Miss Cacaolat

Elección de Miss Comarca de Mérida en 1996. :: hoy/
Elección de Miss Comarca de Mérida en 1996. :: hoy

Es grave creer a los 50 en una república donde se es feliz por decreto

J. R. Alonso de la Torre
J. R. ALONSO DE LA TORRE

Mi amiga Mariña es gallega y feminista, pero tiene un pasado oscuro: de joven fue Miss Cacaolat y aunque ella lo oculta y no lo cuenta jamás, en cuanto se da la vuelta y se marcha, sus amigas y sus enemigas lo comentan en voz baja: «Pero qué se habrá creído esta, tan feminista ahora y en tiempos fue miss».

Haber sido miss hoy para una mujer comprometida con su tiempo y con su causa es como para un servidor, que también pretendo estar comprometido con lo que sea, haber sido de la OJE. ¿Pero qué ibas a ser en aquel tiempo? Pues miss o flecha.

Todos tenemos nuestro pasado oscuro, pero en realidad lo que tenemos es normalidad. Es decir, en cada momento éramos lo que había que ser. Hoy, ser miss o reina de las fiestas es lo peor: machista, casposo, antiguo, paleto, ridículo... Pero antes era lo máximo. En Cáceres, hay señoras de las que todavía se comenta cuando pasan: «Mira, esa de ahí delante fue Miss Cáceres». Y el título parece haber imprimido carácter porque 50 años después de haber alcanzado tal título, la señora en cuestión es tratada con una especial deferencia en los bares y en las tiendas. «Es que fue Miss Cáceres», justifican el buen trato los camareros y los comerciantes.

Una vez escribí sobre la elección de la reina de las fiestas de la ciudad donde vivía criticando el ridículo tufillo machista y vulgar que entrañaba la elección, la coronación y el reinado. No sabía que la reina era hija de un compañero de trabajo. El colega dejó de hablarme y hasta ahora.

Pero quien peor lo lleva es Mariña. La eligieron Miss Cacaolat en la discoteca Chanteclair de Pontecesures, en unos concursos que organizaba un señor de Lugo llamado Pepe Garalva allí donde hubiera una discoteca (cuando se retiró, había organizado 2.400). Lo recuerdo porque yo estaba allí. Fue la noche en que entrevisté a Manolo Escobar mientras se comía un bocadillo de mortadela. Garalva recorría Galicia organizando concursos de guapas y de uno de esas elecciones salió la famosa Silvia Jato. El acto tenía una serie de patrocinadores que ponían dinero y cobraban haciendo publicidad de su producto en la figura de una joven. Así, estaban Miss Tractores Boimorto, Miss Aguardiente San Fidel, Miss Huevos Frescos Granjas Rodeira y el título de los títulos: Miss Cacaolat que, además de aparecer en las teles locales, animaba durante esa temporada diversos eventos rurales en macrodiscotecas de cruces de carreteras y recibía un lote de batidos de chocolate la mar de práctico.

Mariña esconde aquel título chocolateado conseguido con 17 años como yo oculté en los 80 que había sido de la OJE en los 60. Hasta que asumí que en aquel tiempo y en Cáceres, lo normal era ser de la OJE, de la Cruzada de la Bondad, de las Congregaciones Marianas y de la Milicia de Santa María. ¿De qué ibas a ser si no?

Mariña, a finales de los 80, se convirtió en la chica más pretendida de la ría de Arousa. Ella no se fiaba de los hombres porque decía que no la pretendían por ser como era, sino por el título. Y algo de eso había porque sus amigas no la presentaban como Mariña, sino como: «Y esta es Miss Cacaolat», lo que provocaba el embobamiento inmediato de los hombres. No se sentía una mujer florero, sino algo mucho peor: una mujer batido. Y no quiere ni recordarlo ni reconocer ese baldón en su biografía femenina y feminista.

Cuando uno es joven no es que haga tonterías, es que hace lo que puede. Fundamentalmente se hace mucho el ridículo, pero a esa edad todo se perdona: enamorarte como un estúpido, hacerte flecha, ser miss, vestir a la moda y creer en una república perfecta donde la felicidad se alcanza por decreto. Todo es posible y respetable antes de los 20 años. Lo grave es tener 50 y seguir cantando el 'Cara al sol', vistiendo a la moda, enamorándose como un estúpido y creyendo en una república nacionalista y maravillosa donde la dicha será universal y todos seremos tan admirados y amados como Miss Cacaolat.

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