerrar otros 50 kilómetros.

El gobierno de Durão Barroso (2002-2004) prometió alta velocidad a lo grande: de Lisboa y Oporto a Galicia, a Faro y a Madrid por Évora. Nada se hizo. Después llegó José Sócrates (2005-2011) y retornaron las promesas de la alta velocidad entre Lisboa y Badajoz, que fueron más bien agua de borrajas. Y si con los gobiernos socialistas de Durão y Sócrates y del conservador de Barroso mucho se prometió, pero nada se hizo, la llegada al poder de Passos Coelho (2011-2015) acabó con los sueños del tren rápido transfronterizo. Cerró incluso una línea más en el Alentejo (Beja-Funcheira) tras la clausura de las que unían Portalegre con Elvas y con Estremoz.

En uno de los debates peninsulares 'Ágora' que se celebraban en Extremadura, recuerdo que algunos conferenciantes portugueses reconocían que el nacionalismo conservador luso prefería invertir en un nuevo aeropuerto en Lisboa antes que en una línea de alta velocidad de Lisboa a la frontera. La razón era pintoresca: para ir a Europa, mejor volando que pasando por España.

El resultado de este desprecio portugués por el tren llevó a una situación muy particular con la que se encontró el actual gobierno de António Costa al tomar posesión: según datos del diario lisboeta Público, en 1988, había en Portugal 3.608 kilómetros de vía férrea; 30 años después, hay 2.546. En cuanto a las autopistas, se ha pasado de 687 kilómetros en 1995 a 11.108 en 2017. Y un dato curioso: Portugal es el único país de Europa donde hay más kilómetros de autopista que de ferrocarril.

¿Qué pasa en el tren portugués con la «geringonça» de izquierdas en el poder? Pues que la situación está cambiando, aunque muy lentamente. Hace dos años, se presentó un nuevo plan ferroviario (Ferrovia 2020). Proponía actuar en 1.193 kilómetros de vías férreas: se crearían 214 kilómetros nuevos y se modernizarían 921 kilómetros. Y algo se está haciendo, por fin, pero con una exasperante lentitud. A estas alturas, deberían estar todos los proyectos en obras y algunos concluidos, pero solo se avanza en 79 kilómetros de la línea del norte.

Centrándonos en lo que nos interesa, en Extremadura podemos empezar a ser algo optimistas. Más allá del dato simbólico de haberse reanudado la comunicación ferroviaria Badajoz-Entroncamento con un humilde automotor, lo cierto es que el ministro de 'Planeamento', Pedro Marques, anunció el pasado jueves, en el Parlamento portugués, que en marzo saldrá a concurso la construcción del tramo más largo de línea férrea de los últimos 100 años en Portugal: los 78 kilómetros entre Évora y Elvas.

Esta decisión, si por fin se sustancia, significaría un avance fundamental en la relación Badajoz-puerto de Sines y Lisboa por tren. Se trata de un tramo histórico: es incomprensible que desde Évora hasta la frontera no haya habido nunca ferrocarril. Tras estos 78 kilómetros, solo faltarían los 11 kilómetros del tramo Évora-Évora Norte y la modernización de los 9 kilómetros de Elvas a Caia. Esos 20 kilómetros deberían haberse inaugurado en diciembre, pero tardan: en el tramo de Évora por la oposición vecinal y en el de Elvas porque, bueno, las cosas del tren en el 'Extretejo' van despacito.

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