Traduciendo a Rajoy

Traduciendo a Rajoy
Tomás Martín Tamayo
TOMÁS MARTÍN TAMAYO

Ni el traductor de Google puede lograr semejante proeza, Rajoy es más difícil que el zulú o el tagalo y a los académicos de la RAE no los veo debatiendo para ofertar un diccionario coherente con los galimatías del pertinaz. Pero tenemos lo que tenemos y no es posible ignorar a quien, a pesar de todo, de su dislexia argumental, de la corrupción que ladra en sus alrededores, de su torpeza verbal e incumplimientos grotescos, sigue siendo presidente del Gobierno. Hemos pasado de Zapatero a Rajoy, lo que no mata engorda, aleluya.

Seamos optimistas, ya solo podemos mejorar. Incluso los desmemoriados recordamos que a Carlos III le debemos la Puerta de Alcalá, pero dentro de 250 años ¿qué puerta recordará a Rajoy? Creo que es un personaje que, siendo absolutamente prescindible en la vida pública, se ha hecho imprescindible por una consistencia granítica, que agota incluso a los atletas que lo escoltan en sus caminatas. Acabará siendo un estorbo, una rémora a corto plazo para el Partido Popular, porque lo va a dejar como Zapatero dejó al PSOE, pero dotado de una voluntad con la que es capaz de subir en canoa y a remos la catarata del Niágara, no habrá torrentera que lo amilane. Monterroso podría escribir que «cuando llegaron los marcianos, Mariano todavía estaba allí».

Ahora ha visitado Extremadura, donde ha degustado buen jamón, buen queso y pitadas de jubilados que le gritaban eso tan doloroso de «¡Rajoy, nos vemos en las urnas!», y como recuerdo de su paso ha dejado otra de sus celebérrimas frases: «Puedo asegurarles a ustedes que haré todo lo que pueda y un poco más de lo que pueda, si es que eso es posible. Y haré todo lo posible, e incluso lo imposible, si también lo imposible es posible». O sea, Rajoy en estado puro. Pero además entró en materia ferroviaria y se mojó a su estilo, adquiriendo con los extremeños un compromiso «made in Rajoy»:

«Extremadura tendrá pronto las conexiones de primer nivel que se merece» ¡Ahí queda eso! ¿Y eso qué es lo que es? Nada, es una frase tan vacía como la de comprometerse a hacer posible lo imposible. Todo es interpretable porque «pronto» puede ser mañana o dentro de veinte años. «Conexiones de primer nivel» es tan elástico que hasta el resucitado Talgo puede ser la respuesta y en cuanto a lo que «merecemos» pues resulta tan impreciso y vago que puede ir de la sequía al diluvio universal. Si Rajoy es experto en hacer lo contrario de lo que dice, ¿qué podemos esperar cuando no dice nada?

A los jubilados que lo abroncaban desde un cordón de seguridad que no se conocía ni en los peores momentos de ETA, ni un saludo. Y en los apartados internos de partido volvió a sorprender porque «es como si estuviera flotando» en expresión de uno de los presentes. Eso sí, el ministro De la Serna y el presidente de la Junta se hicieron una foto firmando algo e inauguró «un día histórico» en Elvas, junto al primer ministro portugués, para impulsar la conexión entre Évora y la frontera con España ¡Otra concreción de alto calibre, que ya ocupó titulares de prensa en noviembre de 2003!

Para resumir hagámoslo con claridad y contundencia, al estilo rajoniano: Rajoy ha venido y se ha ido y nadie sabe cómo ha sido, si es que ha venido y se ha ido. O no.

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