Mi suegra me trasconeja

Un contribuyente presenta su declaración de la renta. / HOY
Un contribuyente presenta su declaración de la renta. / HOY

Cómo decir coloquialmente que se ha perdido la declaración del IRPF

J. R. Alonso de la Torre
J. R. ALONSO DE LA TORRE

Todos ustedes saben que adoro a mi suegra. Me encantan sus sopas de habas con fideos y sus sopas de tomate, no superadas por ningún chef extremeño, me asombran sus valoraciones políticas municipales, juzgando la labor de los alcaldes por el número de cacas de perro que se encuentra por la calle y acertando: los alcaldes con muchas cacas, pierden las elecciones. Me divierte también mucho, aunque temo ser objeto de sus adjetivaciones, la manera de calificar a unos y a otros diciendo que tal señor es como un pollino perdiz o como un gallino Pepe o que tal señora parece una gallina reculá. Lo de mi suegra con las aves de corral es de traca.

A pesar de llevar tantos años con ella, mi suegra me sigue sorprendiendo con su vocabulario. Tiene expresiones que, como estupidillo profesor de Lengua, me hacen poner cara de suficiencia, casi de desprecio, cuando creo que está usando un lenguaje vulgar. Caras engreídas que he de recomponer en gestos de admiración cuando descubro que este verbo rural o aquel sustantivo campero no solo no son expresiones vulgares, sino que se trata de un ejercicio de precisión léxica santificada por el diccionario de la Real Academia Española.

Estos días, con motivo de hacer la declaración de Hacienda, ha habido mucho revuelo en casa. Mi suegra, que ya les he contado que vivimos puerta con puerta, apareció en casa muy alterada. Cuando digo apareció es porque mi suegra no entra ni llega, mi suegra se aparece, es un fenómeno paranormal que surge de improviso en la cocina o al salir del baño, lo cual me obliga a ser pudoroso so pena de recibir un despreciativo: «Para lo que hay que ver», cuando me quejo por sus apariciones estando yo en calzones.

Pero a lo que iba, que mi suegra hizo uso de su llave, entró en mi casa y se apareció en mi salita de escribir para soltarme una frase tan alarmante como descacharrante: «Se me ha 'trasconejao' la declaración de Hacienda». Alucinando con fórmula verbal tan aparatosa, 'trasconejao', le rogué que me aclarara la frase y lo hizo, no sin manifestar su irritación por mi ignorancia: «Pues trasconejar... ¿Qué hay que aclarar?, nada de nada. Se me ha 'trasconejao' la declaración y eso es grave».

Aunque nunca he hecho una declaración de Hacienda porque siempre la hace mi mujer, sé que existen declaraciones positivas y negativas, declaración del IRPF, del IVA, del Impuesto de Sociedades... Pero no sabía nada sobre la existencia de la declaración trasconejada. Pensé que sería una nueva figura impositiva inventada por el ínclito Montoro, pero no, mi suegra me sacó del error.

«Si digo que he 'trasconejao' la declaración de Hacienda es porque no la encuentro, la he perdido, estará metida entre algún papel y eso es grave porque tu mujer va a tener que ir mañana a la Delegación de Hacienda a pedir mis claves, con lo poquito que le gusta ir a ese sitio», me aclaró mi mamá política llenándome de regocijo porque la expresión me parece muy sugerente y divertida. Me imagino, en fin, a Montoro explicándole al juez Llarena que ha 'trasconejao' los papeles que demuestran los gastos irregulares de Puigdemont en el 'procés'. Maravilloso titular: «La Justicia alemana no puede extraditar a Puigdemont por haberse 'trasconejao' las pruebas que lo incriminaban».

Pasado el momento risas, entré en trance filológico y me dispuse a afear a mi suegra su lenguaje vulgar, pero, tras las experiencias pasadas, preferí cerciorarme antes, consulté la 'app' del diccionario de la RAE y allí apareció el verbo pronominal trasconejarse con su acepción coloquial perderse o extraviarse. El diccionario apunta, además, que un conejo se trasconeja cuando lo adelantan y dejan atrás los perros que lo persiguen para darle caza y, consecuentemente, se ríe de canes tan tontos e inútiles. Y yo me trasconejo cuando me adelanta mi suegra con su vocabulario antiguo y preciso y se ríe de lo tonto que me pongo cuando no distingo vulgarismos de coloquialismos.

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