Negocios que nacen gracias a ahorradores solidarios

Juan Francisco González, en su academia de inglés; Félix Chirinos entregando uana prenda a una clienta en su tintorería y Bárbara Sanz en su tienda junto a Laly Serrano. /BRÍGIDO
Juan Francisco González, en su academia de inglés; Félix Chirinos entregando uana prenda a una clienta en su tintorería y Bárbara Sanz en su tienda junto a Laly Serrano. / BRÍGIDO

A ellos las entidades bancarias le cerraron la puerta y buscaron ayuda en asociaciones de banca ética para cumplir su sueñoAntes de montar su tienda, Bárbara limpiaba casas; Félix emigró desde Venezuela y ahora dirige una tintorería, y Juan Francisco montó una academia tras vivir en Grecia, Reino Unido y Rumanía

Álvaro Rubio
ÁLVARO RUBIOBadajoz

Bárbara Sáez tiene 32 años, estudió un grado medio de auxiliar de enfermería y vive en Mérida. Sin embargo, desde 2008 no ejerce de lo que ha estudiado. Durante casi una década se dedicó a limpiar casas, trabajo que le ha servido de sustento a ella y a su familia. Su marido actualmente está en paro y tienen dos hijos a los que sacar adelante. Pero la complicada situación económica no está pudiendo con ellos. Tanto es así que ella no ha renunciado a su sueño. «Sabía que no quería estar limpiando casas el resto de mi vida y lo intenté», confiesa esta joven que el pasado 1 de abril hizo realidad lo que tantas veces había imaginado. Ese día se convirtió en empresaria y abrió las puertas de su tienda de ropa y complementos en Mérida.

El baúl de Carla, como se llama su negocio, ha sido posible, en parte, gracias a Fides Banca Ética, una asociación de finanzas alternativas autogestionada y sin ánimo de lucro que trabaja en Extremadura. Lo lleva haciendo desde 2014 con el objetivo de «contribuir a crear una sociedad más humana y más comprometida con la equidad, el bienestar de todos sus miembros y el desarrollo sostenible», tal y como explica su presidenta Laly Serrano. Ella, que se dedica profesionalmente a la consultoría y auditoría interna, recuerda perfectamente el día que se reunió con Bárbara.

«Conocí esta asociación porque tenía en mente montar mi propio negocio y, tras hablar con mi hermana, me comentó que fuera al Punto de Acompañamiento Empresarial. Fue ahí donde me hablaron de las asociaciones de banca ética», explica Sáez tras reconocer que, con sus características económicas, esa era una de las pocas alternativas que le quedaban. «Sin ingresos y sin aval, en ningún banco me iban a dar un préstamo por muy pequeño que fuera», añade.

Sin embargo, todavía había una oportunidad para ella. Fides le concedió 3.000 euros y durante varios meses les estuvo devolviendo 50 euros cada 30 días. En el momento en el que recibió en su cuenta la subvención para autónomos, les ingresó lo restante.

El de Bárbara es solo un ejemplo de los negocios que han visto la luz en Extremadura gracias a ahorradores solidarios que forman parte de asociaciones de banca ética, una red de entidades colaborativas formada por tres agrupaciones sin ánimo de lucro. «El objetivo principal es dar ayudas reintegrables a personas que no tienen acceso a los servicios financieros usuales», afirma Ana Mendiola, funcionaria de la Junta y presidenta de Banca Ética Badajoz, la asociación más veterana de las existentes en la región.

Se fundó en el año 2002 y está formada por un centenar de socios. Actualmente cuenta con un fondo que ronda los 80.000 euros gracias a los ingresos realizados por cada integrante. Como máximo, ellos pueden aportar el 20% del total ahorrado. De este modo, ninguno se hace con el control económico de una agrupación que anualmente suele entregar más de diez ayudas que rondan los 4.000 euros.

«Hay un gran número de ellas relacionado con personas migrantes», apunta Mendiola antes de hacer referencia a uno de esos muchos ejemplos.

Es el caso de Félix Antonio Chirinos, que actualmente tiene 20 años. Él nació en Venezuela y emigró a España junto a su familia para que su padre fuera operado de un problema de espalda. Desde los 17 trabajó en la hostelería en Badajoz y el pasado mes de junio montó una tintorería en la capital pacense gracias a la ayuda que recibió de Banca Ética. «No intentamos pedir un préstamo en un banco tradicional porque sabíamos que no nos lo iban a conceder, así que recurrimos a esta asociación», comenta Félix, quien se muestra muy contento ante «lo bien que está yendo el negocio».

Eso no sería posible sin Francisca Moreno, una pacense que se convirtió en su «avalista moral», un concepto muy utilizado en este tipo de asociaciones. «Conocí a esta familia cuando llegaron a Badajoz y sabía que iba a hacer todo lo posible por devolver la ayuda. En el tiempo que llevan en la ciudad han demostrado que son muy honrados y trabajadores», confiesa Francisca, quien tuvo que aportar el 20% de la ayuda que le concedieron a Félix.

La confianza

«Cuando valoramos si entregar una dinero, no nos centramos en números. Lo que miramos es que sobre todo sea una persona de confianza. Suelen llegar a nosotros por conocimiento personal directo o indirecto. Se trata de un aval que no es jurídico, no se ejecuta ningún documento contra esa persona si no responde. Se hace todo como antiguamente. Si no cumple, se pierde confianza», explica Laly, que destaca que, en el tiempo que lleva en funcionamiento Fides, el porcentaje de morosidad es del 0,39%.

En el caso de esa agrupación, formada por 60 socios, lo mínimo que puede aportar cada uno son 50 euros y lo máximo 1.000. Con un fondo de 30.000 euros, en tres años han concedido más de 25 ayudas destinadas a proyectos de autoempleo, formación y atención a necesidades urgentes. Todo a través de ayudas reintegrables sin intereses.

«Hemos contribuido a montar quioscos, pequeñas tiendas, academias de formación y comedores ecológicos, entre otros proyectos. Siempre respetando valores sociales y culturales. Por ejemplo, nos pidieron una ayuda para montar una sala de apuestas y obviamente ni nos lo planteamos», comenta Serrano antes de referirse a ABA Mérida, la otra asociación de banca ética que trabaja en Extremadura.

Con sede en la capital autonómica, cuenta con 65 socios y 35.000 euros de fondos. Desde que se fundó, en junio de 2010, ha entregado más de 25 ayudas para atender las necesidades básicas urgentes de aquellas personas que así lo han solicitado. Entre ellas, medicinas, pruebas médicas, desplazamientos, suministros como luz y agua, cuotas de alquiler, derramas de comunidad de vecinos, reparaciones en el hogar, adquisición de libros y pagos de matrículas universitarias. También han puesto su granito de arena para que emprendedores puedan poner en marcha sus ideas.

Una de ellas fue la de Juan Francisco González, un emeritense de 48 años que dirige una academia de inglés desde 2014. «Solicité ayudas a bancos tradicionales y todos me pedían números, pero yo estaba empezando y no tenía nada que mostrar. Luego, conocí ABA Mérida a través de su presidente, Javier Segura. Me entrevisté con ellos y, tras una valoración humana y no puramente numérica, me concedieron 1.500 euros. Los necesitaba mucho para tirar hacia delante», comenta Juan Francisco, que antes de montar su empresa estaba en el paro. Hacía poco que este topógrafo había vuelto a España tras trabajar en Grecia, Reino Unido y Rumanía. Hoy vive en su tierra y asegura, muy orgulloso, que «el sueño de crear su propio negocio nació gracias a la ayuda de ahorradores solidarios».

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