Los perdedores del cambio climático

En Extremadura, una región con unos recursos agro-ganaderos de gran potencial, pero que a la misma vez es una región que será afectada por el cambio climático de modo intenso, los grandes perdedores serán los agricultores y ganaderos que verán mermadas sus rentas y tendrán que ampliar sus inversiones

LUIS FERNANDO LÓPEZ SILVA

Termina el verano y el campo está yermo y ajado en el sur de Extremadura. A pesar de la persistente sequía los rendimientos cerealísticos han sido satisfactorios y los agricultores han respirado tranquilos y se hayan satisfechos. La esperanza y el pensamiento están ya puestos en la nueva ‘sementera’ que viene con el otoño. Concluye un ciclo natural y se inicia otro. Este es el fundamento biológico del campo, su tarea eterna por renovar la vida. Y también su mística. Y el agricultor está atado indisolublemente a esta cadena estacional. Vive, escucha y siente esos ritmos naturales. No en vano la agricultura supuso el mayor salto evolutivo en la carrera de los humanos hacia la civilización. Sin embargo, esta bonita simbiosis hace años que se está resquebrajando. La agricultura y ganadería industrial, el cambio climático, los monopolios agroindustriales y un largo etcétera de acontecimientos asociados a las nuevas formas de consumir los productos del campo, están produciendo notables distorsiones en el modo en que los agricultores y ganaderos se relacionan y entienden su forma de vida y trabajo en el campo. Una lástima.

Pero ahora hablemos del título del artículo. Según datos recientes se sabe que el sector agropecuario será uno de los más afectados por el cambio climático. Esto variará por zonas geográficas mundiales. Por ejemplo, mientras en el norte de Europa los agricultores no tendrán serios problemas, los del Sur, incluido los de España, serán perdedores netos de este cambio en los patrones climáticos. Y los extremeños están incluidos, pues Extremadura está ya hoy siendo afectada de manera muy seria por estos fenómenos atmosféricos. Lo cual, debería de ser inminente que los afectados (sector agro-ganadero) empezasen a tomar conciencia de que no hay que perder ni un minuto más en atacar este problema con medidas de iniciativa propias coordinadas con las de carácter político-administrativo. Sin embargo, una gran parte de este sector aun no es consciente del problema por falta de información e ignorancia; otra parte sí es consciente, pero se siente impedido y no moviliza sus recursos esperando que la administración se gaste los cuartos; y otra parte, está dentro del falso juego político izquierda-derecha, actuando como si el cambio climático fuera un hecho ideológico y no como lo que es, una realidad tozuda y testada científicamente.

Mientras esto ocurre, las noticias sobre eventos atmosféricos negativos inundan las televisiones y evidencian que uno de los sectores más perjudicados va a ser el del campo. Yo me pregunto dónde está la iniciativa privada de un sector advertido por activa y por pasiva de lo que se les viene encima si no empiezan a tomar medidas contra el cambio climático y sus efectos adversos sobre el modo de ganarse la vida. Los agricultores y ganaderos deberían empezar a invertir recursos propios para ralentizar dentro de sus posibilidades esos efectos negativos como la erosión de terrenos, alteración de los regímenes de lluvia, la desertización, la falta de recursos hídricos y poner en marcha acciones de reforestación ordenada, gestión de aguas, recuperación de suelos, estrategias sostenibles y limpias sobre manejo de maquinaria agrícola, abonado, pesticidas y un largo etcétera. Las actitudes de inacción son incomprensibles y fatales para el sector. No siempre se ha de estar a remolque de las administraciones esperando normativas y paquetes de ayudas (subvenciones) para que les saquen las castañas del fuego. Es una actividad que tiene que empezar a emanciparse del regazo de la administración.

Lo principal es que este sector tenga claro al menos que la agricultura contribuye al cambio climático y, a la vez, se ve afectada por el mismo. En esta dicotomía, la Unión Europea (UE) necesita reducir las emisiones de gases de efecto invernadero de su agricultura y adaptar su sistema de producción alimentaria para hacer frente al cambio climático. De hecho, es la responsable de aproximadamente el 10% de las emisiones totales de gases de efecto invernadero en la UE. Ante estos hechos, es crucial que el sector se involucre en la solución a un problema al que ellos contribuyen de modo significante a incrementar. Aquí en Extremadura, una región con unos recursos agro-ganaderos de gran potencial, pero que a la misma vez es una región que será afectada por el cambio climático de modo intenso, los grandes perdedores serán los agricultores y ganaderos que verán mermadas sus rentas y tendrán que ampliar sus inversiones para poder adaptar sus negocios a los efectos del cambio climático. Mientras antes se tome conciencia de ello y mientras antes se empiecen a implementar las medidas publico-privadas oportunas, mejor se podrá afrontar y atenuar una complicación que parece ser, tendremos que convivir con ella ‘sine díe’.

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