Los novios pasaban frío

Pareja de novios paseando. :: hoy/
Pareja de novios paseando. :: hoy

Las parejas de hace 40 años hablaban mucho porque era barato

J. R. Alonso de la Torre
J. R. ALONSO DE LA TORRE

Hace diez días fui al teatro a Badajoz y, mientras comenzaba la función, estuve dando un paseo con mi mujer por los lugares por donde paseábamos y vivíamos hace 40 años, cuando nos hicimos novios.

Eso de hacerse novios era algo abstracto que nunca sabías cuándo sucedía, quiero decir que en ningún momento nos dijimos que a partir de ese instante ya éramos novios. Era la gente quien te adjudicaba tal categoría y tú la admitías de buen grado, más que nada por naturalidad: eso de llamarnos mi compañero, mi pareja, mi chico, pues como que no, así que novios y así todos nos entendíamos.

De hecho, es ahora cuando la gente te dice que ha visto a tu chica o que te está esperando tu chico. Pero no hay que alarmarse porque ya les he contado hace unos días que ahora todos somos chicos en el bar, en el mostrador del registro y en la consulta del médico. ¿Hola, chicos, que deseáis?, te sueltan en cuanto te descuidas... Y si no te descuidas, también.

Pero dejémonos de monsergas. En 1977, mi mujer y yo éramos novios y pasábamos mucho frío. ¿Se acuerdan del frío que pasábamos los novios de antes? Para empezar, no teníamos dinero y para seguir, tampoco teníamos pisos donde refugiarnos. Así que quedábamos, cuanto antes mejor para estar mucho rato juntos, y había que planificar muy bien la tarde para sacarle partido a cuatro duros y no arrecirse. Paseábamos hasta que se iba el sol y luego, un café con leche de dos horas y, si había descuento o había dinero, otras dos horas en el cine. Pero aun así, pasábamos mucho frío.

Mientras empezaba la obra de teatro en el López de Ayala, mi mujer y un servidor, como dos novios del 2017, nos fuimos a la calle López Prudencio, donde ella pasó el curso 1977-78 en la pensión La Roca. Yo venía a verla desde Salamanca y dormía medio congelado en el salón de la pensión. Evidentemente, no había calefacción y los braseros eléctricos estaban prohibidos para que no se disparara la factura de la luz. La Roca era una pensión muy barojiana donde el señor Benigno, marido de la patrona, nos contaba unas historias de la Guerra Civil que me emocionaban mucho. Después, nos íbamos a la habitación de mi mujer y de sus dos compañeras y sacábamos un braserillo de contrabando que algo calentaba.

¡Lo que costaba ser novios hace 40 años! Yo la llamaba por teléfono desde Salamanca los domingos por la tarde haciendo una cola de media hora en la central telefónica y gastándome media paga del mes para hablar 15 minutos. No quería cortar, pero cada minuto que pasaba equivalía a un día más comiendo espaguetis con tomate e hígado de cerdo.

Recuerdo que una vez compramos hígado, pero nos lo dieron de cordero, no lo podíamos pagar por ser más caro y nos lo regaló la carnicera emocionada. Al año siguiente, cuando mi novia vivía en Juan Pereda Pila, en la esquina con María Auxiliadora, íbamos a la tienda de enfrente a comprar los huevos de dos en dos ante la extrañeza de la tendera. Y un final de mes, el portero del piso le tuvo que dejar mil pesetas para que no le cortaran el agua, la luz y casi la respiración.

Pasábamos frío y solo íbamos de cañas el día uno de cada mes, pero eso sí, hablábamos mucho. Como hablar era gratis, si íbamos al cine, comentábamos la película durante hora y media; si leíamos el HOY (sí, siendo novios en Badajoz, descubrimos el HOY) lo analizábamos noticia a noticia; si íbamos a un mitin, dedicábamos la noche entera a debatir sobre política. Hablar era gratis y nos aprovechábamos de ello.

Ahora toca acabar este artículo con alguna moraleja de abuelo Cebolleta sobre eso de que ahora los novios no hablan salvo por Whatsapp y por el móvil, toman sus cervecitas, tienen su dinerito, su Ryanair, su ordenador con series y sus 'tupper' con comida. Pues sí, quizás sea verdad todo eso. Pero para mí, la gran diferencia entre 1977 y 2017 es que los novios de ahora no pasan frío.

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