Puigdemont, al Albarregas

IES Albarregas de Mérida, el pasado viernes. :: brígido/
IES Albarregas de Mérida, el pasado viernes. :: brígido

En este instituto emeritense enseñarían al expresident a negociar

J. R. Alonso de la Torre
J. R. ALONSO DE LA TORRE

Desde que comenzó el llamado 'procés' hace casi un par de años, he mantenido en mis artículos una postura un tanto romántica por historicista. Es decir, antes que basarme en tácticas políticas y estrategias negociadoras, he preferido acudir a la raíz para analizar el nacionalismo catalán a partir de sus orígenes románticos, tan románticos como los de todos los nacionalismos, ya sean español, vasco o escocés, desde 1870 aproximadamente. También he intentado explicar el nacionalismo catalán comparándolo con Extremadura.

Para ello, buscaba las piezas con las que se conforman los nacionalismos como si fueran muebles de Ikea. Esto no es una boutade mía. El sociólogo Orvar Lögfren habla de la construcción nacional como un kit de hágalo usted mismo, o sea, «un sistema Ikea de construcción de identidades nacionales"». Y en 'La creación de las identidades nacionales. Europa: siglos XVIII-XX', Anne Marie Thiesse escribe sobre «el sistema IKEA de construcción de las identidades nacionales, que permite montajes diferentes a partir de las mismas categorías elementales».

Esas categorías están recogidas en el libro 'Breve historia cultural de los nacionalismos europeos' (Los libros de la Catarata, 2013) por el sociólogo Javier López Facal, investigador del CSIC, que analiza rigurosa y pormenorizadamente los «siete pasos para crear una nación donde no la había». Estos siete elementos 'ikea' son la base de cualquier nacionalismo, también de un posible, pero improbable nacionalismo extremeño: el héroe (Viriato), el territorio sometido (Extretejo: Extremadura y Alentejo), el origen remoto (Lusitania, reino aftasí de Badajoz), el pasado glorioso (arcadia extremeña rica y sabia durante 140 años, que se desvanece a partir de 1640 con las guerras con Portugal y desaparece en 1713), las prendas de vestir (sombrero de Montehermoso), la lengua (La OSCEC, Órgano de Seguimiento y Coordinación del Extremeño y su Cultura, tiene una gramática asentada, un diccionario con 18.000 entradas y están con la ortografía), etcétera.

Como sé que este planteamiento no tiene demasiado recorrido hoy, intentaré ser actual, dejarme de 'historias' y centrarme en lo que importa: la negociación. Pero claro, negociar no es sentarse en una mesa y ¡hala!, vamos a intercambiar cromos. Máxime cuando se sospecha que una de las partes negociadoras lleva una propuesta cuyo límite de ruptura es el referéndum. Es decir, o hay referéndum de independencia o nos levantamos de la mesa.

Este concepto, límite de ruptura, lo explican en la asignatura Negociación Internacional del ciclo superior de Comercio Internacional que se imparte en el IES Albarregas de Mérida. Es decir, bastaría con que Puigdemont se acercase a Mérida y asistiese a esas clases para que entendiera que una negociación es un proceso mediante el cual dos personas llegan a un acuerdo y que el mejor resultado de una negociación es un un acuerdo beneficioso para todos, así todas las partes querrán seguir negociando en el futuro.

Son premisas básicas que sabe cualquier alumno extremeño de este ciclo superior del Albarregas. Los docentes de este instituto emeritense enseñan que, en las negociaciones, nunca se debe partir de posiciones descabelladas pues no nos tomarán en serio. Si Puigdemont y su equipo negociador asistieran a unas clases en el Albarregas, aprenderían temas tan interesantes como que si la negociación es cooperativa e integrativa, los negociadores deberán sentarse en una mesa redonda, pero si va a ser distributiva y competitiva, la mesa será rectangular y cara a cara. Así que mejor redonda. También aprenderán las características del buen negociador y hasta los trucos para fastidiar a un negociador: hacerle esperar, sentarlo en una silla más baja y cerca de una ventana cuya luz le moleste, interrumpir la reunión con visitas y llamadas telefónicas. En conclusión: negociación sí, pero tras un curso en el IES Albarregas sobre cómo negociar.

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