Muere la condesa de Romanones, una enamorada de Extremadura

Aline Griffith, condesa viuda de Romanones, en su finca 'Pascualete'.: LORENZO CORDERO/
Aline Griffith, condesa viuda de Romanones, en su finca 'Pascualete'.: LORENZO CORDERO

La escritora y espía Aline Griffith dedicó los últimos años de su vida a producir quesos en su finca cacereña Pascualete

REDACCIÓN HOY.ES

La condesa viuda de Romanones falleció ayer a los 94 años de edad. Aline Griffith (Nueva York, 1923) ha estado vinculada a Extremadura a través de su finca Pascualete. La norteamericana sentía un gran amor por la región. La finca situada en Santa Marta de Magasca era la niña de sus ojos. La condesa que se sentía tan cómoda entre espías como entre famosos y nobles inició en 2010 su aventura como quesera. En este tiempo ha producido distintas variedades de queso artesano según la tradición extremeña, logrando algunos galardones a nivel internacional. El mes pasado la 'Retorta' de Pascualete se llevó la medalla al mejor queso de España y sexto del mundo.

Considerada una las personas más destacadas de la 'jet set' internacional, Aline Griffith se dedicaba además a escribir. Su primera obra fue precisamente 'Historia de Pascualete', un libro que recoge las vivencias de los condes de Romanones en la finca cacereña. En ella la condesa narra el «descubrimiento» de esta hacienda próxima a Trujillo cuya historia se remonta al siglo XIII. Por ella han pasado grandes personalidades como Rainiero de Mónaco con su esposa Grace Kelly, Ava Gadner y algún jeque árabe. En la casa-palacio pudieron disfrutar del mobiliario del siglo XVII adquirido en anticuarios de Toledo y Córdoba, y admirar los trofeos de caza y las copas de golf del que fuera su marido Luis de Figueroa y Pérez de Guzmán el Bueno.

Hasta su casamiento, Aline Griffith trabajó como modelo de alta costura, alcanzando notable popularidad en las más importantes pasarelas de Estados Unidos y Europa. Como consecuencia de este trabajo y «por patriotismo», según ella, se introdujo en el mundo del espionaje. Fue 'fichada' como agente secreto por la Oficina de Servicios Estrategicos (OSS), agencia precursora de la CIA, donde recibió el nombre de «Tigre» y fue registrada con el número 527.

El 31 de diciembre de 1943 llegó a Madrid con la misión de descubrir al agente de Heinrich Himmler en España y asegurar el éxito de la segunda invasión aliada en Europa, que se produciría por el sur de Francia.

Durante su estancia como agente norteamericana en España, entabló amistad con miembros de la alta sociedad y, en 1947, contrajo matrimonio con Luis Figueroa y Pérez de Guzmán, Grande de España, conde de Quintanilla y futuro conde de Romanones.

La condesa de Romanones durante una conferencia de Aula HOY en Badajoz:: HOY
La condesa de Romanones durante una conferencia de Aula HOY en Badajoz:: HOY

Doble nacionalidad

Por su matrimonio con un español, obtuvo entonces la nacionalidad española y mantuvo también la norteamericana.

La condesa no se hizo famosa como novelista hasta la publicación en mayo de 1987 de su libro 'La espía vestía de rojo', relato de memorias en el que narra sus primeras peripecias como espía a partir de la Nochevieja de 1943, en el hotel Palace de Madrid.

En 1989 apareció 'La espía fue a bailar', el segundo título de que refleja su vida como agente secreto. En esta novela están muy presentes España, Sevilla, especialmente, y París, lugares en los que trabajó en la década de los sesenta para la CIA.

Según afirma en esta obra, a París fue con una misión de descubrir a un alto funcionario de la OTAN que entregaba secretos de esta organización a la Unión Soviética. En este trabajo la condesa de Romanes contó con la ayuda excepcional de los duques de Windsor, con quienes mantenía una estrecha amistad.

Aficionada a los caballos, pasó sus últimos años entre Extremadura, Madrid y Nueva York, como una mujer viuda con tres hijos y varios nietos.

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