Cristina Oliva, una nariz roja para ser feliz

Cristina convertida en Brocolina en su escuela de artes escénicas Espacio La Rota, en Badajoz./J. V. ARNELAS
Cristina convertida en Brocolina en su escuela de artes escénicas Espacio La Rota, en Badajoz. / J. V. ARNELAS
EXTREMADURA EN FEMENINO

La artista circense era trabajadora social con contrato indefinido, pero lo dejó todo para dedicarse a lo que le apasiona

J. LÓPEZ-LAGO

Clown, payasa, acróbata del hula hop, malabarista, artista circense, monitora, animadora. Todo esto vale para explicar a qué se dedica Cristina Oliva Pulido (Badajoz, 1984), quien en realidad era trabajadora social con un contrato indefinido. Hasta que un día lo dejó todo para dedicarse al espectáculo y a la formación de pequeños y adultos en artes circenses.

«Trabajaba en una asociación de personas con discapacidad intelectual como coordinadora social y de atención a las familias. Desde que acabé la carrera lo compaginaba con clases de trapecio y con algunos bolos los fines de semana». Cursos de todo tipo en distintos puntos de España fueron forjando técnicamente un carácter que ya se veía venir desde pequeña. Ella misma reconoce que era la típica niña que le gustaba bailar y cantar delante del público, aunque éste se redujera a su familia.

Biográficos
Nació en Badajoz en 1984 y es hija única. Tiene una hija, Lila, que en agostó cumplirá un año. Estudió en el colegio Santa Teresa y luego en el instituto Maestro Domingo Cáceres, en Badajoz. Posteriormente cursó Trabajo Social en el centro adscrito de la UEx Santa Ana, en Almendralejo.
Profesionales
Ha realizado numerosos cursos y desde 2015 dirige Espacio La Rota, una escuela de artes escénicas en la barriada de Valdepasillas en Badajoz. Allí imparte clases de disciplinas circenses a niños y adultos. Su nombre artístico es Brocolina y forma pareja con Vacasflakas (José Ángel Vacas), además de participar ocasionalmente en montajes de otras compañías de teatro y ejercer de animadores culturales.

Se hizo mayor, estudió, trabajó y tomó una decisión. «Al final me tiró más el corazón cuando me planteé si quería pasar el resto de mi vida sentada en una oficina, así que en 2014 me lancé hasta que un año después conseguí crear mi propia empresa».

Era trabajadora social con contrato indefinido, pero lo dejó todo para dedicarse a lo que le apasiona

Se trata de Espacio La Rota, una iniciativa que surgió en 2010 en Badajoz como asociación con un colectivo de artistas escénicos al frente cuando no existía nada parecido. Años después este lugar cambió de ubicación y se transformó para dar lugar a una empresa en la que esta pacense está al frente como autónoma. Al margen de sus trabajos como profesional, Cristina tiene a veinte niños de entre 4 y 12 años a los que da clase de manera regular durante todo el año, una afluencia que en verano se multiplica en unos campamentos urbanos muy originales. Lo mismo les enseña a usar el trapecio o el hula hop que a expresarse como un clown.

Lógicamente, a estas alturas del año toca espectáculo de fin de curso y todos sus pupilos llevan semanas emocionados con la función que les toca representar. Una de las habilidades de Cristina es hacer que todos se sientan importantes, al margen del talento de cada uno.

Introducir disciplinas circenses es otra de sus motivaciones. También tiene otro grupo, en este caso de adultos, que aprenden en sus instalaciones acrobacias aéreas, un curso que también llena cada año y del que afirma cada vez hay más demanda.

Para Cristina, que en cuanto se maquilla y se planta su nariz roja es Brocolina, no todo son ventajas en su nueva vida. Es consciente de que el trabajo de artista es inestable. «Es un mundo duro que no facilita, por ejemplo, hacer planes para formar una familia teniendo en cuenta que nunca sabes cuándo llega una buena racha o un parón, por eso decidí crear la escuela. Sin embargo, no lo cambiaría por nada del mundo. Las sensaciones que vivo cuando me convierto en Brocolina son especiales. Trabajar con niños es lo mejor», dice transmitiendo un entusiasmo evidente por su profesión, en la que asegura que el público infantil es el más exigente. «Es que a ellos si no les gusta lo que ven se levantan y se van y eso te obliga a que el ritmo no decaiga, a ser creativa. El payaso no tiene cuarta pared, la traspasa continuamente y se alimenta del público», explica.

«Hay pocas payasas»

Hay que decir que Brocolina tiene como pareja artística a Vacasflakas (José Ángel Vacas), que además es su pareja en la vida real. También es clown y acróbata y ahora estudia dirección teatral en Cáceres. Cada vez que llega a la escuela que dirige su novia revoluciona el ambiente.

Según cuenta Cristina, «hoy día la mujer está más metida en el mundo artístico, donde yo noto que hay un ambiente igualitario, o al menos nunca noté machismo en mi trabajo. Es verdad que la mujer siempre ha estado presente en el circo porque solían ser espectáculos familiares, pero la realidad es que si analizamos la figura del clown apenas se conocen mujeres payasas, quizás porque era el reflejo de una época, de una sociedad en la que el varón tenía más oportunidades y la mujer solía quedarse en casa».

Cristina ha sido madre y su hija Lila cumplirá un año este verano. «Nos hemos adaptado a la nueva situación y gracias a los abuelos, que echan una mano enorme, podemos atender el trabajo con normalidad. Además, tenemos suerte de que la niña puede estar con nosotros en muchas ocasiones durante el trabajo y cuando vaya cumpliendo años será más fácil aún. Ser madre no era algo que tuviera planeado en estos momentos, pero está siendo una experiencia que estamos viviendo con gran felicidad».

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