Trabajadores extremeños en La Antilla

Carmen Calvo, una estudiante pacense en La Antilla. ::j.l
EXTREMEÑOS EN LA PLAYA

Los restaurantes de playa contratan empleados extra en estos meses y muchos son extremeños

J. López-Lago
J. LÓPEZ-LAGO

Qué necesidad tendrá Carmen Calvo, una chica pacense estudiante de Psicología cuyos padres tienen un apartamento en Islantilla de pasarse el verano bandeja arriba, bandeja abajo, durante los meses de verano. Pues la sensación de saber que puede ganarse la vida por sí sola, explica esta joven de 23 años que el mes pasado debutó en la hostelería gracias al aluvión de gente que hay en La Antilla y que alguien tiene que atender.

«Empecé el uno de julio y me quedo hasta el 31 de agosto. Antes de esto solo he trabajado en tiendas de ropa, como Decathlon o Primark en el turno de noche. Con esto de la hostelería acabo de empezar y de momento fenomenal. Libro un día a la semana y entro a las nueve de la mañana hasta las cinco de la tarde con una parada para comer. Al final tengo la tarde y la noche libres para mí. Las condiciones además son bastante buenas, mucho mejores que las de Badajoz».

En un alto de su tarea en la cafetería La Plaza, muy concurrida por estar justo al lado del mercado de La Antilla, Carmen explica que sus padres veranean en la zona desde hace años, igual que ella, razón por la que conoce a muchos de los clientes a los que atiende cada mañana.

«Quería vivir aquí tres meses, pero no por la cara sino por mí misma, así que me busqué trabajo. Este lo encontré gracias a un vecino de la urbanización al que le di el curriculum y enseguida me llamaron», dice esta estudiante de Psicología por la UNED, una carrera que, por supuesto se paga ella.

En verano son miles las personas que llegan de vacaciones a La Antilla. Para atenderlos hace falta una legión de currantes llegados desde fuera. Muchos son extremeños y gran parte están en el sector de la hostelería, donde la actividad se multiplica estos meses. Lógicamente Carmen no es la única camarera extra llegada de lejos.

Alberto Nevado está aprendiendo poco a poco los nombres de los pescados que ofrece. Él atiende en el restaurante Macha, con vistas al mar en primera línea de playa. Es de Mérida, tiene 20 años y es el segundo verano que pasa en La Antilla, donde ahora vive compartiendo piso con una compañera de Rumanía.

La diferencia es que en 2016 llegó en agosto y encontró trabajo y este año se ha anticipado y puso aquí sus pies en mayo con la idea de quedarse trabajando en la playa hasta septiembre e incluso octubre si el tiempo acompaña y hay demanda de personal. Alberto dice que encontró este empleo a través de una aplicación del teléfono móvil.

«Hice varios cursos de hostelería en Mérida en la Escuela de Adultos y he trabajado en Extremadura, pero aquí las condiciones son mucho mejores y el sueldo es más del doble. Si puedo, repetiré los próximos años», afirma sin dudarlo.

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