«La religión me hace mejor ciudadano»

El presidente del centro islámico charla con un grupo de jóvenes en una calle de Talayuela. :: david palma/
El presidente del centro islámico charla con un grupo de jóvenes en una calle de Talayuela. :: david palma

Jóvenes musulmanes de Extremadura opinan sobre la sociedad en la que viven y hablan de su futuro | Casi todos dejan de estudiar al terminar la ESO y el yihadismo les preocupa, pero lo ven como un fenómeno alejado de su realidad

Claudio Mateos
CLAUDIO MATEOSPlasencia

Son las 20.45 del miércoles 13 de septiembre y un hombre corre por una calle en Talayuela remangándose la chilaba para no llegar tarde al último rezo del día. En los minutos siguientes el goteo de personas es continuo hasta llenar la planta baja del centro cívico y cultural que también hace las veces de mezquita en este municipio de la comarca de Campo Arañuelo, donde cerca de la mitad de la población es de religión musulmana.

Todos los que entran a rezar en la mezquita son hombres, la inmensa mayoría mayores de 40 años y algunos también en la treintena. Todos, sin excepción, dan educadamente las buenas tardes al entrar por la puerta. A última hora llegan cuatro chavales que aparentan ser veinteañeros. Son los únicos de esa edad y enseguida surge la pregunta: ¿Dónde están los jóvenes?

MOHAMMED TALHA
MOHAMMED TALHA

MOHAMMED TALHA 21 AÑOS

Estudios
«Hice el bachillerato en Badajoz y voy a empezar en Béjar la carrera de Ingeniería Eléctrica»
Religión
«Soy religioso, pero no toda mi vida se rige por el islam. Todos cometemos pecados o errores, como los quieras llamar»
Yihadismo
«Muchos se radicalizan por cuestiones materiales, porque tienen vicios que no pueden pagar, se lo ofrecen gratis y es la forma que tienen de meter a los chavales en ese mundo y luego comerles la cabeza».

Yahya Benauuda, de 46 años, es el presidente del centro cultural islámico de Talayuela, la persona que dirige los rezos en la mezquita y la gran referencia del municipio en materia religiosa. Cuenta, con pena en el rostro, cómo la mayoría de los jóvenes musulmanes del pueblo, muchos de ellos de segunda generación, que de niños acudían regularmente al centro islámico, se alejan de la religión a medida que se van haciendo mayores. «Los jóvenes vienen poco -admite-. Vienen muchos en el mes del Ramadán, pero luego poco. No puedo hablar por todos, pero calculo que el 50% son religiosos y el resto no. Están en otra cultura, de jugar y salir con los amigos, y tienen menos tiempo y muchas cosas para entretenerse».

Benauuda se ofrece a ir en busca de jóvenes con los que poder charlar. Tras 18 años en Talayuela, adonde llegó desde su Marruecos natal, los conoce a todos. Encontrarlos es fácil en un municipio que figura entre los 10 de España con mayor porcentaje de población musulmana y que en 2004 recibió la Medalla de Extremadura como ejemplo de integración y modelo de convivencia, aunque esa relación de respeto mutuo no ha estado exenta de roces, como el que se produjo en 2006 con motivo de la construcción del centro islámico, a la que algunos vecinos se oponían al considerar que podría generar molestias.

Que la intención de Yahya Benauuda no es ocultar la realidad de los jóvenes musulmanes de Talayuela se demuestra cuando al primer lugar al que accede a ir es al aparcamiento de la piscina municipal, donde, dice apesadumbrado, se suelen juntar pandillas de jóvenes «a fumar porros», aunque aclara que esos grupos están formados tanto por marroquíes como por españoles.

ABDELILAH MEZIANE 23 AÑOS

Estudios
«Llevo cinco años estudiando Ingeniería de Minas y Energía en Ávila».
Islam
«Voy a la mezquita cinco veces al día. La religión me hace mejor ciudadano y más comprensivo con los demás».
Yihadismo
«Matar inocentes es ir contra los preceptos del islam. Es de ignorantes odiar al otro por no ser musulmán».

Hoy no hay ninguno, de modo que toca callejear un poco. Enseguida Benauuda llama a unos cuantos jóvenes que andan por una calle residencial del pueblo. Algunos de ellos son menores. Es el caso de Mohammed E.G, de 16 años, que estudia tercero de la ESO y luego quiere hacer electromecánica para poder trabajar en un taller.

Es la misma profesión que le gustaría elegir a su amigo Abdessamad B., que a sus 17 años no ha terminado el instituto y ahora tiene la intención de acabar la ESO en una escuela de adultos. Reconoce que, más que estudiar, le atrae «trabajar con las manos», así que poder entrar en un taller mecánico para él sería un oficio ideal.

En la misma calle, un poco más abajo, encontramos a dos de los pocos universitarios musulmanes varones de Talayuela. «Hay más chicas que chicos que sigan adelante con los estudios», aclara Benauuda. Mohammed Talha, de 21 años, empieza la carrera de Ingeniería Eléctrica en Béjar (Salamanca) tras haber cursado el bachillerato en un instituto de Badajoz, y este verano ha estado trabajando con su padre en una fábrica de aceitunas. Abdelilah Meziane tiene 23 años y lleva cinco en Ávila estudiando Ingeniería de Minas y Energía. El también ha trabajado durante las vacaciones de verano, en su caso en la recogida del pimiento. «Es para pagarme la matrícula y los gastos del curso, porque la beca no te la conceden siempre», apunta.

La religión

El primer tema de conversación que surge es la religión. Cabe decir para contextualizar la cuestión que el último Estudio Demográfico de la Población Musulmana elaborado por la Unión de Comunidades Islámicas de España señala que, de entre las cinco escuelas del Islam reconocidas universalmente, los ritos más extendidos en España son el malekí y el hanafí (suníes). A fecha de 31 de diciembre de 2016 residían en España 1.919.141 personas de religión musulmana, 19.257 de ellas en Extremadura, con clara mayoría en la provincia de Cáceres, donde viven 12.973, de las que aproximadamente una cuarta parte está empadronada en Talayuela. También conviene señalar que la mayor parte de los musulmanes residentes en Extremadura tienen la nacionalidad española (10.559). Entre los extranjeros destacan muy por encima de los demás los marroquíes, que son 7.721. La siguiente nacionalidad más numerosa es la paquistaní, con tan solo 296.

MOHAMMED E. G. 16 AÑOS

Estudios
«Estoy en tercero de la ESO y quiero estudiar elecromecánica y trabajar en un taller».
Religión
«Soy creyente, y aunque ahora voy menos a la mezquita y me llama más la forma de vida occidental, la religión sigue siendo muy importante para mí».
Convivencia
«Tengo muchos amigos españoles y nos llevamos muy bien»

La conversación con los jóvenes que participan en este reportaje coincide con lo manifestado por Yahya Banauuda en el sentido de que los de menor edad, aunque dicen ser creyentes, admiten que poco a poco han ido abandonando la mezquita, atraídos más por la vida social y los entretenimientos que se les ofrecen en un país como España. Los universitarios, en cambio, afirman ser practicantes y dejan claro que la religión es «muy importante» en sus vidas y ha configurado en gran medida lo que son hoy como seres humanos. «Soy una persona religiosa -señala Abdelilah Meziane, el joven que estudia ingeniería en Ávila-. Voy a la mezquita cinco veces al día, y creo que muchas veces te puedes alejar de cosas como las drogas o robar más por la religión que por la salud o por la ley. Acercarme a la religión me hace mejor ciudadano y más comprensivo, también con la comunidad no musulmana».

Mohammed Talha también cumple con sus cinco rezos diarios y trata de vivir de acuerdo a los preceptos del islam, aunque con matices. «Soy muy religioso y mis amigos lo saben -afirma-. Los viernes al salir del instituto en Badajoz íbamos al 100 Montaditos, pero yo antes les de decía: 'Acho, esperadme cinco minutos que antes tengo que ir a rezar'». Sobre adecuar su vida a los mandatos, dice que lo intenta, aunque «todos cometemos pecados o errores, como lo quieras llamar, porque no hay nadie perfecto, ni musulmanes, ni cristianos, ni judíos, ni budistas». Pone un ejemplo: «Nosotros en teoría tenemos prohibido ir de fiesta, pero yo sí salgo y claro, eso es un pecado, aunque no bebo ni fumo. Hay gente que no hace esas cosas, pero por ejemplo luego van por ahí hablando mal de los demás, y para mí eso es un pecado peor».

El presidente del centro islámico hace hicancapié en el carácter voluntario de profesar la religión musulmana. «La mayoría de los jóvenes acepta la cultura islámica, aunque el islam no obliga a nadie y sólo pedimos que se acerquen a él las personas que lo sienten en su corazón. Sí pedimos a las familias que aconsejen a sus hijos comportarse de acuerdo a lo que dice el islam, pero nunca obligarles».

El abandono prematuro de los estudios sin una alternativa laboral realista es uno de los asuntos que más preocupa a la comunidad islámica de Talayuela con respecto a sus jóvenes. «Los que no estudian ni trabajan durante el día están en casa y por la noche salen a la calle, y eso es un problema -señala Benauuda-. A veces doy una vuelta entre las 11.00 y las 12.30 por las zonas donde se suelen reunir y la mayoría están juntos tomando una coca-cola o algo. Suelo hablar un rato con ellos sobre la vida, sobre cómo pueden buscar trabajo, aunque sea fuera de Extremadura, pero es difícil». En ese sentido, echa en falta programas de inserción laboral, aunque no pide que estén dirigidos específicamente a jóvenes de la comunidad musulmana, sino que prefiere que sean planes conjuntos con españoles.

«Si los jóvenes musulmanes se toman las cosas en serio tendrán un futuro». La frase es de Abdessamad B, de 17 años, que por su parte lo va a intentar aprendiendo electromecánica una vez que se saque la ESO en una escuela para adultos. Ahora la mayor parte de su tiempo se va en cuidar de su hermano pequeño, ya que sus padres trabajan fuera, y es al volver ellos cuando puede salir un rato «a dar una vuelta» con sus amigos. Mohammed E.G., un año menor que Abdessamad, también menciona la necesidad del «buen comportamiento» para poder labrase un futuro digno en España, país en el que ambos viven desde niños, aunque aún no tienen la nacionalidad y siguen viajando a menudo a Marruecos.

El yihadismo

Los jóvenes no rehuyen el debate sobre el yihadismo. Saben muy bien que los recientes atentados de Barcelona han vuelto a poner el foco en la comunidad islámica y aprovechan cualquier ocasión para desmarcarse de un fenómeno que consideran totalmente ajeno, pero que en cambio les afecta aunque sólo sea por el hecho de que la mayor parte de quienes han cometido atentados yihadistas en Europa son jóvenes musulmanes de su edad. «Es como si tuviéramos que empezar de cero cada vez que ocurre algo así», se lamenta Abdelilah Meziane, quien asegura que personalmente no le tocado vivir ninguna situación incómoda por ese motivo. Ha meditado mucho sobre ello y defiende su propia teoría: «El radical muchas veces es un tío que se dedica a las drogas o a robar, que no vive según el islam. Basta con que tenga una semilla, un sentimiento, para que llegue alguien y le diga que todo lo que ha hecho está muy mal y que tiene que arreglarlo, y le dan una salida fácil, que puede ser una bomba, cuando en realidad la única manera de resolverlo es arrepentirse y empezar a hacer todo lo contrario a lo que hacías», afirma. «Matar inocentes es ir en contra de todos los preceptos del islam, y si te fijas la mayoría de los que han participado en atentados tienen detrás un historial que les condena, y entonces les ofrecen una salida fácil y equivocada para redimirse».

ABDESSAMAD B. 17 AÑOS

Estudios
«No pude acabar el instituto, pero me voy a meter en una escuela de adultos a sacarme la ESO y luego quiero hacer electromecánica».
Religión
«Iba a la mezquita, pero ya sólo voy cuando tengo tiempo, porque mis padres trabajan y cuido a mi hermano».
Sociedad
«Hay gente que no sabe nada de nosotros y dicen cosas que no son verdad».

Mohammed Talha defiende tanto el mensaje del islam como el comportamiento que la mayoría de las sociedad ha tenido tras los últimos ataques. «No noto especialmente un trato distinto por los atentados -relata-. Poco después de pasar lo de Barcelona estuve en Badajoz, en Gévora y en Almería, y mis amigos me dijeron que estuviera tranquilo, que sabían que esos eran unos radicales y que la mayoría de los musulmanes no somos así. Lo que pasa es que muchas veces la televisión manipula. Pero vamos, que a mí nadie me ha dicho todavía: 'Sois unos terroristas'. También he visto unas imágenes de islamofobia en un metro, que se metieron con una mujer musulmana y todos los españoles que había salieron a defenderla».

En opinión de este joven, que este año comienza su vida universitaria, «el principal peligro es que los chavales no tengan una ocupación, porque si están todo el día por ahí y tienen vicios que no pueden pagar, pues a lo mejor llega alguien que les ofrece dinero, droga, mujeres o lo que sea. Si no me ofreces nada yo no voy a ir contigo a ninguna parte, así que esas radicalizaciones muchas veces vienen más por cuestiones materiales que de otro tipo, y es la forma que tienen de ir metiendo a los chavales en su mundo y de comerles la cabeza». Considera que, al contrario de lo que mucha gente cree, acercarse a la religión es un antídoto contra la radicalización. «Yo aconsejo a todos los chavales que vayan al centro islámico -dice-. Ahí es donde yo he aprendido lo que es el respeto. Van mucho menos de lo que deberían, porque muchos de los chicos de hoy en día se dedican a fumar porros y poco más».

A Abdessamad B. le molesta el daño que se hace a la imagen de la mayoría de los musulmanes. «Lo de la radicalización es muy jodido, porque luego sale gente que en realidad no sabe nada de nosotros y empiezan a hablar y a decir cosas que no son verdad», se lamenta.

Yahya Benauuda afirma que, dentro de sus posibilidades, están pendientes para intentar prevenir posibles casos de radicalización en su zona de influencia. Considera internet y el fácil acceso a los contenidos de la propaganda yihadista el gran peligro en ese sentido. «Siempre estamos vigilantes, al menos con los chicos que vienen al centro, con el tema de internet, que es muy peligroso». Y advierte: «Hay imames que están en otros países y que usan Internet para conseguir gente para la yihad. Nosotros tenemos una charla muchas tardes en la que a menudo hablamos de las cosas que están prohibidas para nosotros los musulmanes, y una de ellas es hacer daño a los demás. Explicamos que nosotros venimos a España con un visado o un contrato, que son una prueba de confianza hacia nosotros y por lo tanto no debemos hacer nada que se malo para el país que nos acoge. Decimos que estamos aquí gracias a Dios y gracias al Gobierno de España, que nos ha dado muchas cosas que no teníamos en nuestro país. No podemos estar fuera de la ley y estamos obligados a respetar al otro, que es lo que dice el islam. No podemos devolver el favor con mal».

El rezo de las 20.45 en la mezquita, en el que apenas hay jóvenes, marca el final de la jornada religiosa para los musulmanes de Talayuela, donde más que una integración efectiva entre comunidades se percibe una sensación de convivencia basada en el respeto mutuo. A esa hora las calles siguen llenas de jóvenes que buscan su sitio en el país en el que han crecido y donde la mayoría tienen intención de quedarse.

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