El peor momento para ser aguilucho cenizo

La Junta de Extremadura ha paralizado las ayudas que concedía para proteger a esta ave amenazada por las cosechadoras

Esta rapaz anida en los campos de cereales y cada temporada los voluntarios alertan a los agricultores./HOY
Esta rapaz anida en los campos de cereales y cada temporada los voluntarios alertan a los agricultores. / HOY
J. López-Lago
J. LÓPEZ-LAGO

El aguilucho cenizo es una rapaz que supera el metro de envergadura con sus alas desplegadas. La especie es curiosa porque no forma su hogar entre las rocas o el follaje de un árbol sino que anida en el suelo. Antiguamente buscaba praderas pero, desde que el hombre ha ido colonizando la tierra para cultivar, su hábitat predilecto son los campos de cereales. Ahí se convierte en protector involuntario al integrar su menú insectos, topillos, langostas y aves granívoras, la pesadilla de muchos agricultores.

Es mal momento para ser aguilucho cenizo en Extremadura. Estamos en junio, las máquinas cosechadoras han arrancado motores y en su avance se están llevando por delante decenas de huevos y pollos recién nacidos. Que se los coma un zorro entra dentro del ciclo natural, pero que los aplaste una máquina pilotada por un hombre empezó a evitarse en la década de los noventa, cuando la Unión Europea alertó de un descenso llamativo en la población de esta especie.

Desde el año 2000 y hasta el año pasado ha habido intensas campaña para proteger y salvar a estas aves de las cuchillas que siegan los campos, pero un cambio en los procedimientos administrativos de la Junta de Extremadura ha abandonado a su suerte a esta fauna salvaje.

Un pollo herido este mes.
Un pollo herido este mes. / HOY

Ya no se puede hacer un convenio con el Grupo Extremeño de Aguiluchos (GEA) que conoce esta tarea sino que hay que sacar un concurso abierto, justifican desde la Junta de Extremadura. Se ha querido hacer la campaña mediante contrato en formato Super Simplificado Abierto, una alternativa que no ha funcionado. «Ha tenido que ser finalmente desestimada porque el Ministerio aún no tiene disponible la plataforma por donde se canalizan estos contratos. Se está trabajando en un contrato menor que pueda dar cobertura a estos trabajos», explican desde la Consejería de Medio Ambiente, donde todo lo que han podido hacer es facilitar las credenciales identificadoras de años anteriores para que las personas que lo deseen desarrollen estos trabajos de manera voluntaria. Esto lógicamente ha mermado la eficacia de los trabajos, reconocen las organizaciones implicadas.

Baja su población

El aguilucho cenizo (Circus pygargus) está dentro del catálogo de especies amenazadas de la Consejería de Medio Ambiente. Se encuentra en el grupo de 'especies sensibles a la alteración de su hábitat', y hay grupos de ornitólogos que ya reclaman que se describa como 'en peligro de extinción', explica Juan Pablo Prieto, voluntario que lleva décadas protegiendo a esta especie y ha comprobado cómo baja su población debido a los cambios de uso del suelo y al abuso de productos fitosanitarios.

La última amenaza es la burocracia que ha traído consigo la nueva Ley de Contratos del Sector Público, en vigor desde el 9 de marzo y que desde este año impide repartir ayudas económicas de manera fluida.

Aliados particulares

En Extremadura el aguilucho cenizo ha encontrado aliados en varios grupos y particulares ecologistas. La Asociación Naturalista de Amigos de la Serena (Anser) es la que más superficie abarca cada temporada y se centra en los campos de secano de esta comarca y parte de Vegas Altas. Asociación por el Mundo Salvaje (Amus) se dedicaba hasta ahora a Tierra de Barros, la zona de Fuente de Cantos y la Campiña Sur, pero en este 2018 no ha recibido apoyo económico de la Junta. Su precaria situación económica fue objeto de debate ayer en la Asamblea.

Otra asociación financiada por una empresa privada se dedica a la zona de Orellana y parte de la Siberia, comarca que también atiende un particular, igual que Prieto, que protege a este aguilucho al sur de Badajoz estos días por su cuenta cogiendo vacaciones en su trabajo y reclutando conocidos para la causa.

El aguilucho cenizo está catalogado como especie amenazada.
El aguilucho cenizo está catalogado como especie amenazada. / HOY

La temporada se estructura en tres meses: abril para localizar los nidos, mayo para señalizarlos y junio para salvar a huevos y pollos de las cosechadoras. Manuel Calderón, de Anser y Antonio Pinilla, de Amus, explican que fue a principios de los noventa cuando empezaron a proteger este ave que pasa los inviernos en África. Años después, desde 2000, la Junta de Extremadura empezó a coordinar las campañas y a destinar fondos que se fueron canalizando a través del Grupo Extremeño de Aguiluchos (GEA), integrado en el Grupo Ibérico de Aguiluchos (GIA), que cada dos años celebra un congreso en España o Portugal y donde es frecuente poner a Extremadura como modelo a seguir.

Ahora no se puede decir lo mismo, lamenta Calderón, de Anser. Su organización, al igual que Amus, que antes recuperaba pollos heridos y criaba ejemplares en cautividad para luego liberarlos y que por primera vez no ha visto asegurado el apoyo económico por parte de la Junta.

Hace años que la atención a este aguilucho ha disminuido, alertan los implicados. Antes había muchos más voluntarios –hasta 150 llegó a contar Pinilla–, pero en zonas como los Llanos de Cáceres se empezó a desatender a esta especie y el censo ha bajado en tres años de 30 parejas a doce, avisa Calderón.

Este año Anser tiene 46 voluntarios (diez llegados desde Alemania y dos de Holanda) a los cuales no les ha dicho que no vengan pese a no haber ayudas públicas confirmadas porque ya habían reservado vuelos y alojamiento. «Ya veremos cómo pagamos esto», se encomienda Calderón. De seguir así, es posible que el año que viene esta zona quede desprotegida como ya lo está el área de la que se encargaba Amus hasta 2017.

Esta especie se ha topado con la burocracia y ahora depende de voluntarios

No hace mucho Amus llegó a soltar cien pollos tras recuperarlos en sus instalaciones de Villafranca de los Barros. En Anser, el año pasado controlaron 154 nidos y esta campaña van por 50.

GPS, drones, prismáticos, vallas para evitar predaciones de zorros y, sobre todo, gasoil para los vehículos de los voluntarios son los principales recursos que consumen estas campañas, además de unas pequeñas compensaciones estipuladas para los agricultores, cada vez más receptivos con los voluntarios. Hace tiempo –rememora un voluntario– incluso se les regalaba a cambio de su colaboración un mono, una navaja, un pluviómetro, una nevera portátil, una camiseta y una mochila como agradecimiento. Eran mejores tiempos para el aguilucho cenizo. No como ahora, señala Calderón, que prevé que en pocos años la población de esta rapaz necesaria para ecosistema haya caído en picado y haya que poner en marcha programas de recuperación mucho más costosos, como ha ocurrido con el águila imperial o el lince ibérico.

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