El poder de Macron

Francia transita un camino nuevo, con un relevo muy fuerte de una clase política muy arraigada

El resultado de las elecciones legislativas francesas confirma el claro rumbo de cambio adelantado hace una semana: una victoria muy holgada para el partido de nueva creación ‘La Republique en Marche’, obra de la gran revelación de la política europea en los últimos tiempos, Emmanuel Macron, hombre sin carnet de partido, europeísta, con una reducida experiencia de administración en áreas económicas del gobierno y portador de una intuición y de una sabiduría táctica que le han dado un triunfo sin precedentes y ha roto por su espina dorsal el viejo sistema francés de partidos políticos. En segunda posición se situó la derecha liberal convencional, Los Republicanos, y para el viejo y otrora poderoso Partido Socialista apenas quedó un puñadito de escaños residuales. ‘En Marche’ dispondrá, pues, de la añorada mayoría absoluta además de haber elevado a Macron a la jefatura del Estado. Victoria total. Lo sucedido es de relevancia histórica para Francia, una alteración hace poco inimaginable de los hábitos institucionales y populares que hacían la política, encuadraban a la sociedad y se turnaban con ligeras innovaciones o, eventualmente, procedían a una civilizada cohabitación. Nada de eso será preciso ahora y tal situación es, tal vez, aunque exprese un rotundo éxito, lo más difícil de manejar. Una mayoría absoluta sumada a la expectación nacional creada por la aparición del fenómeno Macron y la brutal renovación de la clase política suscitan expectativas de cambio y de mejora que deberán ser comprobadas por una opinión que espera resultados concretos, singularmente en la creación de empleo y la derrota del terrorismo rampante. Muy en su tradición de adelantada, Francia da una importante lección de cómo ver, crear y transitar un camino nuevo, con un relevo muy fuerte de una clase política muy arraigada y, en gran parte, jubilada por los electores con su voto y la llegada de caras nuevas y nuevas intenciones. Con todo, la gran novedad es que la apuesta es casi personal y el curioso fenómeno es inseparable de Emmanuel Macron, algo propio de democracias activas y creativas, pero que también sugieren la presencia de una especie de hombre providencial, una expectativa que podría ser defraudada a falta de resultados comprobables.

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