El bar, nuestra segunda casa

Carnavaleros disfrutando de la fiesta en un bar en Badajoz. :: Pakopí/
Carnavaleros disfrutando de la fiesta en un bar en Badajoz. :: Pakopí

A pesar de la crisis, Extremadura crece en restaurantes y hoteles

J. R. Alonso de la Torre
J. R. ALONSO DE LA TORRE

Tiempo de Carnaval, tiempo de bares. Fiesta en las barras y en los veladores, comedores animados en los restaurantes y habitaciones llenas en los hoteles de las ciudades carnavaleras. Empieza la temporada alta del turismo en Extremadura y la hostelería se prepara para seguir creciendo y dando buen servicio. Las cifras invitan al optimismo. A pesar de la crisis y de que los extremeños mayores de 18 años gastamos 128 euros menos en bares y restaurantes en 2016 que en 2010, la crisis no ha destrozado el tejido empresarial de la hostelería.

Un dato interesante: en 2016, batimos nuestro récord histórico de restaurantes: teníamos 834. En 2010, contábamos con 726. Esta subida de 108 es significativa, máxime si comparamos con el resto de España, donde, durante la crisis, solo abrieron más restaurantes de los que cerraron en Andalucía, Cataluña, Madrid y Murcia.

Los años duros sí que se han cebado en los bares. Según los datos de la Federación Española de Hostelería, cuyas estadísticas seguimos, Extremadura tenía 5.628 bares en 2010 y contaba con 5.154 al acabar 2016. En ese sector, todas las comunidades han perdido locales salvo Navarra y País Vasco y las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla.

A partir de estos datos, un estudio sobre la distribución de bares por mil habitantes, desvela que la comarca extremeña más animada en cuestión de cañas, chatos y tapas es la de Ibores-Villuercas, donde hay hasta cinco pueblos con más de cinco bares por mil habitantes. El récord de la comarca y de Extremadura lo tiene Campillo de Deleitosa (19.61 bares por mil habitantes). En el entorno del Geoparque, destaca el ambiente de bares en Peraleda de San Román (10.31), Cabañas del Castillo (6.61), Robledollano (6.17) y Mesas de Ibor (5.38).

Si cambiamos de estadísticas y nos basamos en el anuario de Caixabank, nos encontraremos con la gran estrella extremeña, y española, de los pueblos con bares: Guadalupe, que, tras los pueblos pirenaicos de Sallent de Gállego (Huesca), La Vall de Boí (Lleida) y Naut Arán (Lleida), es el cuarto pueblo español con más bares por habitante. 61 para 1.500 habitantes tiene Sallent; 41 para 1.000 hay en La Vall de Boí y 67 bares sirven a los 1.700 vecinos de Naut Arán. En Guadalupe hay 70 para 2.000, aunque atención, abren todos los días del año y no solo en verano o en temporada de nieve como los pirenaicos.

En el mapa estadístico de la Federación Española de Hostelería, los diez pueblos extremeños con más bares por cada mil habitantes serían, por este orden: Campillo de Deleitosa, Capilla, que es el primero en Badajoz, Robledillo de Gata, Peraleda de San Román, Pedroso de Acim, Aljucén, Villamiel, Villa del Rey, Santa Ana y Cabañas del Castillo.

El sector de la hostelería que más ha crecido exponencialmente en Extremadura durante la crisis es el del catering. En 2010, había en la región 182 servicios de este tipo y en 2016 la cifra había crecido en más de cien: ascendía a 283. En los demás ámbitos de la hostelería, la región mantiene una relativa buena salud a pesar de los estragos de la crisis. Así, en 2016 había 15 hoteles más que en 2010 y las plazas habían subido de 18.450 a 20.160.

Tras la crisis, contamos con seis campings más (25 en 2010 y 31 en 2016) y donde el salto ha sido más espectacular ha sido en el del turismo rural. En el año 2010, había en la región 5.674 plazas en alojamientos rurales y al acabar el año 2016, la cifra ascendía a 7.335. Esta es la situación de la hostelería extremeña, un servicio que en estos días de jolgorio y carnaval es tan importante como el disfraz y se convierte en nuestra segunda casa.

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