El señor de Comillas

Palacio Las Cabezas o del Marqués de Comillas, Casatejada. :: HOY/
Palacio Las Cabezas o del Marqués de Comillas, Casatejada. :: HOY

Al marqués le han quitado estatua barcelonesa y plaza morala

J. R. Alonso de la Torre
J. R. ALONSO DE LA TORRE

La primera multinacional española fue fundada por el hijo de una lavandera. Se trataba de una empresa naviera, a la que siguieron varios bancos, una compañía ferroviaria, diferentes explotaciones agrícolas y varios negocios en Cuba dedicados al tabaco y la caña de azúcar. Creó, además, la Universidad Pontificia de Comillas. Este empresario se llamaba Antonio López, era cántabro y el rey Alfonso XIII le otorgó el título de Marqués de Comillas.

El pasado domingo 4 de marzo, el Ayuntamiento de Barcelona retiró su estatua callejera. La razón aducida es que el marqués se enriqueció con el tráfico de esclavos. Un portavoz municipal justificó la retirada de la estatua con el siguiente razonamiento: «Su comportamiento, desde el punto de vista de hoy, no fue ejemplar».

Es complicado esto de juzgar el pasado con la mirada y las ideas del presente. Es decir: el Marqués de Comillas fue honrado con una estatua por mecenas y por filántropo, también porque gracias a un gesto suyo nació la literatura catalana moderna en el siglo XIX. Sin embargo, la estatua se retira con criterios morales del siglo XXI.

La trata de esclavos fue común en Extremadura en siglos pasados. En A Coruña, las grandes avenidas de la ciudad están dedicadas a ciudadanos que se convirtieron en importantes empresarios y, después, en mecenas y filántropos, gracias al tráfico de esclavos. Pero estos pecados se han escondido, no se asumen ni se juzgan.

En el caso del Marqués de Comillas, no está demostrado que fuera un negrero como argumentan quienes han derribado su estatua. En los archivos, más allá de que el tráfico fuera ilegal en España, no así la esclavitud, no se ha encontrado dato alguno que confirme su actividad como traficante de esclavos. Tan solo se encuentran informaciones de que algún barco del Marqués trasladó en cierta ocasión esclavos desde Cuba hasta Estados Unidos, aunque no eran de su propiedad.

La única fuente que lo presenta como un fiero negrero es un libro escrito por su cuñado, y empleado suyo, Francesc Bru, que, muy enfadado con el marqués por un pleito sobre una herencia, lo acusa de haber amasado una cuantiosa fortuna traficando con esclavos negros, además de describirlo como un ser cruel y despiadado que se dedicaba a explotar al prójimo para hacerse rico.

A partir de ese panfleto del cuñado y empleado cabreado, se ha escrito la leyenda negra del Marqués de Comillas, que ha acabado convertido en el ejemplo del mal español cuya estatua hay que retirar de las calles de una Barcelona donde, al igual que en A Coruña, Nantes o Lagos, abundan los herederos de esclavistas convictos y confesos cuya memoria, sin embargo, no se toca, caso de Artur Mas, cuyo tatarabuelo era capitán de estos barcos negreros, así como antepasados del conde Güell, de las hermanas Ana y Loyola de Palacio o de Vidal-Cuadras.

El Marqués de Comillas fue quien dio trabajo a Jacint Verdaguer, poeta señero de la Renaixença catalana. Los médicos le habían recomendado aire del mar para curar sus enfermedades y el marqués lo enroló de capellán en uno de sus mercantes. Verdaguer cruzó el Atlántico 18 veces y escribió 'L'Atlántida', poema épico que señala el nacimiento de la literatura catalana moderna. Se lo dedicó al Marqués de Comillas, pero no se ha considerado un eximente para mantener su estatua

Cuento todo esto desde Extremadura porque el Marqués de Comillas y sus descendientes tuvieron mucha relación con la comarca del Campo Arañuelo. Poseían abundantes tierras en la comarca y Casto López, heredero del marquesado, participó en un intento de mejorar las condiciones sociales y culturales de los obreros del campo desde posiciones católicas. Creó un sindicato católico de previsión social: Sociedad de Socorros Mutuos. No era un santo, pero, al menos, pertenecía al ala liberal y progresista de la monarquía de Alfonso XIII. Al marqués de Comillas, en Navalmoral, no le quitaron una estatua, sino una plaza, pero le dieron una calle.

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