«Mi padre sacó la oposición de juez con Alfonso XIII, ¿por qué quitarle la calle ahora?»

Carolina Suárez-Bárcena defiende a su padre, a quien la Diputación quiere quitarle una calle. :: /G.C.
Carolina Suárez-Bárcena defiende a su padre, a quien la Diputación quiere quitarle una calle. :: / G.C.

La hija de Arturo Suárez-Bárcena pide a la Diputación que «se informe y no manipule» sobre su padre, a quien exigen quitar la calle en Almendralejo

Rocío Romero
ROCÍO ROMEROBadajoz

Suma y sigue. Ahora es una familia de Almendralejo la que ha puesto el grito en el cielo con la Diputación de Badajoz y su proyecto de limpiar la provincia de vestigios franquistas.

Carolina, hija de Arturo Suárez-Bárcena (1889-1973), pide a la comisión de expertos «que se informen y no manipulen». Se muestra dolida porque quieren quitarle la calle a su padre. Alegan que fue juez durante la guerra civil. Ella reclama que se sacó las oposiciones en 1913, en tiempos de Alfonso XIII. Fue nombrado magistrado meses antes de la contienda en un decreto firmado bajo el mandato de Manuel Azaña, según la noticia publicada en HOY el 10 de mayo de 1936. «Esto es un atropello», clama. En la placa de la calle, además, consta como abogado, dado que tras varias excedencias dejó la judicatura antes de su jubilación.

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Carolina Suárez-Bárcena esgrime documentos originales, como el nombramiento de su padre como juez en Almendralejo fechado en 1923, y una decena de boletines y decretos para asegurar que su padre fue un funcionario que no desempeñó cargo político alguno.

Por ello no entiende que la Diputación haya incluido a su padre en el catálogo de vestigios franquistas y reclame al Ayuntamiento de Almendralejo que le elimine del callejero. Se trata de una obligación si el Ayuntamiento quiere seguir percibiendo las subvenciones de la Diputación. El Pleno reunido a finales de enero ha rechazado atender la exigencia de la Diputación con los votos a favor del PP (que tiene mayoría absoluta) y en contra del PSOE. El Ayuntamiento se arriesga a perder las subvenciones de la institución.

El protagonista. Arturo Suárez-Bárcena. ::
El protagonista. Arturo Suárez-Bárcena. :: / HOY

Sin embargo, la menor de sus 15 hijos está indignada. «Esto es un atropello, que manipulen la información de esta manera y que además recurran a las amenazas. Si ustedes no quitan la calle, le quitamos las subvenciones. Eso es una dictadura: o se hace lo que yo digo o quito el dinero. ¿Eso cómo se llama? No se puede jugar de esta manera ni decir cosas horribles de mi padre».

A sus 72 años, Carolina Suárez-Bárcena es una de los cuatro hijos que quedan vivos de Arturo Suárez-Bárcena. Expresó su malestar en el grupo de whatsapp de la familia. Una sobrina le ayudó a realizar un escrito dirigido al Ayuntamiento de Almendralejo con los datos que tenía de su padre. Y con esos papeles solicitaron un encuentro con el alcalde, José García-Lobato. En el Ayuntamiento le atendieron y solicitaron más información al cronista oficial, Francisco Zarandieta.

Con toda esa información, el Pleno se ha negado a eliminar el nombre y a aceptar la propuesta del PSOE. Esta consistía en dedicar la calle a toda la familia Suárez-Bárcena, algo a lo que se niega su hija Carolina, que reivindica la figura de su padre como un funcionario que atendió los destinos que le marcaron para instruir casos. «Somos una familia muy grande en la que hay muchas profesiones, como médicos... Pero la calle es a mi padre», dice. A esta extensa familia pertenece, por ejemplo, Emilio de Llera Suárez-Bárcena, fiscal que también ha sido consejero de Justicia e Interior de Susana Díaz entre mayo de 2012 y junio pasado. Emilio de Llera es nieto de Arturo Suárez-Bárcena.

La hija, Carolina, relaciona toda la polémica de querer quitarle la calle con el primer caso que su padre instruyó en Almendralejo. Entre 1920 y 1921 acudió a la localidad para investigar un famoso crimen, el asesinato del Pozo Airón, que tuvo lugar en 1920.

«Como el asunto aparecía rodeado de misterio, se nombró juez especial para la instrucción a Arturo Suárez-Bárcena, quien logró descubrir el crimen», reza la crónica de la época publicada en la Unión Ilustrada.

Aquel suceso se ha recordado ahora en Almendralejo. El PP se refirió a él en el pleno en el que se decidió mantener la calle aArturo Suárez-Bárcena, informa Gloria Casares. El nombre de la calle se debe en parte a su actuación en este caso, como se verá más adelante.

Este consistió en el asesinato de un vecino del pueblo que había denunciado a un grupo de «rateros» (publicado así en la Unión Ilustrada). Salieron en libertad, le dijeron que se vengarían y quedaron con él en el pozo. El cuerpo del denunciante apareció mutilado en las inmediaciones. De los tres juzgados por el tribunal, una mujer fue absuelta, otro condenado a cadena perpetua y otro a pena de muerte. «Mi padre no firmó ninguna pena de muerte en su vida. Ni esta, ni otra. Mi padre investigó el caso, pero ni lo juzgó ni lo sentenció. El que sí estaba en el tribunal era un abuelo del actual presidente de la Junta, Guillermo Fernández Vara», asegura Carolina Suárez-Bárcena. Se refiere a Fernando Vara Feugas, que ejerció de presidente del tribunal, según recoge otra publicación de la época, Mundo Gráfico.

Después de aquel caso, Arturo volvió a Fregenal, donde tenía la plaza, y en 1923 le destinaron a Almendralejo. Allí fue donde se casó con la madre de Carolina. Arturo había enviudado de su primera mujer, con la que había tenido siete hijos. Los ocho hijos del segundo matrimonio nacieron en Almendralejo.

Y allí se quedaron todos cuando al juez empezaron a darle otros destinos. Él iba a instruir casos y volvía a la casa familiar. Como magistrado-instructor su padre viajó a Canarias, a Larache, a Mallorca, a Valencia... Y volvía a Almendralejo. En algunos momentos interrumpió su carrera de juez para trabajar de abogado. «Es que éramos muchos», dice su hija. Según ella, en 1941 se dio de baja como juez y pasó a la abogacía de forma definitiva.

Juez de incautaciones

Carolina Suárez-Bárcena está dolida porque «se están diciendo cosas horribles» de su padre. La portavoz del PSOE municipal, Piedad Álvarez, dijo que había sido nombrado juez oficial de incautaciones en Madrid y Toledo, con la tarea de confiscar bienes como medidas de castigo que luego servirían para financiar el régimen de Franco. Álvarez explica a HOY que ese dato aparece en el informe del cronista oficial. «Nosotros no tenemos nada en contra de Suárez-Bárcena, pero hay un mandato de la Diputación y hay que cumplirlo», asevera. Carolina niega tajante que su padre desposeyera de bienes a nadie.

 El juicio. El crimen del Pozo Airón fue el primer caso que el juez instruyó en Almendralejo. ::
El juicio. El crimen del Pozo Airón fue el primer caso que el juez instruyó en Almendralejo. :: / HOY

Para defender a su padre de haberse beneficiado del franquismo, muestra boletines oficiales de 1939. El 2 de junio, Franco nombró a Arturo Suárez-Bárcena vocal propietario del Tribunal Regional de Responsabilidades Políticas de Pamplona. 26 días después revocó el nombramiento. «No lo fue», remarca Carolina.

«Mi padre tenía entonces 12 hijos (faltábamos dos por nacer) que sacar adelante y era un funcionario. Mi padre instruía, no incautaba. Esto es una metedura de pata muy gorda del comité de expertos de la Diputación. ¿En tiempos de Alfonso XIII un funcionario podía negarse a un traslado, podía negarse en tiempos de Azaña, podía haberlo hecho con Franco? ¿Eso se podía hacer? ¿O lo hubieran echado a la calle? ¿Y qué hace mi padre con 12 hijos?», se pregunta indignada. «Estoy tan cansada de que digan todas estas cosas horribles que me entran ganas de decirles yo que no quiero la calle, que le dejen en paz», dice.

Esta calle que la Diputación exige quitarle al Ayuntamiento es la segunda que le puso el pueblo.

La primera se la pusieron tras el juicio del Pozo Airón. «Le nombraron hijo adoptivo y le regalaron un bastón en el que se podía leer: Almendralejo a Suárez-Bárcena». Junto a ese reconocimiento, en 1921, le pusieron su nombre a la calle del Pilar. «Se mantuvo así hasta que le cambiaron el nombre por el de Margarita Nelken (durante la Segunda República). Después le pusieron calle del Pilar y, posteriormente, le pusieron José Antonio y con la democracia le pusieron otra vez del Pilar», cuenta. La calle que aún se llama Arturo Suárez-Bárcena fue hasta los años 70 la calle del Matadero.

Aún en la dictadura y una vez muerto su padre, en 1973, uno de sus hijos (y hermano de Carolina) entró en el Ayuntamiento como concejal e impulsó la idea de ponerle una calle. La crónica que se publicó en HOY el 7 de diciembre de 1973 recoge los motivos por los que se le puso la calle y hace referencia a su papel en el esclarecimiento del asesinato del pozo Airón. «Se la pusieron y en el rótulo aparece como abogado, que es como le recuerda la mayor parte de la gente porque dejó de ser juez en los años 40. Y, de todas formas, mi padre fue juez por oposición conseguida en tiempos de Alfonso XIII. ¿A qué viene quitarle la calle ahora?».

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